HOMILÍA EN EL IV DOMINGO DE ADVIENTO

December 24, 2023


HOMILÍA EN EL IV DOMINGO DE ADVIENTO

 

«Yo soy la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»

 

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

A ustedes que están aquí presencialmente en nuestra Catedral les saludo con aprecio, y también a las personas que nos siguen en esta transmisión desde sus casas, desde sus hogares, desde algún lugar, donde estamos unidos para celebrar lo más grande que tenemos, que la Eucaristía.

En estos días, en estas semana de Adviento, hemos ido caminando y ya estamos muy cerca de la Nochebuena, dentro de unas horas, y también de la Navidad, el día de mañana. Han sido cuatro semanas en que la Iglesia nos ha invitado a todos a preparar nuestro corazón para recibir, de una manera digna, de una manera agradecida, al Salvador del Universo.

En la primera lectura que escuchamos hoy, del segundo libro de Samuel, escuchamos que el rey David quería construir un templo para Dios, pero Dios a través del profeta Natán le dice que vendrá el Salvador del Universo. Y por eso sabemos que Jesús, el Niño Jesús viene del linaje de David, después de muchas generaciones, y lo que Dios promete lo cumple: enviar al Salvador. 

Encontramos hoy a María, que es una persona que nos ha ayudado para que recibamos a Jesús. Tenemos hoy el diálogo de la Anunciación y el Arcángel Gabriel tiene una misión muy especial, la misión que le encomienda Dios de dar la noticia a una muchachita, a una jovencita llamada María en un pueblo llamado Nazaret de que ha sido elegida para ser la madre del Salvador. Y cuando el arcángel empieza a decirle todas esas cosas a María, María pone una duda, dice: «¿Cómo puede ser eso si no conozco varón alguno?» Ya estaba ahí desposada o prometida con José para matrimonio, pero todavía no vivían juntos y por eso dice: ¿Cómo va a ser eso?» Y el Arcángel Gabriel le dice: «El niño que tú esperas, el niño que nacerá de ti será obra del Espíritu Santo». Le dice: «Mira, ahí tienes a tu parienta Isabel, que ya es grande de edad, y Dios se ha fijado en ella y está esperando un niño, a un hijo, Juan el Bautista». Y entonces María dice, para mí una de las palabras más hermosas de la Sagrada Escritura: «Hágase en mí tu palabra; yo soy la esclava del Señor». Por eso María pone toda su confianza en Dios y de ella va a nacer el Salvador del Universo.

Qué hermoso que hoy nos enseña María a confiar en Dios, «lo que es imposible para nosotros es posible para Dios», Dios es el Todopoderoso, y María pone su confianza en el Señor.

También fíjense cómo hoy a nosotros nos dice el Señor que Él quiere que sigamos su proyecto, que sigamos el proyecto del Reino de Dios, que nosotros vayamos construyendo con nuestras actitudes, con la justicia, la fraternidad, la solidaridad, la familia, que vayamos construyendo una nueva humanidad, y nos lo dice en la Sagrada Escritura, pero ojalá que nosotros también digamos como María el día de hoy: «Hágase en nosotros tu proyecto».

Da tristeza ver las noticias, da tristeza leer el periódico, con tanta muerte, con tanta violencia, con una descomposición en nuestra sociedad, y no estamos haciéndole caso al proyecto de Dios, que es un proyecto de amor, es un proyecto de vida, es un proyecto de fraternidad, de sabernos ayudar los unos a los otros.

Que hoy le digamos al Señor: «Hágase en nosotros tu Palabra»; que vayamos en esa dirección, porque Dios nos dio un corazón para amar, nos dio un corazón para servir, nos dio un corazón para ser hermanos, y el Niño Dios, que va a nacer esta noche, nos invita a que vayamos haciendo vida el proyecto de su Padre, de Dios.

Que hoy también nosotros tengamos acciones concretas, como los he ido invitando estos domingos, para aquellos que más lo necesitan; que no seamos pasivos, indiferentes, sino que veamos a aquel que lo necesita, con algo que tenemos nosotros, –les decía– con la posibilidad de llevarle una despensa a alguien que no tiene qué comer o llevarle un suéter, un abrigo, para que se cobije, o también poder visitar a alguien para platicar, porque es una persona que vive sola, o un telefonazo, una llamada a alguien que está olvidado.

Pues que el Señor nazca en nuestro corazón esta noche, que renovemos nuestro amor y que también digamos como María: «Hágase en nosotros tu Palabra». Así sea.


+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla