«Muéstranos, Señor, tu misericordia y envíanos al Salvador»
Queridos hermanos, hermanas, en el Señor Jesús:
A todos los saludo en este Tiempo de Adviento, en este tiempo que vamos caminando, en esta segunda semana, que iniciamos hoy, rumbo a la Navidad; a todas las personas que están siguiendo esta Eucaristía, esta transmisión, los saludo, les deseo la paz del Señor.
Efectivamente en la Iglesia se nos invita a hacer un camino. Cuando caminamos nos ponemos en marcha, pero sabemos adonde queremos llegar. La Iglesia nos da, nos pone, nos ofrece, nos regala, cuatro semanas para preparar nuestro corazón para que esta Navidad sea una Navidad donde renovemos el amor a Dios, ese Dios que se hace como nosotros, «La Palabra se hace carne».
Por eso hoy el profeta Isaías, en la primera lectura, nos habla de cómo el Señor nos manda mensajeros para que preparemos nuestro corazón y recibamos a Dios. El pueblo de Israel, recordaran ustedes que estuvo esclavizado en Egipto y Dios lo liberó y lo llevó a la tierra prometida caminando por el desierto, y ese pueblo le falló muchas veces a Dios, hizo en una ocasión un becerro de oro y lo adoraron y se olvidaron de Dios. Dios había hecho una alianza con su pueblo, «ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios», pero el pueblo se desviaba. Sin embargo, la misericordia de Dios es infinita y siempre quiere que uno se convierta, que uno cambie lo que está torcido. Y después hubo una experiencia también fuerte, donde el pueblo de Israel es desterrado y ahí tiene que reflexionar sobre su caminar; y nuevamente Dios ahí perdona
A nosotros nos pasa lo mismo, porque la Palabra de Dios siempre es actual, Dios sigue siendo misericordioso con nosotros a pesar de las fallas que tenemos, de los errores. Por eso hoy las palabras Isaías las toma el Evangelio de San Marcos, donde dice: «Les envío un mensajero para que preparen el camino del Señor y cambien su conducta». El mensajero que encontramos hoy se llama Juan el Bautista, que bautiza en el desierto, pero es un bautismo de conversión, de cambio, de penitencia; las personas que querían cambiar se acercaban. Juan pone muy claro: «Me toca a mí preparar los caminos del Señor. Detrás de mí viene alguien al que no soy digno ni siquiera de desatarle las correas de sus sandalias. Yo bautizo con agua, de penitencia, de cambio, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo».
Así es que, en ese camino de Adviento, Juan el Bautista nos invita a preparar nuestro corazón para cambiarlo, para dejar las cosas negativas, los odios, los rencores, y vivamos como el Señor quiere.
Ciertamente los signos nos ayudan a prepararnos. Tenemos aquí un signo, que es la Corona de Adviento, tal vez algunos lo tengan en su casa; alguien pone un arbolito de Navidad y lo va adornando; o alguien también pone un Nacimiento. A mí me da gusto que las autoridades civiles estén poniendo aquí en el zócalo, en la plaza, cuestiones cristianas, Nacimientos, el arbolito, pero eso nos debe ayudar a nosotros a pensar en Jesús, a pensar en el Niño Dios.
Ayer que fui a confirmar a una parroquia me decía el párroco: “Mire, no crea que el Nacimiento ya está así terminado, lo vamos haciendo poco a poquito para que la cuarta semana de Adviento ya esté hermoso y ese día se ponga el Niño Dios”. Ojalá que también nosotros nos preparemos. Es hermoso cuando los papás con los hijos o los abuelitos ponen el Nacimiento en su casa o hacen algún signo, porque eso también va creando una atmósfera de espera del Señor, eso nos ayuda a no pasar desapercibidos. Los centros comerciales ponen muchos adornos, pero es otro el sentido, nosotros tenemos que hacerlo con sentido cristiano y, como les decía hace ocho días, también pensando en obras concretas, preguntarnos en este Tiempo de Adviento qué puedo hacer por aquellos que más lo necesitan, por los que viven solos, por los pobres, por los marginados, por los que tienen algún problema, ¿qué puedo hacer yo? Y que lo hagamos. Yo les decía pensar, por ejemplo, el poder llevar una despensa a una familia que uno sabe que la necesita, o seguir apoyando para mandar ayuda a los damnificados de Acapulco y Guerrero, y que ellos nos lo agradecen.
Así es que sigamos caminando en este Tiempo de Adviento, preparando nuestro corazón y haciendo los cambios que el Señor nos pide. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla