DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
Queridos hermanos, hermanas, en Cristo:
A todos les deseo la paz. A ustedes que están aquí presencialmente, y también a los que, a través de las redes sociales, los medios digitales, siguen esta Eucarsitía, y participan en ella.
Recordarán el Evangelio de hace 8 días, cuando Jesús hace la pregunta directa a sus discípulos: ¿Quién soy yo para ustedes?. Y Simón Pedro, le dijo —Tú eres el Mesías, el hijo de Dios.
Pero después de esta respuesta, sin duda guiada por el Espíritu Santo, se lo llevó a solas, a Jesús, y le dijo, porque les había platicado Jesús antes, que tenía que padecer, que tenía que morir en la Cruz y resucitar al tercer día; sin embargo, Pedro, Simón, Simón Pedro, le dijo —A ti no te puede pasar eso. Y Jesús le dijo —¡Retírate Satanás!, porque tú piensas como él. Y fíjense como fue el primer anuncio que hizo Jesús de cuál era su destino, la Cruz, y hoy hace un segundo anuncio de su pasión en el Evangelio de San Marcos que acabamos de escuchar.
Los discípulos tenían otra idea, otra perspectiva, porque ellos, es cierto que "Jesús los miró a los ojos y les dijo ven y síganme; y ellos dejando sus redes lo siguieron". Era una aventura, era algo incierto, porque ellos pensaban pues que Jesús, lo veían que hacía milagros, veían cómo hablaba, impactaba su personalidad, de tal manera que ellos pensaban en triunfo, en poder, en gloria; y cuando Jesús les habla de la cruz, se escandalizan. Porque fíjense como en la segunda parte del Evangelio de hoy, escuchamos cómo venían ellos en el camino a Galilea discutiendo quién era el más importante de ellos. Y Jesús seguramente se dio cuenta del tema. Ya en casa, les preguntó —¿De qué venían discutiendo? —ellos les dio pena decir el tema, pero Jesús lo sabía; y se sentó, reunió a los doce apóstoles y les dijo —El que quiera ser el primero, debe ser el último, el servidor de todos.
Qué tema tan importante hoy, queridos hermanos, porque nos habla Jesús de que el Cristiano, el seguidor de Él, debe caracterizarse por el servicio, y el servicio con amor. En la vida, en los grupos, movimientos, en el trabajo; por haber seres humanos, porque somos también limitados, a veces hay envidias; a veces hay ese deseo de ocupar un lugar, de ser el primero, como los discípulos "¿Quién va a ser el primero?". Y Jesús nos da la clave "el que quiera ser el primero, debe ser el ser de los demás".
Hoy tenemos que hacernos también un examen de conciencia, si como cristianos nos gusta servir. Hay veces que nos gusta que nos sirvan, y no no gusta servir. Por eso hay un dicho muy bonito que dice "el que no vive para servir, no sirve para vivir", es decir, qué importante es el servicio pero sin interés, el servicio con amor, por eso hoy Jesús también en el Evangelio toma un niño lo abraza y les dice que "el que recibe a un niño lo recibe a Él y no solamente a Él, sino al que lo envió a Él, es decir, al Padre".
Y un niño, una niña, que tenemos que cuidar mucho, son seres indefensos que no buscan el poder, no buscan sobresalir, y por eso les dice "deben parecerse a los niños", "el que no se haga como niño no entrará en el Reino de los Cielos".
Por eso siempre la palabra de Dios nos da retos a nosotros, preguntarnos ¿Qué tanto nos gusta servir a los demás? Qué hermoso es que, en una familia, los papás sirvan a los hijos, pero también los hijos a los papás. Qué hermoso es ver cuando en un grupo, de catequesis, de liturgia, algún movimiento, todos se preocupan porque el otro esté bien, es decir, servirlo a los demás. Y cuando uno sirve con amor, también hay mucha alegría, por eso salgamos de esta Misa con ese deseo de seguir a Jesús, porque Él es el testimonio, el ejemplo máximo, su vida fue un servicio a los demás, fue una entrega hasta dar la vida por todos nosotros en la Cruz, pero esta Cruz nos lleva siempre a la resurrección.
Que desde hoy también tengamos ganas de intensificar nuestro servicio para que los demás estén mejor, servir sobre todo aquellos que más lo necesitan.
Así sea.
Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla