Homilia del 05 de Enero del 2025

January 05, 2025


Homilia del 05 de Enero del 2025

 

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DE SEÑOR

Spes non confundit. La esperanza no defrauda. Jesucristo es nuestra esperanza.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, en esta apertura del Año Jubilar, quiero saludarles con cariño a todos ustedes, aquí presentes en nuestra catedral Corpus Christi, la iglesia madre; saludar a todos los que han venido aquí, de manera especial, también, a los psicólogos, psicólogas, que sirven en nuestra Arquidiócesis. Saludar a todas las personas que nos están siguiendo en estos momentos a través de las redes sociales, los medios digitales, en el territorio de nuestra amada Arquidiócesis de Tlalepantla, y también en algunos lugares del territorio nacional y del extranjero.

Hoy es un día muy especial para nuestra iglesia al hacer esta apertura de este año santo, jubilar. El pasado 24 de diciembre, inauguró este año, abrió la puerta, en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco; y hoy se ha abierto aquí y sobre todo tenemos que comprender que este año quiere ser un año santo, cada 25 años los papas convocan a un año jubilar. Y, ¿qué significa jubilar? Viene de una palabra hebrea yobel, que significa, que se refiere, al cuerno de carnero con el que anunciaban, los judíos, convocaban a una gran fiesta, y por eso se utilizaba ese cuerno, para escuchar, y convocar a esa fiesta para que todos participaran. También ahora, queremos que este año participemos todos, es un año, precisamente, donde se nos invita a un lema muy importante que debemos tener presentes, que la esperanza no defrauda, y que Jesucristo es nuestra esperanza. 

Aquí tenemos, en nuestra catedral, el Cristo de las misericordias, pero también hoy hemos entrado en procesión con esta Cruz, que va a durar un año aquí en este lugar, y que nos recuerda, ahí, que en 2025 estamos invitados a ser peregrinos de la esperanza, por eso en la burla, que acabamos, qué escuchamos antes de empezar la eucaristía, en el claustro, esta burla, spes non confundit, la esperanza no defrauda; el Papa Francisco dice que este año algunos participarán en el jubileo en Roma. Todos los meses hay destinatarios especiales: los jóvenes, la familia, las fuerzas armadas; donde será una celebración especial. Pero nos dice el papa, la gran mayoría no participará aquí, y entonces en cada iglesia particular, en todo el mundo, habrá ese año jubilar, ese año santo. Y aquí hoy inauguramos en nuestra catedral, pero también se indicará en otros templos de nuestra Arquidiócesis, en la Basílica de los Remedios, de manera especial; pero también en otros lugares donde se ponga la puerta santa. Jesús dice —Yo soy la puerta, pasen por mí; yo soy el camino, la verdad y la vida —. Y será un año especial, porque es un año de gracia y de bendiciones, donde esa palabra ESPERANZA es tan importante. 

Vivimos en tiempos de decepción, de desánimo, de desesperanza; pensemos nosotros en los migrantes ¿cuál es el futuro? Pensemos nosotros en los presos, pensemos en las personas que no tienen trabajo y están angustiadas para poder mantener a su familia, pensemos en los jóvenes que están alejados. Hay una gran desesperanza. Y la esperanza es algo, una de las virtudes que nos mueven, a movernos, nosotros esperamos un año mejor, y seguramente ahora en nuestras casas nos decíamos un feliz año, que sea mejor para la familia, para nuestra parroquia, para nuestra comunidad, para los más necesitamos; y la clave está en que Cristo es nuestra Esperanza. Y si nosotros nos tomamos de la mano de Cristo vamos a ser protagonistas también de un mundo mejor, un mundo donde hay danza inseguridad y violencia, pero que nosotros podemos ser artesanos de paz, constructores de paz. 

Por eso la idea central que yo quiero dejar hoy es: Jesucristo en nuestra Esperanza. Por lo cual, estamos invitados a tener un encuentro con Él, un encuentro profundo con Cristo, muerto y resucitado, un Cristo vivo; pero este Cristo, el encuentro con Él, nos lleva un cambio, a una conversión, y por eso, en este año, también es tan importante el Sacramento de la reconciliación, para cambiar de vida, para quitar lo que nos estorba, para vivir de acuerdo al mensaje de Jesús y del evangelio. Este año se ganarán indulgencias, yo pediré también que todas las parroquias se vayan dando catequesis para comprender más lo que es el año jubilar, lo que es la indulgencia. Esa conversión nos lleva a seguir a Jesús, a seguir a Jesús y también a dar esperanza a los que no tienen esperanza, porque nosotros hemos encontrado a Jesús; esa gente que está triste, que está cabizbaja, decirles que Cristo es la Salvación; es el único que no salva, y esto renueva toda nuestra iglesia. 

Estamos nosotros poniendo en práctica el Plan de Pastoral, y que cada vez más nos unamos a la construcción de una iglesia viva, una iglesia misionera, una iglesia de esperanza, una iglesia samaritana, que seamos misioneros y misioneras de Jesucristo; que en el corazón de cada uno de nosotros entre esa palabra: Jesucristo es nuestra Esperanza, y repito, si nos tomamos de su mano, podemos nosotros ser instrumentos de esperanza para los demás. 

Hoy esta fiesta que estamos celebrando, de la Epifanía del Señor, creo que es muy importante comprender cómo Jesús es la luz de todas las naciones. Apenas hace ocho días nos encontramos celebrando la fiesta de la Sagrada Familia, veíamos como el anuncio fue para los más pobres, el auncio del ángel para los pastores, aquellos pastorcitos judíos de Belén; pero ahora el mensaje es que Jesús vino a salvarnos, a toda la humanidad, a todos los pueblos, a todas las razas, a todas las naciones. Y la actitud de los reyes magos, de Melchor, Gaspar y Baltazar, es una actitud que debemos también nosotros ponerla en práctica; ser personas de búsqueda. Ellos buscaban a Dios, eran astrólogos, y algún día vieron una estrella que nunca habían visto, y siguieron la estrella hasta llegar a Belén. Y cuando vieron al niño Dios, cayeron de rodillas porque reconocieron a Jesucristo, al niño Dios, que era Dios y era hombre, era un niño, humano; y lo adoraron y le dieron los regalos.

Que también nosotros busquemos, tengamos esperanza, busquemos esa luz que es Cristo, ya conocemos nosotros porque tenemos fe, pero la fe es un regalo de Dios, y tenemos que hacer nosotros procesos, es decir, alimentar la fe, para tener un encuentro auténtico con Jesucristo que nos comprometa a cambiar nuestro mundo, a cambiar nuestra iglesia, a cambiar nuestra familia, a cambiar nuestro trabajo, el ambiente de nuestro trabajo; pero todo empieza en el corazón, porque Dios nos ha amado tanto, que nos envió a su hijo que dio la vida por nosotros, y del amor nace la esperanza.

Así sea. 

+Mons. José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla