HOMILÍA EN EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN 2024

March 31, 2024


HOMILÍA EN EL DOMINGO DE RESURRECCIÓN 2024

 

«¡Verdaderamente ha resucitado!»
«¡Aleluya, aleluya!»


Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Para todos los cristianos esta fiesta de la Pascua es la número uno de todo el año, porque la resurrección del Señor es lo que le da sentido a nuestra vida.
Desde pequeños, cuando estudiamos el catecismo, aprendimos que Jesús vino a salvarnos, a abrirnos las puertas del Reino de los cielos, ¿y cómo es el destino del ser humano? Caminar, y a veces se nos olvida que nuestro destino es la casa del Padre y vivimos como si no existiera el Cielo.
Jesús, con su muerte en la cruz, nos da esa salvación. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos», y Jesús dio su vida, no solamente para un pueblo, sino para toda la humanidad, para todos, para todas las personas de todas las razas del mundo.

A veces nos olvidamos de la presencia de ese Cristo vivo. Hoy el Evangelio de San Juan nos platica cómo María Magdalena fue corriendo al sepulcro en la madrugada. Allá no entierran a los difuntos bajo tierra, sino que los ponen en un sepulcro, como le hicieron a Jesús, y le ponen una gran piedra. De tal manera que, cuando María Magdalena va, se asusta, porque la piedra, que era sumamente pesada, había sido removida. Y entonces se regresa corriendo para avisarle a los Apóstoles: «Han robado el cuerpo del Señor, se lo han llevado».
Y nos narra el Evangelio cómo Juan y Pedro fueron rápidamente al sepulcro. Juan era más joven y se fue corriendo, de tal manera que llegó primero que Pedro, y se asomó solamente al sepulcro, vio el sudario y los lienzos, pero también por deferencia no quiso entrar, para darle su lugar a Pedro. Cuándo llega Pedro, aquel que lo había negado apenas unos días antes, que dijo: «Yo no lo conozco», se reivindica ahí; es decir, Juan le da su lugar y Pedro entra y efectivamente ve todo doblado, todo muy bien acomodado, y después entra Juan. «El Señor ha resucitado».

Así como tuvimos la Cuaresma, que nos trajo a esta fecha grandiosa de la Resurrección del Señor, hoy iniciamos un tiempo que se llama Pascua, y la palabra Pascua significa paso, el paso de la muerte a la vida, paso del pecado a la gracia, paso del egoísmo al amor.
La Cuaresma duró 40 días y ahora la Pascua son 50 días hasta llegar a una fiesta muy grande que se llama Pentecostés, que es la venida del Espíritu Santo.

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro predicando, haciendo como un resumen de lo que él había visto y oído con Jesús, pasó haciendo el bien. Seguramente platicaba de los milagros que vio, de las enseñanzas, de los secretos del Reino de Dios.
Y es una invitación para cada uno de nosotros a que también platiquemos acerca de nuestra fe a otras personas, que compartamos nuestra experiencia de fe. ¿De cuántas cosas no hablamos nosotros durante un día? Y yo les preguntaría: ¿cuánto hablamos de Cristo?, ¿cuánto le hablamos a las demás personas sobre Cristo, a los que nos encontramos, con los que convivimos, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en el mercado, en donde nos encontremos?

Pedro platicaba emocionado cómo Jesús le dio sentido a su vida, si también nosotros hemos tenido una experiencia transformadora, que Cristo nos ha cambiado, le ha dado sentido a nuestra vida, ¿por qué nosotros no platicarlo?
No es cosa solamente del sacerdote, de la religiosa, del Papa o de los obispos, es cosa de todos los bautizados platicar lo que ha hecho Jesús con nosotros, porque queremos que otros se evangelicen.
Y debemos platicarlo de una manera muy sencilla. Pedro, Juan, Santiago, no daban como una clase, sino practicaban su experiencia como testigos del Señor.

Pues hoy los invito para que nos alegremos, que sintamos todos mucha alegría en nuestro corazón, aún en medio de las preocupaciones, porque, si Jesús venció a la muerte, Él nos acompaña a nosotros en nuestro camino.
«¡Verdaderamente el Señor ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya!»