HOMILÍA EN EL I DOMINGO DE ADVIENTO

December 03, 2023


HOMILÍA EN EL I DOMINGO DE ADVIENTO

 

«Les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor».

 

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Los saludo con alegría de pastor, de padre, a ustedes están aquí en nuestra Catedral de Corpus Christi y también saludo a mis hermanos sacerdotes y al diácono, a los seminaristas y a las personas que están siguiendo esta transmisión a través de estos medios digitales, en el territorio de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla y en otros lugares de la República Mexicana y también del extranjero. Como escuchamos en la segunda lectura, de San Pablo a los corintios, a todos les deseo que tengan gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo nuestro Señor.

Hoy iniciamos un nuevo Año Litúrgico, y seguramente ustedes se dan cuenta por los ornamentos, por la Corona de Adviento. Iniciamos cuatro semanas, como saben, de preparación para renovar nuestro amor a Jesucristo nuestro Señor y para que Él nazca en nuestros corazones.

Este domingo la idea central de la Palabra de Dios es: vigilancia, es estar vigilantes, estar en oración en este tiempo donde hay mucho bullicio, donde hay mucho ruido, donde hay más tráfico, y a veces hay el peligro de que no tengamos esos momentos de silencio para estar en intimidad con el Señor.

El tiempo de Adviento, lo saben muy bien ustedes, es un tiempo de preparación, un tiempo de espera. Se nos habla de las dos venidas de Cristo, lo escuchamos en el Prefacio. Esta, la venida histórica hace XXI siglos, la Palabra hecha carne, Dios que envía su Hijo nacido de la Virgen María. Pero también viene la segunda venida, y por eso nos dice: «Estén vigilantes, porque no saben el día ni la hora». Y la mejor manera de prepararnos es haciendo buenas obras; así como hablamos de un pasado, de un futuro, tenemos que vivir en el presente y en el presente el hacer buenas obras es la manera de estar vigilantes.

Recuerden que hace poco, hace dos domingos, tuvimos esa parábola de los talentos, aquellos que multiplicaron sus talentos eran personas vigilantes y la persona que estaba dormida fue aquel que enterró su talento y no produjo más; es lo que nos pide el Señor en este tiempo de Adviento, estar vigilantes.

En este tiempo, en estas cuatro semanas, podemos nosotros fijarnos alguna tarea de apoyar a alguna persona. Por ejemplo, puede ser alguien que vive ahí en la misma cuadra y que tiene necesidad, ¿por qué no llevarle una despensa?; o alguna buena obra, ir a visitar a una persona que vive sola, que está enferma; o hacer una llamada telefónica; algo concreto, pensar en los pobres, pensar en aquellos que lo necesitan.

Hace ocho días cerramos el Año Litúrgico diciendo: «Tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber», «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento o enfermo?», «Lo que hicieron con mis hermanos los más insignificantes, conmigo lo hicieron». Así es que en este Tiempo de Adviento, que nos preparamos para la Navidad, también en nuestro corazón se abren muchos buenos deseos, pues que sepamos compartirlos, lo que somos y lo que tenemos.

En la segunda lectura, de San Pablo a los corintios, pues Pablo también anima a esta comunidad, una comunidad muy viva porque había dos puertos, era una ciudad importante donde había ricos y había pobres, donde había pequeñas comunidades cristianas, y Pablo va a animar esas comunidades para que vivan el Evangelio, para que comparta lo que tienen. Esa invitación es también para nosotros, él les dice: «Habrá un advenimiento, vendrá el Señor». Tal vez en ese tiempo pensaban que iba a llegar muy rápido el Señor, han pasado XXI siglos, pero nos sigue invitando a la vigilancia y a la oración, y la oración nos va a dar la sensibilidad para hacer las buenas obras que el Señor quiere.

Que hagamos este camino, camino de cuatro semanas, para que lleguemos a la Navidad preparados y recibamos en nuestro corazón al Niño Dios. Así sea.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla