Domingo XVI del Tiempo Ordinario
"El señor es mi pastor, nada me faltará."
Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
Deseo para todos ustedes, los que están aquí en nuestra catedral, y también los que están siguiendo esta transmisión, que tengamos esa experiencia de un Dios cercano, de un Dios que nos cuida, que nos acompaña, que nos anima; Él es el buen pastor, y el buen pastor da la vida por sus ovejas.
El domingo pasado, recordarán, como Jesús envía a la misión a sus discípulos, y los envía de dos en dos; después de que habían estado con él y habían platicado, seguramente, muchas cosas en la intimidad, en familia; y cómo también ellos habían escuchado que Jesús hablara a la multitud, después los envía para que vayan a predicar, a expulsar demonios, y a curar a los enfermos. Regresan los discípulos con Jesús y Él los cuida, y quiere que descansen porque tuvieron jornadas muy extenuantes, que duerman que descansen que coman; pero vemos que la multitud no los deja, incluso nos dice el evangelio, que ni siquiera tenían tiempo para comer, ellos iban en la barca y la multitud rodeó por tierra para llegar a Jesús. Y cuando llega esa multitud, Jesús se compadece, se compadece porque estaban como ovejas sin pastor, a diferencia de la primer lectura del profeta Jeremías, que nos habla de los falsos profetas que no cuidaban a su rebaño, que no cuidaban a su gente. Podemos imaginarnos nosotros como dentro de esa multitud había enfermos, había gente triste, había gente con problemas, y Jesús tiene mucha paciencia, mucha calma para escucharlos y también para curarlos, no solo del cuerpo, sino del alma también, y por eso hoy el mensaje para todos nosotros es: que tengamos los mismos sentimientos del buen pastor, que sepamos compadecernos de los que sufren, y en lo que esté a nuestro alcance, podamos hacer algo.
Cada día vemos más en la calle a migrantes, gente que ha dejado su patria, ha dejado su tierra, no por gusto, sino por necesidad; y va a buscar nuevos horizontes. ¿Nosotros nos compadecemos? ¿Hacemos algo?. Si cada quien hiciéramos una pequeña cosa para aliviar su necesidades, pues yo creo que sería mucho, es como una gotita de agua, cuando son varias gotas pues va haciéndose un chorrito, y después puede salir mucha agua; también nosotros, como cristianos, estamos llamados a compadecernos, y no solo a compadecernos, sino también hacer algo; el modelo siempre es Jesús. El cristiano es aquel que quiere seguir a su maestro, y también nosotros somos enviados a la misión. Y cada día entendemos más que la misión no es ir a África, no es ir a Japón; sino la misión está aquí, en las calles, en nuestras colonias, ahí está la misión. Hablo de los migrantes, pero también pueden ser los ancianos, los inválidos, los pobres, los necesitados; “yo soy el buen pastor” nos dice Jesús, y nos lo muestra con obras.
Cuando hablamos en la Iglesia también de pastor, pues se habla también de de las ovejas, es decir, de los fieles también, y cómo es importante, también, que los fieles tengan una formación. Jesús curaba a los enfermos, pero también les enseñaba muchas cosas. Estaba preocupado en que conocieran el proyecto de Dios, el proyecto del reino de Dios. Yo a veces escucho aquí en los avisos cómo se invita a retiros, a la formación, porque queremos que el cristiano también tenga más fundamentos, tenga más experiencias de Dios; y qué hermoso es que muchos de ustedes participan en grupos, en movimientos, en asociaciones; pero que cada uno de ustedes se sienta invitado. Hay movimientos de familia, hay movimientos de jóvenes, hay muchas invitaciones. Jesús quiere invitarnos también a que seamos esos cristianos. Es muy buena la religiosidad popular: las devociones, las peregrinaciones, es algo muy bueno, pero también la iglesia se preocupa por la formación, la formación de los agentes, que después se convierten en multiplicadores, en evangelizadores. Qué bonito también es, cuando se va como nación, nuestra iglesia, haciéndose pequeñas comunidades, donde en el centro está Jesucristo, nuestro señor.
Que hoy le digamos al buen pastor, que queremos caminar con Él, que nos va conduciendo; por eso el buen pastor lleva su báculo, su callado, porque va dirigiendo a su comunidad.
Que seamos nosotros dóciles a las enseñanzas de Jesús.
Así sea.
Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla