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Noticias Parroquiales - Cristo Vive

EJERCITEMOS LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD EN FAMILIA

marzo 26, 2020

Nuestro país atraviesa por momentos muy difíciles, donde resulta complicado descubrir la presencia de Jesucristo en medio de nosotros, y como cristianos no podemos rendirnos, al contrario, debemos luchar con las armas que la Iglesia nos ofrece, a pesar de la ausencia de los fieles en las celebraciones eucarísticas, recordando que «la tristeza no es una actitud cristiana», como dijo el Papa Francisco.

Hoy la sociedad que conocíamos ha cambiado por completo, pasó a una sociedad agrupada en pequeñas comunidades dentro de los hogares, según las recomendaciones de las autoridades sanitarias. La disposición ante la eventual emergencia sanitaria, para mitigar el virus COVID-19, es que todos se queden en casa. La Iglesia pasó de la vida en los templos a la vida en el hogar, pero no olvidemos que la Iglesia no es un edificio o una construcción, sino que la Iglesia somos todos nosotros, las personas.

«La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima e ineludible, como es transmitir la fe, que implica la entrega a Jesucristo, muerto y resucitado, y la inserción en la comunidad eclesial» (Benedicto XVI). El reto para los cristianos es construir una verdadera Iglesia doméstica. Es un reto al que se están enfrentando todas las familias y los hogares católicos, que solo con la ayuda del Espíritu Santo podrá ser superado. 

El demonio está constantemente atacando al núcleo de la sociedad, que son las familias. Las nuevas ideologías, los divorcios y el aborto, entre otras cosas, son las armas con las que el demonio quiere destruir aquel modelo pleno de amor donde Jesús quiso nacer y llevar una vida en este mundo. Hoy vemos que esos ataques han tenido un resultado negativo en la integridad de la familia, ataques que solo pueden ser revertidos con la fe, la esperanza y la caridad. La iglesia doméstica en este tiempo debe ser un signo de que Cristo vive en medio de nosotros.

Que la contingencia sea un tiempo para encontrar en la familia, en cada hogar, la gracia de la comunión, el amor y la misericordia; que las familias puedan conocerse, pasar tiempo de calidad, reencontrarse y resurgir para un nuevo amor, el amor de la Sagrada Familia de Nazareth. Es el tiempo propicio de devolverle a la familia el valor y la dignidad que Dios ha prescrito y que, por distintas circunstancias, el mundo le ha arrebatado.