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Noticias Parroquiales - Cristo Vive

EL QUE VIVE EN CRISTO NO VIVE EN EL PASADO.

febrero 23, 2017

El que vive en Cristo no vive en el pasado.

Por: Juan Valdez.

 

En el último versículo del capítulo 9 del Evangelio según Lucas se puede leer: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios». Y con esto, doy preámbulo para iniciar, creo querido lector, que entendemos por donde va el asunto.

“Mirar para atrás” en el sentido específico de nuestra vida, es anhelar lo que se deja, y lo hacemos todos porque todos somos seres humanos, extrañamos la casa, el trabajo, la pareja, los amigos, la zona de confort, etc. Incluso la Psicología habla mucho acerca de aquellas personas que constantemente miran para atrás y de hecho, tiene una frase popular que dice: “si seguimos volteando para atrás nos vamos a caer”. Las personas que voltean constantemente hacia atrás, es decir, que voltean repetidamente a su pasado, se pierden el presente y desdeñan el futuro.

Una frase en un comercial de una conocida marca dice: “El pasado es un buen lugar para visitar, pero no para vivir”, y es cierto, el recuerdo es bonito, pero no es la realidad. Volviendo a la frase de Lucas, es imperante pensar ya en nosotros, de forma personal. Cuántas veces al día “volteamos al pasado”. Cuántos de nuestros días, vivimos en el pasado, y, aunque podemos dar mil explicaciones, lo cierto es que estamos coartando la evolución misma de nuestra persona, al vivir en el pasado o al estar aferrados constantemente a él. Nos convierte en un estanque que no se renueva.

 “No sirve para el Reino de Dios” quien voltea al pasado, no sirve pero no porque no esté hecho para, sino porque en su corazón, en su cabeza, aún siguen resonando las cosas de ayer; no permite que entren nuevos conocimientos, nuevas iniciativas, ¡¡nueva vida!! Y si analizamos la definición de “Reino de Dios” nos daremos cuenta de que ocupar la cabeza y el corazón para los recuerdos, nos impide dar cabida a ese Reino que en definición de Pagola es “Un mundo más humano y justo”, una vida más humana y justa.

La propuesta de esa realidad, la del Reino de Dios, es la que nos hace el mismo Cristo; pero pide en ese versículo que no miremos hacia atrás. Tenemos, sin embargo que aclarar que no nos pide olvidar nuestro pasado, nos pide  que veamos hacia ese horizonte, y muchos de nosotros, vamos con la mano en el arado, mirando hacia atrás, anhelando y extrañando.  Si lo hiciéramos con el afán de la experiencia, sería diferente, porque solo voltearíamos de vez en cuando, pero anhelaríamos con fe y esperanza el “futuro brillante que Cristo tiene para nosotros”.

Daniel Colleman dice que el pasado nos sirve a todos como referencia para poder tomar decisiones en el presente y en el futuro, para eso sirve el pasado, para referenciar, no para determinar. El “arado” es esa máquina de cambio en nuestra vida, el arado va “volteando la tierra” literalmente, para que se renueve, el arado también hace un surco, perfora la tierra y al hacerlo va dejando un nuevo lugar, hay nueva tierra y esa tierra nueva es más rica en nutrientes para que la semilla que caiga ahí germine.

Quien vive en el pasado, no se fija siquiera en la oportunidad que se va presentando en cada surco que el arado hace, solo va lamentándose con la mano sobre la coyunda, viendo cómo se pasa la vida, cómo se pierde la juventud, cómo pasan los años…ese tal no sirve para hacer un mundo nuevo, un mundo más justo, más humano, ese hombre y esa mujer, dice Jesús, no sirve para el Reino de los Cielos.

Si todos volteamos al pasado -porque es un hecho-, algunos viven ahí y otros lo anhelamos. ¿Quién pues será digno del Reino de los Cielos? Y aunque también hay una respuesta bíblica para esa pregunta, quiero, querido lector, me permita proponer: Usted y yo, somos dignos, solo que hay que cambiar algunas cosas.

Una de esas es, sin duda, averiguar por qué nos quedamos en el pasado:  si hay un lastre emocional, si es una zona de confort, si es un afecto sobre la juventud pasada, si es la desesperación por que a nuestra edad ya no hay fuerzas para trabajar- lo que le sucede a muchos ancianos-. Hay que ver qué es lo que nos mantiene atados al pasado, identificarlo, y pedirle a Dios la fuerza para quitarlo de nuestra vida, una vez identificado ese yugo que nos ata al pasado, podremos quitarlo pero si no sabemos qué es, ¿Cómo podremos removerlo?.

Otra de esas cosas que nos pueden ayudar es: VER EL PRESENTE, mirar qué somos hoy, qué tenemos hoy, qué hacemos hoy, con quien convivimos hoy. Darnos cuenta de eso, nos ayudará y nos permitirá tener una convicción fuerte de vivir en el aquí y ahora, y eso nos ayudará y nos dará más fuerza para quitar el yugo del pasado, pero, para poder ver el presente y adquirir esa convicción, será necesario solicitar los dones del Espíritu para ENTENDER lo que hoy vivimos, aceptar lo que hoy somos, aceptar lo que tenemos y con quien estamos, en otras palabras, pedir la fuerza del Espíritu para aceptar que nuestro presente es fruto inequívoco de las decisiones que hemos tomado en nuestro pasado.

Si eso lo deprime, querido lector –yo estuve a punto de deprimirme-, veamos entonces hacia el mañana, pero ojo, ver hacia el mañana con los pies en el presente, con la vida aquí, con el corazón y la mente aquí y ahora, en este instante, quien logra tener esa perspectiva, le llega a su vida un rayito de sabiduría que le hace entender que el presente es la intersección que determina la eternidad, como lo menciona C.S. Lewis en Cartas…, “lo que importa es este segundo”.

El principio del mañana es el surco que el arado va haciendo para la nueva semilla, eso es lo emocionante, con la experiencia que tenemos de otros años, podremos cuidar mejor de esa semilla, porque si tenemos las manos en el arado es porque ¡¡ESTAMOS VIVOS!! y aún tenemos esa oportunidad.  Entonces sí seremos dignos del Reino de Dios, arar esa tierra es el inicio de una nueva temporada, de una nueva siembra.

En este nuevo año que comienza, imaginemos que somos esos sembradores, que tenemos la mano sobre el arado y el Maestro está frente a nosotros, y bajo la consigna de Lucas 9:62 preguntémonos: ¿de qué forma vamos a voltear al pasado? ¿De qué forma vamos a mirar al horizonte? Pero sobre todo, ¿De qué forma vamos a arar la tierra que hoy el Señor nos ha dado?

Saludos.

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