«Jesús enseñaba con autoridad, y la gente estaba sorprendida.
Él viene a hablar al corazón y a decir qué es lo que Dios quiere»
Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
Les saludo a todos con afecto en este IV Domingo del Tiempo Ordinario, a ustedes que están aquí en nuestra Catedral de Corpus Christi y también a las personas que nos están siguiendo a través de los medios digitales; que todos experimentemos la paz que da el Señor.
Recordarán el inicio del Evangelio del domingo pasado, del Evangelio de San Marcos, cuando Jesús salió a su ministerio pastoral, a predicar los secretos del Reino de Dios y decía: «El Reino de Dios está cerca, conviértanse», y después eligió a los primeros discípulos, Simón y Andrés, y Santiago y Juan, para que lo acompañaran en esta aventura de predicar el Reino de Dios.
Pues este domingo, que es continuación del Evangelio del domingo pasado, vemos cómo Jesús ya está predicando su mensaje de salvación. La primera lectura de hoy, del Deuteronomio, nos prepara, porque Moisés nos dice cómo Dios va a enviar un Profeta, pero un profeta con mayúsculas, el gran profeta, que es Cristo. Todo el Antiguo Testamento tenemos los profetas, que eran mensajeros de Dios, eran los que le hablaban al pueblo y le decían lo que Dios quería; Jeremías, Isaías, Ezequiel, Moisés, eran mensajeros. Muchas veces el pueblo no hacía caso, el pueblo cerraba sus oídos, su mente y su corazón a pesar de que Dios siempre quería comunicarles aquella alianza tan hermosa: «Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo».
Sin embargo, hoy un profeta, que muchas veces eran incomprendidos, anuncia que va a venir un profeta, y el profeta es Cristo, es el gran Profeta; pero Él ya no va a ser mensajero, sino que Él va a hablar por cuenta propia, el Hijo de Dios.
Por eso hoy el Evangelio nos dice que Jesús enseñaba con autoridad, y la gente estaba sorprendida. Ya en el tiempo de Jesús estaban los doctores de la ley, estaban los escribas, que sabían mucho de la Escritura, del Antiguo Testamento, pero ellos se centraban mucho en los preceptos, en las normas, en lo que se tenía que hacer; y Cristo, Él viene a hablar al corazón y, lo más importante, qué es lo que Dios quiere.
De tal modo Jesús decía: «Se dijo antes: Ojo por ojo y diente por diente. Yo les digo ahora: Ámense los unos a los otros», y ahí tenemos al Profeta, al Hijo de Dios que anuncia el Reino de Dios con autoridad.
Y después de enseñar, hoy vemos que realiza un milagro, el primero de los milagros en el Evangelio de San Marcos, que es sacar un espíritu inmundo. A una persona que estaba endemoniada, que estaba posesa, poseída por el mal, por Satanás, Jesús hoy le saca a ese espíritu inmundo. Él es Dios, el Hijo de Dios. Empezaron a criticarlo y a decir cómo Él podía hacer esto; pues claro que lo podía hacer. Y entonces nosotros vamos viendo cómo Jesús va hablando, enseñando su doctrina, y también va realizando milagros.
Y por eso estamos invitados nosotros a leer y releer los Evangelios, porque el Evangelio es Jesucristo, es la Buena Nueva de salvación. Y cuando nosotros vamos leyendo el Evangelio, y no solo leyéndolo, sino meditándolo, haciendo una Lectio Divina, quiere decir que también esa Palabra la queremos poner en práctica, parecernos a Jesús. Ese es el reto, ser cristiano es ser otro Cristo, es pensar como Cristo, relacionarnos como Cristo, tener los sentimientos de Jesús.
Hoy podemos preguntarnos nosotros de qué estamos enfermos. Ciertamente no tenemos espíritus inmundos, pero podemos tener algunos males, el mal de la soberbia, el mal de dividir en nuestra familia, en nuestra sociedad, el ser apáticos ante la realidad que estamos viviendo y no hacer nada ante las necesidades de los demás. Pues hoy queremos pedirle a Jesús que nos cure, que nos alivie de esos males que tenemos para sumarnos a su gran proyecto, que es el proyecto de construir su Reino. Cada uno de nosotros pensemos si estamos enfermos. Podemos tener alguna enfermedad física, pero podemos tener otras enfermedades, el orgullo, la vanidad, el poder, ¿qué enfermedad tenemos nosotros que queremos pedirle a Jesús que nos cure hoy?
Que sigamos caminando siguiendo las huellas de Jesús. Así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla