HOMILÍA EN LA VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA 2024

March 30, 2024


HOMILÍA EN LA VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA 2024

 

«¡El Señor ha resucitado!
¡Aleluya! ¡Aleluya!»

 

Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Quiero saludarlos a todos ustedes que están con mucha devoción en esta Vigilia Pascual, también a los que están siguiendo esta Eucaristía a través de las redes sociales, de los medios digitales, en distintos lugares de México y del extranjero; hoy nuestro corazón salta de alegría, porque nosotros creemos en un Cristo vivo, en un Cristo resucitado, y no podemos estar indiferentes, sino arde nuestro corazón por esta noticia que cambia el giro de la humanidad, nuestro destino.

Hoy es una noche santísima, es la madre de todas las noches, porque Cristo ha resucitado. Y tenemos en esta celebración 4 liturgias: El lucernario, la Liturgia de la Palabra, la Liturgia bautismal y la Liturgia eucarística.

Primero tenemos la liturgia de la luz, con la que iniciamos nuestra celebración, donde bendije el fuego, la lumbre, de donde se encendió el Cirio Pascual. Entramos a nuestra catedral y se fueron prendiendo los cirios que ustedes han traído, para significar la espera del Señor resucitado. Y escuchamos el Pregón Pascual, ese canto tan hermoso donde se nos habla de cómo Cristo triunfa, de cómo el pecado es vencido por la gracia, de cómo el egoísmo es vencido por el amor.
El día de ayer que celebramos el Vía Crucis, la muerte del Señor en la cruz, parecía que todo había terminado en una derrota, en un fracaso, pero el Padre resucita a su hijo Jesucristo.

En estos momentos hemos terminando la segunda parte de nuestra Vigilia Pascual, que se llama la liturgia de la Palabra, donde escuchamos nueve lecturas, siete lecturas del Antiguo Testamento y dos lecturas del Nuevo Testamento. Es propiamente lo que se llama: la historia de la salvación.
Empezamos desde la primera lectura, del Génesis, por la creación, donde Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.
La Sagrada Escritura, la Biblia, a partir del capítulo 12 del Génesis, nos habla de el padre de la fe, que es Abraham. En la segunda lectura que escuchamos, vemos cómo a Abraham se le había prometido que su descendencia sería más grande que las estrellas del cielo o las arenas del mar. Sin embargo, Dios le pide que sacrifique a su hijo Isaac, y él obedece. Y cuando saca el cuchillo para degollar a su hijo el ángel lo detiene. Abraham fue probado y por eso se le llama “el padre de la fe”, porque esperó contra toda esperanza, y Dios lo premió.
La tercera lectura fue una lectura muy impactante y emocionante, cuando el pueblo de Israel sale de la esclavitud de Egipto y atraviesa el mar rojo, cómo Dios los acompaña hasta la tierra prometida. Ese prodigio lo celebraban los judíos cada año, con el acontecimiento que se llama: la Pascua, pasaron de la esclavitud a la libertad. Cada año el pueblo judío se reúne para celebrar esta cena, este acontecimiento, esa conmemoración de libertad.
Las siguientes lecturas que escuchamos del Antiguo Testamento fueron de los Profetas, aquellos enviados por Dios para decirle al pueblo por dónde tenía que ir caminando. A veces el pueblo era fiel a la alianza y en otras ocasiones eran infieles, pero Dios siempre cumple lo que promete, y Él había prometido enviar al Mesías, a Jesucristo, su Hijo único, su unigénito, y viene a la tierra Jesucristo nuestro Señor.
Los Evangelios nos van hablando de este Jesús, que sus últimos días fueron vivir una Pasión que lo llevó hasta la cruz, pero que hoy, escuchamos hace unos momentos el Evangelio,  resucitó de la muerte. Siempre las mujeres dirigentes, María y las otras mujeres fueron corriendo al sepulcro y encontraron la piedra removida y un ángel les dijo: «¿A quién buscan? Al que buscan ha resucitado. Vayan y díganle a los Apóstoles, a sus discípulos, que el Señor ha resucitado».

Por eso hoy –les decía al inicio– nuestro corazón debe saltar de alegría, porque con su muerte y resurrección Jesús nos abre las puertas del Cielo. Pero su muerte y resurrección nos invitan a que nosotros como cristianos, como seguidores de Jesús, sigamos sus huellas; estamos llamados a seguir el camino que Jesús nos dejó. ¿Cuál es el camino que nos dejó? Fundamentalmente el camino del amor, el amor expresado en solidaridad, en respeto, en colaboración, en esperanza, en fe, en esos valores que nosotros descubrimos en el Evangelio. 

Podemos sentirnos tristeza al ver la sociedad en la que vivimos, una sociedad donde el tejido social se ha ido deteriorando, donde la familia va perdiendo el rostro de la unidad, donde hay mucha violencia y tenemos que seguir pidiendo mucho por la paz la paz en la familia y en la sociedad, donde no se respeta la dignidad humana, donde hay tantos adolescentes y jóvenes alejados del Señor.
Hoy debe brotar en nuestro corazón ese deseo de comunicar a los demás que Cristo vive en medio de nosotros, que Cristo le da sentido a nuestra vida, que Él le da un horizonte distinto, y que al fin y al cabo nuestra vida es pasajera, y nosotros tenemos que ir caminando, pero nuestro destino es la casa del Señor.

¡Gloria a Dios por habernos dado a su Hijo Jesucristo!, ¡gloria a Dios por habernos dado su Espíritu Santo!
Que esta Pascua, que es la meta de toda esta Cuaresma que hemos vivido, nos ayude a vivir con alegría, con esperanza y con mucho amor nuestra vida y a transmitir esta noticia a todos los demás; que nos vean alegres, pero esa alegría es fruto de que creemos en Cristo resucitado. Así sea.


+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla