HOMILÍA EN EL V DOMINGO DE PASCUA

April 28, 2024


HOMILÍA EN EL V DOMINGO DE PASCUA

 

«Yo soy la vid verdadera y ustedes son los sarmientos. Quien permanece unido a mí, da mucho fruto», dice el Señor.

 

Quiero saludarlos a todos ustedes en este V Domingo de Pascua, donde celebramos el triunfo del Señor, donde renovamos nuestra fe en un Cristo que dio la vida por todos nosotros y que el Padre lo resucitó al tercer día.

Saludo a todas las religiosas, los laicos, al padre Rodrigo, a este equipo de la Pastoral de Adolescentes y Juvenil Vocacional, y también a todas las personas que a través de los medios digitales, de las redes sociales, se unen a nuestra celebración de la Iglesia Madre, de la Catedral de Tlalnepantla.

Seguimos escuchando el libro de los Hechos de los Apóstoles. Vemos que a veces hay momentos de paz, de calma, pero también momentos de persecución. Los primeros cristianos, cuando se convertían, se comprometían y vivían en comunidad.
Se fueron formando las primeras comunidades, y hoy se nos platica cómo había una persona llamada Saulo, Pablo de Tarso, que no era bien visto, porque habían escuchado su historia, que era perseguidor de los cristianos.
Pero Bernabé le plática a las comunidades la conversión que tuvo Saulo, Camino a Damasco tuvo un encuentro con el Señor y su vida cambió, se transformó y empezó a predicar a Jesucristo el Señor.
De tal manera que escuchar de este gran apóstol, incansable apóstol que llevó el Evangelio a muchos lugares, le dio mucha paz a las comunidades.
Y nos dice al final de la primera lectura cómo las comunidades se conservaban en paz y se consolidaban, iban creciendo.

Esta experiencia de las primeras comunidades es algo muy antiguo, pero también es algo nuevo, porque es un reto para nosotros que podamos vivir en comunidad, ayudándonos, compartiendo, siendo asiduos a la Palabra de Dios y a la Eucaristía; es un reto hermoso para nuestras comunidades.

Pero el punto clave es el encuentro con el Señor. Pablo tuvo un encuentro; los que se iban convirtiendo tenían un encuentro con un Cristo vivo. Y esto lo podemos conectar con el Evangelio de hoy, porque el mismo Jesús dice: «Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. Quien no está unido a la raíz, no da fruto».

Y es la idea fundamental del Evangelio de este domingo, que va machacando dos ideas fundamentales: el encuentro con Cristo y dar fruto, son las dos cosas, dar fruto, porque se encuentro con el Señor y porque tenemos un encuentro con el Señor damos bruto; si no estamos unidos a la raíz no podemos dar fruto.

Es muy importante para todos nosotros el buscar siempre tener esa relación existencial con el Señor, pero lo más importante es la práctica, porque podemos decirlo, pero este encuentro con el Señor lo tenemos que alimentar, y lo alimentamos sobre todo con la oración, con la escucha de la Palabra, con el encuentro con la Sagrada Escritura, con la vivencia de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, y lo alimentamos con el servicio al prójimo, a los demás. Podemos estar mucho tiempo en oración, escuchando la Palabra de Dios, recibiendo los sacramentos, pero si no lo manifestamos en el servicio a los demás, especialmente en aquellos que más lo necesitan, pues solamente puede quedar en palabras y no en hechos, en frutos, como nos pide el Señor. 

Hoy también es una oportunidad en nuestra Arquidiócesis el cerrar esta semana vocacional. Hay un equipo que se llama PAJUV (Pastoral de Adolescentes y Juvenil Vocacional), que está integrado por sacerdotes, religiosas, laicos, y que esta semana promovieron varias acciones, como Horas Santas, conversatorios, diálogos, coloquios, la cruz vocacional, y hoy cerramos esta semana, pero se va a abrir un año jubilar para seguir promoviendo las vocaciones.

Tal vez para algunos sea algo nuevo, pero fíjense cómo en la mies del Señor se necesitan vocaciones. La palabra vacación es escuchar un llamado de Dios dentro de la Iglesia para un servicio, y todos estamos llamados a servir, en la vida matrimonial, en la soltería, en la vida consagrada, en la vida religiosa, en la vida sacerdotal, y necesitamos orar para que haya más vocaciones al servicio de la construcción del Reino de Dios.

Y es lo que nosotros, sobre todo este equipo, queremos ir promoviendo, lo que se llama la cultura vocacional, donde todos nos sentimos corresponsables. Si bien es cierto que hay un equipo que ayuda con algunas acciones para para dinamizar este aspecto, todos somos responsables de ir construyendo el Reino de Dios.

Por eso es una esperanza muy grande que en las parroquias haya cada día más laicos servidores en los grupos, en los movimientos, en las asociaciones; pero también debemos pedir por todas las congregaciones, que tienen carismas especiales, para que Dios suscite más vocaciones; de igual forma en nuestro seminario, para que ingresen más.
«La cosecha es mucha y los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de la mies que envíe obreros».

Que el Señor nos bendiga a todos, bendiga a nuestra Iglesia, bendiga las vocaciones y bendiga nuestro encuentro con Él, para dar fruto, y fruto en abundancia. Así sea.


+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla