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Actualidad

miércoles, 12 de octubre del 2016

UN POCO DE HISTORIA DEL CORAZÓN DE UN AMIGO.

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SALUDO AL CARDENAL AGUIAR RETES.

 

Escrito por el Padre Manuel Olimón Nolasco

Tepic, Nayarit, 11 de octubre de 2016.

 

Una calurosa mañana de agosto de 1974, el entonces obispo de Tepic, don Adolfo Suárez Rivera, nos convocó a Carlos Aguiar y a quien escribe estas líneas, ordenados presbíteros el año anterior, a una reunión en el poblado de Xalisco, Nayarit, a la que asistió más o menos una veintena de sacerdotes. Anunció ahí que en unas semanas más saldríamos para Roma a estudiar: que ingresaríamos al Pontificio Instituto Bíblico y a la Universidad Gregoriana respectivamente, para cursar las licenciaturas en Sagrada Escritura y en Historia eclesiástica y residiríamos en el Colegio Pío Latinoamericano.

Don Adolfo, teniendo claro que hacía casi cincuenta años que la diócesis no había enviado estudiantes a Roma, dijo: "--Ellos no van por privilegio personal, sino para servir a la Iglesia a su regreso". Puedo hoy decir: si algo nos ha acompañado como lámpara, y no pocas veces como alivio reflexivo, han sido esas palabras, que en algún momento se entrelazaron con otras del testamento del beato Paulo VI, a quien admiramos intensamente y cerca de quien estuvimos infinidad de ocasiones sobre todo en el jubileo Año Santo de 1975: "sólo el amor a la Iglesia me hizo salir de mi selvático egoísmo".

Carlos comenzó a palpar la forma de ser latinoamericana en el Colegio: bromeando con los argentinos a propósito de la cajeta ("--¡Ché! No sólo lo decís, también lo escribís"), conviviendo con los paraguayos que eran los únicos que podían hablar en un idioma incomprensible, el guaraní; tratando de no reírse del lenguaje un tanto aristocrático de algunos colombianos, persuadiéndose de que México seguía siendo América Latina. Esa experiencia primordial lo guió sin duda para deslizar con suavidad su ministerio hacia el servicio a Latinoamérica en el CELAM, obra benemérita de colegialidad episcopal intuida y echada a andar por Su Santidad Pío XII. Con tino el diario católico francés La Croix lo señaló como "el intérprete de Aparecida", ilustrando el título de esta manera: "se mira al espejo y ejecuta como melodía el documento de Aparecida, elaborado en 2007 por el cardenal Bergoglio, como participante de la visión de una Iglesia abierta y misionera".

La formación bíblica, ese río subterráneo que ha fecundado silenciosamente la vida de la Iglesia, le ha dado una sensibilidad peculiar, manifestada sobre todo en la serenidad de ánimo y en una sutil pero real intuición profética, es decir, capaz de notar el rumor de las huellas de Dios en el paso del tiempo. Estas características, con lo que llevan de interiorización, de silencio y de búsqueda del término exacto para traducir un pasaje de la Biblia o para encontrarle sentido en el siglo XXI, hacen que a algunos pueda parecerles distante. La realidad es otra: en Tlalnepantla, por ejemplo, sus visitas tocando puertas en las casas o dialogando en el mercado popular, han dejado la imagen del pastor cercano.

No tengo duda de que el Papa Francisco ha visto esas aportaciones como rica veta para ampliar aún más el espacio de su aportación, pues al integrarlo al Senado de la sede romana, podrá tener al mundo entero en la mira.

No tengo duda tampoco de que su persona y afanes apostólicos contribuirán a la sinfonía que ejecutarán, con instrumentos diversos y sonidos distintos para constituir una melodía armónica, quienes se han de integrar al Colegio cardenalicio (cardenal viene de cardo, "eje, quicio, gozne" y era originalmente adjetivo y no sustantivo).

Miro y admiro la lista de los que serán instituidos el 19 de noviembre. Entre ellos, Mario Zenari, nuncio apostólico en Siria, "nación amada y martirizada". Baltazar Porras Cardoso, de Mérida, Venezuela, crítico de la dictadura de Hugo Chávez pero protector de su persona cuando el golpe de Estado de 2002. Josef De Kesel, rostro nuevo de la Iglesia belga, intelectual de primera línea en un país de tradición católica asediado por el relativismo moral; Blas Kupich, arzobispo de Chicago, descrito como el portador "de la sencillez de Francisco en Estados Unidos", Kevin Farrel, curial de perfil definidamente pastoral, que dejó a los Legionarios de Cristo por "divergencia de opiniones" y alguien con características casi martiriales, signo vivo de los sufrimientos de la Iglesia para ser fiel y libre: el presbítero albanés Ernest Simoni, sobreviviente de encarcelamientos, trabajos forzados y condena a muerte conmutada, durante la sanguinaria persecución del gobierno comunista de Enver Hoxha, decidido a implantar el "primer régimen ateo del mundo". A partir de la caída del mismo en 1990 y ante la ola de venganzas que se vinieron encima fue pródigo a favor de la reconciliación.

El cardenal Aguiar Retes tiene su origen en Tepic, lugar solariego de su familia, de su primera formación, de su incardinación como sacerdote, ministerios noveles y maduración pastoral. El aprecio aquí es grande, aunque la cortedad de miras de los directivos de la Universidad de Nayarit detuvo un merecido doctorado "honoris causa" que se había propuesto para él hace dos años. Ahora será extemporáneo algún movimiento parecido. Nunca será extemporánea, sin embargo, en ningún lugar, la manifestación de la amistad sincera y la oración confiada. A eso invito.