CARTA A UN MEXICANO QUE NO ACUDIÓ A LAS URNAS A MANIFESTAR SU OPINIÓN

 

Carta a un mexicano que no acudió a las urnas a manifestar su opinión

con motivo de la Consulta popular convocada el 1 de Agosto del 2021

El domingo pasado se vivió por primera vez en México un llamado a los ciudadanos a manifestar su opinión en una consulta popular de alcance nacional sobre un tema que después de haber sido discutido por instancias gubernamentales, legislativas y judiciales, fue considerado de trascendencia para la vida democrática del país y mandato a la autoridad electoral a realizarla.

Los resultados de la consulta reflejan que para unos ciudadanos este ejercicio resultó irrelevante y no acudieron a las mesas, otros no le vieron la utilidad pública y algunos lo utilizaron como mensaje político ante los innumerables casos de corrupción de políticos que han quedado impunes.

Más allá de si la pregunta era la adecuada o si el resultado tendrá efectos legales, es interesante mencionar que en sí misma, la consulta es un ejercicio de democracia directa de alcance nacional, y resalta que fue organizada por el Instituto Nacional Electoral conforme a lo establecido en el artículo 35 de nuestra constitución política, que garantiza el derecho a opinar de los ciudadanos mexicanos. 

Uno de los cuestionamientos en torno a este instrumento es si valió la pena invertir  más de 500 millones de pesos para hacer viable el ejercicio, cuando estamos enfrentando problemas serios como una crisis sanitaria grave o el deterioro económico que ha lastimado a las familias mexicanas.

¿Puedes dimensionar lo que implica que se hayan instalado por todo el país 57,000 mesas receptoras de opinión?  más de 285,000 personas (ciudadanos) decidieron participar de manera voluntaria como funcionarios de mesa aceptando la invitación del INE.  ¿Sabías que se imprimieron 93.6 millones de papeletas que representan a las personas que aparecen en la lista nominal con posibilidades de participar en la consulta? ¿Y que hubo 40,000 observadores electorales acreditados?

Si bien la libre manifestación de las ideas es una garantía contenida en nuestro marco legal, el ejercitarlo es parte de nuestro quehacer como personas que nos involucramos en los temas públicos. Valores como la libertad, la participación, la verdad y la justicia en democracia, son los ingredientes sobre los cuales quisiera centrar nuestra reflexión en esta carta. 

Si fuiste de aquellos ciudadanos que por alguna razón no participaron en la consulta popular, tus razones habrás tenido; sin embargo, es tiempo de plantearnos el hecho de que ahora existe en México un precedente relevante que puede favorecer la consolidación de nuestra democracia, fortalecer la capacidad para organizarnos en torno a un tema o problema común y tener la posibilidad de expresarnos.

Este tipo de instrumentos que promueven la participación abierta de los ciudadanos, donde se garantiza la libertad de expresión a través del voto libre y secreto, nos puede animar a plantear otros temas que deben ser considerados igualmente de trascendencia nacional y que justifiquen de mejor manera la inversión de recursos públicos para llevarla a cabo. El riesgo que corremos es que la figura jurídica de la consulta popular se desgaste por planteamientos ideológicos o parciales; será tarea de todos involucrarnos para que esto no suceda, en donde el derecho a la información y la transparencia sean una constante.

La consolidación de nuestra democracia pasa por el interés que pongamos en formar nuestras opiniones en torno a los asuntos públicos con información cierta y verdadera; en tener la capacidad de difundir las ideas por todos los medios posibles para que las personas opten por las formas de convivencia que consideren más justas, y que tengamos la posibilidad de juzgar los hechos de manera objetiva y actuar en consecuencia en cada circunstancia de la vida social. 

El compendio de la doctrina social de la iglesia, en el capítulo cuarto habla precisamente sobre los principios de la doctrina, y su vínculo con los valores fundamentales de la vida social a los que he me referido anteriormente: la verdad, la libertad, la justicia, cerrando el capítulo con un apartado específico sobre la caridad, cuya lectura recomiendo ampliamente (Capítulo cuarto, apartado VII y VIII, números 197-208).

Para concluir te comparto un extracto: “Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de la verdad, que no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla. Es una cuestión que afecta particularmente al mundo de la comunicación pública y al de la economía. En ellos, el uso sin escrúpulos del dinero plantea interrogantes cada vez más urgentes, que remiten necesariamente a una exigencia de transparencia y de honestidad en la actuación personal y social”.

Eduquemos en la libertad, la solidaridad y en tantos aspectos que refieren a una nueva cultura cívica, donde la calidad ciudadana se mida por el nivel de participación, existencia de información veraz y objetiva, garantía de los derechos fundamentales y sobre todo la armonía social. 

Es tarea nuestra alentar desde nuestros ámbitos de influencia estos principios y valores. Espero haber despertado en ti el interés de hacer valer tus derechos desde esta perspectiva, mantengámonos unidos en el amor de Cristo.

Tu hermana,

Fernanda Rivera

Fundadora de Promoción Ciudadana para el Desarrollo Solidario AC (PROCIDS)

Contacto: procids@gmail.com

Facebook: PROCIDS