HOMILÍA EN EL VI DOMINGO DE PASCUA

May 05, 2024


HOMILÍA EN EL VI DOMINGO DE PASCUA

 

«No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido, y los he destinado para que vayan y den fruto y su fruto sea abundante», dice el Señor.


Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:

Les saludo a ustedes que están aquí hoy en nuestra Catedral; quiero saludar a los diferentes movimientos y asociaciones, de los cuales hoy vienen algunos representantes a esta Misa, a la Iglesia Madre, a nuestra Catedral, los del CLAT, saludo también a Raquel, a sus papás, al Camino Neocatecumenal; y también a todas las personas que a través de las redes sociales, de estos medios digitales, siguen esta Eucaristía desde la Arquidiócesis, desde otros lugares de la República Mexicana y también desde el extranjero; a todos les deseo la Paz del Señor

En este VI Domingo de Pascua el Evangelio nos dice unas palabras muy hermosas: «Ya no los llamo siervos, los llamo amigos», dice el Señor, porque a un siervo no se le platican las cosas fundamentales, las cosas esenciales, pero al amigo se le platican los secretos del Reino de los Cielos. Por eso Jesús nos dice: «Yo les comunico lo que el Padre me ha comunicado, a lo que vine: Vine a salvarlos y a decirles cuáles son los caminos para ser felices, los caminos de la salvación».

Sabemos nosotros que siempre Dios, como nos decían la primera lectura, es el que toma la iniciativa, y Él es el que se acerca a nosotros. En muchas religiones la comunicación es de abajo hacia arriba, en cambio siempre Dios es el que toma la iniciativa con nosotros, y lo vemos en toda la Sagrada Escritura. «Y tanto nos amó, que nos envió a su Hijo», que dio la vida por todos nosotros en la cruz.

Una de las claves en la Liturgia de la Palabra de este día es que Dios es amor, y realmente la cruz es el signo que nos caracteriza a los cristianos, porque «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos».
Vemos cómo una cruz tiene dos maderos. Uno es vertical, que nos habla del primer mandamiento: «Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma con todas tus fuerzas». Pero el otro madero es horizontal, que nos habla del amor al prójimo.
«Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso», nos dice San Juan, porque si nosotros amamos a Dios lo tenemos que manifestar en el amor a nuestros hermanos.

Y a ese Dios que hemos descubierto, un Dios que no es una idea, sino que es alguien vivo, que murió por nosotros y que el Padre lo resucitó al tercer día, un Cristo resucitado, un Cristo vivo, es al que estamos invitados, primeramente, a experimentarlo, por eso es fundamental el encuentro con el Señor, y después de este encuentro lo vamos siguiendo, para en un tercer momento anunciarlo.

Esta semana nos estamos preparando, porque el próximo domingo, día de la Ascensión del Señor, tendremos la Gran Misión Católica en nuestra amada Arquidiócesis de Tlalnepantla, donde también nosotros salimos a las calles, a tocar puertas, a anunciar que Jesucristo es el Señor, que Él es el camino, la verdad y la vida.
Y ojalá que nosotros, junto con un servidor, con sus párrocos, salgamos y llevemos ese mensaje de evangelización, pero también ahora llevamos un mensaje muy importante de Paz, porque la familia debe ser constructora de Paz.

Por eso durante estos meses vamos a fomentar mucho los conversatorios, platicar, charlar sobre cómo podemos contribuir a la Paz. El problema número uno en nuestra sociedad en México es la inseguridad, la violencia, y lo que necesitamos es Paz, la Paz como un don de Dios, y por eso fomentamos la oración, porque es un regalo de Dios. Pero, además de la oración viene la acción: ¿Cómo podemos contribuir a que haya Paz en las familias, en nuestras colonias, en nuestra sociedad?

Jesucristo es el vencedor y por eso este tiempo de Pascua es tiempo de una alegría grande, de una alegría inaudita, que nosotros debemos proyectarla, que se nos note que creemos en un Cristo resucitado y, repito, que la experiencia que tenemos la comuniquemos a los demás, para que todos los hombres y mujeres se salven, para que todos trabajemos por construir el Proyecto de Dios. Así sea.


+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla