HOMILíA EPIFANíA DEL SEñOR

December 31, 1969


HOMILíA EPIFANíA DEL SEñOR

 

“El misterio de la distribución de la gracia ha sido revelado ahora por el Espíritu”.

Dios Padre se manifestó a la humanidad por medio de su Hijo al encarnarse en el seno de María por obra del Espíritu Santo. Conocer al verdadero Dios es una gracia que se transmite primero a los Apóstoles, y a través de ellos, a todos nosotros discípulos de Cristo.

Los magos de Oriente descubren un fenómeno que atrae su curiosidad. Una estrella brillante que señala y orienta el nacimiento del esperado Mesías, Rey de los judíos. Se ponen en camino y llegan a Jerusalén, ciudad capital. Ahí buscan información, y a pesar de las torcidas intenciones del Rey Herodes, reciben la precisa indicación, que según la Escritura, el Mesías debía nacer en Belén. Luego reaparece la estrella y los guía hasta encontrar al niño Jesús, con María su madre.

Para nuestra reflexión tengamos en cuenta los siguientes elementos: Primero, el punto de partida de los Magos ha sido haber visto la estrella.  Segundo, tomar la decisión de seguirla e investigar. Tercero,  acudir a las instancias oficiales, a la autoridad respectiva. Cuarto la consecuencia del camino recorrido nos llevará a la generosidad de ofrecer oro, incienso y mirra.

Hay acontecimientos de nuestra vida que son extraordinarios y que debemos prestarles atención para descubrir en ellos la voz de Dios; ya que muchas veces los dejamos pasar sin interpretarlos. No desaprovechemos las oportunidades que se nos brindan, las luces que de pronto nos iluminan. Son nuestras estrellas.

La interpretación no la lograremos de manera fácil ni rápida, será un camino de discernimiento en el cual debemos aprovechar todas las instancias necesarias para lograr nuestra interpretación. Aunque a veces encontremos autoridades que, como Herodes, quieran manipularnos para sus intereses; sin embargo, debemos confiar como los magos, ya que no faltará la ayuda del Espíritu que orientará nuestro camino.

Cuando vayamos constatando esa presencia del Espíritu en nuestra vida experimentaremos, como los magos de Oriente al ver de nuevo la estrella, una inmensa alegría. Esta experiencia nos llevará a la generosidad de ofrecer lo mejor de nosotros por el anuncio y establecimiento del Reino de Dios. Así, seremos testigos, como el apóstol Pablo lo afirma en la segunda lectura, de la distribución de la gracia que ha previsto Dios para todos. Esa cadena de transmisión generacional para cada etapa de la historia ha dependido y seguirá dependiendo de la respuesta generosa que hagamos los discípulos de Jesucristo, es decir todos los bautizados en el nombre de La Divina Trinidad.

De esta manera el beneficio será tanto para quien anuncia el Reino de Dios como para quienes lo reciben. Por esto, la inmensa alegría para Jerusalén, que anuncia el profeta Isaías en la primera lectura, será realidad cuando nuestra respuesta se generalice a colaborar en el plan de Dios para la humanidad. La Encarnación del Verbo y la Redención del hombre van de la mano. La finalidad de la primera es lograr la segunda. Dicho en otras palabras, encarnando al Verbo (primera misión de María y ahora misión de la Iglesia) redimimos al hombre. Esto es lo que ha quedado de manifiesto con el nacimiento de Jesús y confirmado con su vida, muerte y resurrección.

Finalmente es conveniente preguntarnos: ¿Por qué lo ha planeado así Dios? No hay más que una respuesta, porque es grande e inmensa su misericordia, nos ama como a hijos y respeta la libertad del hombre porque es una condición indispensable para alcanzar la experiencia del amor.

¿Cuál es tu respuesta ahora que iniciamos el año 2016 y el año jubilar de la misericordia?

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla