DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Queridos hermanos, hermanas, les saludo con afecto de pastor; y también saludo a las personas que están siguiendo esta transmisión. Que a todos nos fortalezca recibir la palabra y la eucaristía, para emprender nuestra vida común con renovado entusiasmo, caminando de la mano del Señor.
Seguimos con el capítulo seis del Evangelio de San Juan, de los versículos cincuenta y uno al cincuenta y ocho, ya es el penúltimo domingo que escucharemos este discurso del pan de vida; donde hoy, la idea central, es que Cristo nos dice que Él es el pan de vida, que el que coma de Él vivirá eternamente, que Él es bebida de salvación, que el que beba su sangre tendrá vida eterna.
Por lo que ven, el tema fundamental este domingo es eucarístico: Jesús Eucaristía; y creo que es un domingo propicio para que reflexionemos, nosotros, en lo que es la Eucaristía, lo que es la Santa Misa. Decimos nosotros con razón que la Eucaristía es el sacrificio del Señor, porque Él derramó su sangre por todos nosotros; en la última cena les dijo a sus apóstoles “beban, esta es mi sangre derramada por ustedes; coman, este es mi pan entregado por ustedes”. Sin duda los apóstoles en la última cena no entendieron las palabras de Jesús, las entendieron después de la muerte y resurrección de Jesús, como Él dio su sangre por todos nosotros. Y por eso decimos que la eucaristía es el sacrificio del Señor, y también decimos que la eucaristía o la Santa Misa es la cena del Señor, es el banquete, porque podemos nosotros recibir, recibirlo a Jesús, en la hostia consagrada. Así es que se escandalizaban los judíos de escuchar las palabras de Jesús, cuando de que Él era el pan de vida.
Yo quisiera preguntarles a ustedes si realmente entienden lo que es la Eucaristía, lo que es la Santa Misa; o hay veces que se puede venir por costumbre, pero yo creo que valorarla es un milagro. Cada vez que va uno a la Eucaristía, y realmente cuando uno viene y celebra la eucaristía con mucha devoción, pone atención a la palabra de Dios, recibe la comunión, pues debe salir para transformar el mundo, para tener comunión con los hermanos. Que la fe se lleve a la vida.
Yo los felicito aquí en la Catedral de Tlalnepantla y a la parroquias que voy, son doscientas tres parroquias, y cada sábado he estado saliendo a tres parroquias distintas; veo como la gente vive la Eucaristía, como aquí en la Catedral hay mucho orden, hay un ambiente propicio, se tiene el coro que ayuda muchísimo para tener un encuentro con el Señor, el equipo de Liturgia que nos ayuda a que la celebración sea solemne y la vivamos. Pero estoy seguro que mucha gente no entiende lo que es la eucaristía, y por eso les dejo el reto, a ustedes, de que también le puedan explicar a la gente lo que es la Eucaristía. Recuerdo que en muchas, en algunos lugares, pues la gente llegaba casi a la bendición, ya nada más ya, y decía “ya oí misa”. Ahora nosotros ya no decimos “oí misa”, decimos “participé en la celebración eucarística”.
Que de veras ese gran regalo que tenemos nosotros, lo vivamos, la Eucaristía es el centro y culmen de la vida cristiana, es lo más grande que tenemos, lo más grande, porque el mismo Jesús se nos da a nosotros, nos da su palabra y nos da la eucaristía. Que la vivamos y también fuera. Por eso el sacerdote, o a veces el diácono, al final de la misa dice “a vivir lo que aquí hemos celebrado”. Qué bonitas palabras, que nosotros vivamos la fraternidad fuera, porque participamos en la eucaristía.
Así sea.
Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla