DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Queridos hermanos, hermanas, en Cristo Jesús:
A todos los saludo con afecto, con alegría, y hoy de una manera también muy particular a los catequistas, las catequistas, que han venido para hacer un signo de comunión, de unidad, de esta Arquidiócesis. Estas 7 zonas que forman una unidad, 23 decanatos, 203 parroquias; y por eso en todas las celebraciones de los domingos pongo la intención en las manos del Señor por cada una de las parroquias de esta iglesia particular de Tlalnepantla
También quiero saludar a todos los que están siguiendo esta transmisión, que experimenten el amor de Dios, y que también está súplica, la hagamos nosotros, como la hizo Simón Pedro, cuando el Señor le dice a sus apóstoles -¿También ustedes quieren abandonarme?, y Simón Pedro se adelanta y dice -Señor, ¿a quién le iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
El día de hoy, en este domingo vigésimo primero del tiempo ordinario, terminamos el capítulo seis del evangelio de San Juan. Durante cinco domingos estuvimos siguiendo este discurso de Jesús, pan de vida. Y hubo muchas alusiones, alusiones, durante estos, este capítulo que es amplio, donde se recordaba ese pan, ese maná que cayó del cielo al pueblo de Israel que caminaba por el desierto rumbo a la tierra prometida. Como también recordamos la multiplicación de los panes, ese milagro portentoso, espectacular, donde comieron más de cinco mil hombres sin contar a las mujeres y a los niños, y sobraron doce canastos de pan, que Jesús dijo repártanlo a los demás. Cómo Jesús, que es el catequista, el pedagogo por excelencia, va ayudando a sus interlocutores a que vayan comprendiendo que Él es el pan bajado del cielo, el que come mi cuerpo y bebe mi sangre tendrá vida eterna. Y fue cuando algunos judíos se escandalizaron y dijeron -¿Cómo vamos a comer el cuerpo del Señor? ¿Cómo vamos a beber su sangre?. Y lo hemos dicho que ni los mismos discípulos, apóstoles, entendieron; sino fue hasta después de la resurrección cuando comprendieron las palabras que Jesús había dicho. Ese Jesús que dio su pan en la última cena, y entregó su cuerpo, y también la cruz, en la cruz, derramó su sangre por todos nosotros.
Hoy también la pregunta es muy directa: ¿Qué le decimos a Jesús?. Hay veces que no se los decimos de palabra, pero nos alejamos de él.
Las preocupaciones de la vida, el materialismo, los problemas, los retos, las crisis familiares, hacen que nosotros nos apartemos de Jesús. Y también hoy nos pregunta nosotros por nuestro nombre, y nos dice -¿También ustedes quieren alejarse de mí?, y ojalá que nosotros le digamos -¡No, Señor! ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
En la primer lectura que escuchamos el día de hoy, de Josúe, también un día convocó a una asamblea, porque había muchas personas que idolatraban a otros dioses y se alejaban del único y verdadero Dios, y convocó una asamblea y entonces les dijo -Tienen que tomar una decisión: seguir a los otros dioses o seguir al único Dios verdadero.
Hoy también reafirmamos nuestra fe en nuestro Dios, en Jesús, que tiene siempre palabras, pero no son palabras cualquiera, si no son palabras que dan vida, y cuando nosotros leemos y relevemos el Evangelio, vamos a encontrar esas palabras que nos dan vida a cada uno de nosotros. También yo quisiera que reflexionemos ¿Cuáles son nuestras palabras? ¿Qué palabras utilizamos nosotros?. Sabemos que la palabra es muy importante, y a veces podemos tener palabras que hieren a los demás, palabras pesimistas, palabras que apabullan a las personas, o tenemos palabras de ánimo; palabras que llegan al corazón, ¿Cuáles son las palabras que los papás le dicen a los hijos? ¿Cuáles son las palabras que las catequistas, o los catequistas, les dicen a sus adolescentes y jóvenes?. Esas palabras que son un reflejo del evangelio. Fíjense como una palabra puede ayudar a un agente; la puede animar, la puede levantar o una palabra también a alguien lo desnima. Ojalá que nosotros tengamos palabras de aliento, de consuelo, de esperanza. Palabras que broten del Evangelio de Jesucristo, Nuestro Señor.
Que el Señor nos bendiga, y el Espíritu Santo nos ayude a decirle: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Así sea.
Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla