LITURGIA DE LA PALABRA

 

Liturgia de la Palabra

Está integrada por: lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento; salmo responsorial; aclamación; proclamación del Evangelio; homilía; profesión de fe y oración universal.

La finalidad de la liturgia de la Palabra es la instrucción del pueblo por la revelación del misterio de salvación al escuchar la Palabra de Dios; Nos hace crecer en la conciencia de un Dios vivo y presente que sigue hablando a su pueblo. Como antiguamente la liturgia de la Palabra Junto con la liturgia eucarística es el centro de la celebración.

El sentido que tienen es la acogida y meditación que la asamblea hace de la Palabra, a la cual, responde con cantos y oraciones. Se establece pues, un diálogo entre Dios que se manifiesta por su Palabra y el pueblo que escucha y acepta su manifestación.

Escuchamos la Palabra de Dios, profesamos la fe, presentamos nuestras suplicas a Dios. Cada una de estas acciones, que tienen lugar en la celebración, deben mostrar su verdad o autentificarse, después de la celebración, en la vida ordinaria. Escuchamos la Palabra para que nos ilumine y nos guie, para llevarla a la práctica, hacerla fructificar en nuestra vida; para llevarla a la práctica y cumplirla. Decimos el credo como respuesta a la Palabra proclamada, es la aceptación del compromiso y alianza bautismal. Al pedir a Dios nos solidarizamos con el prójimo, intercedemos por él.

Nos dice la Instrucción General del Misal Romano:

55. La parte principal de la Liturgia de la Palabra la constituyen las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, junto con los cánticos que se intercalan entre ellas; y la homilía, la profesión de fe y la oración universal u oración de los fieles, la desarrollan y la concluyen. Pues en las lecturas, que la homilía explica, Dios habla a su pueblo, le desvela los misterios de la redención y de la salvación, y le ofrece alimento espiritual; en fin, Cristo mismo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles. El pueblo hace suya esta palabra divina por el silencio y por los cantos; se adhiere a ella por la profesión de fe; y nutrido por ella, expresa sus súplicas con la oración universal por las necesidades de toda la Iglesia y por la salvación de todo el mundo.

Silencio

56. La Liturgia de la Palabra se debe celebrar de tal manera que favorezca la meditación; por eso hay que evitar en todo caso cualquier forma de apresuramiento que impida el recogimiento. Además, conviene que durante la misma haya breves momentos de silencio, acomodados a la asamblea reunida, gracias a los cuales, con la ayuda del Espíritu Santo, se saboree la Palabra de Dios en los corazones y, por la oración, se prepare la respuesta. Dichos momentos de silencio pueden observarse oportunamente, por ejemplo, antes de que se inicie la misma Liturgia de la Palabra, después de la primera lectura, de la segunda y, finalmente, una vez terminada la homilía.

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Pbro. Juan Manuel Venegas Medina

Dimensión de Música Sagrada