HOMILíA VISITA PASTORAL SAN LUCAS ZV D1

December 31, 1969


HOMILíA VISITA PASTORAL SAN LUCAS ZV D1

 

“¿Qué nueva doctrina es ésta?”

Así reaccionaron los que presenciaron la acción de Jesús realizada tan impresionante en la Sinagoga. “¿Qué nueva doctrina es ésta? Todos quedaron estupefactos y se preguntaban qué es esto, este hombre tiene autoridad para mandar hasta los espíritus inmundos  y lo obedecen”.

Hoy día nos cuesta trabajo que nos obedezcan los niños, ––imagínense un espíritu inmundo––, la obediencia a una palabra, eso es lo que causa la sorpresa, esa es la fe de aquél hombre militar que en otra ocasión se acercó a Jesús y le decía: “no tienes que venir a mi casa, basta con que lo digas de palabra, porque así como yo le digo a uno de mis siervos “ve”, él va, y si le digo “ven”, él viene”, es decir, pone en relieve el poder de la palabra.

El texto nos dice: “este hombre tiene autoridad”, quizá más de alguna vez nos hemos preguntado; ¿Quiénes tienen autoridad? ¿Qué tipo de personas son aquellas que para nosotros nos infunden una autoridad? Hay varios elementos que le dan esa característica a una persona, por ejemplo, si es una persona inteligente que cuando pide algo lo razona y dichos razonamientos nos convencen, tienen capacidad de convencer, ésta es una manera de ganarse la autoridad ante los demás.

También nos llama la atención aquella persona que además de decir las cosas de manera razonable, las pone en práctica y nos dice cómo debemos realizarlas, por ejemplo, una buena cocinera, una buena chef, nos da una receta donde nos explican los pasos para elaborar un rico guisado y nos dice cómo se elabora y sabemos que si seguimos las instrucciones obtendremos un exquisito plato, es decir, tiene autoridad y la obedezco.

También aquellas persona que vemos que lo que nos dicen lo hacen ellas mismas, es decir, existe una coherencia entre el decir y el hacer, esa es otra característica que nos permite descubrir autoridad en una persona.

Este tipo de autoridad que normalmente llamamos; ––autoridad moral––, es decir, no se gana por una elección democrática, no se gana por un voto de confianza tampoco se gana por un oficio que se desempeña, si no que se gana por que ¡convence!. Una persona con autoridad moral es aquella a quien aceptamos como autoridad y por ello tomamos en cuenta su palabra, sin embargo, hay algo más en Jesucristo que nos presenta este texto, ––sin descartar los anteriores––, Jesús tiene esas tres características que hemos descrito, además hay otra, que en ocasiones pasamos desapercibida, y este texto del Evangelio nos la presenta de una manera sutil, cuando dice: “este hombre tiene autoridad para mandar hasta los espíritus inmundos y lo obedecen”.

––Con razón se sorprendieron quienes estaban ahí presentes––. Si es difícil ganarse esa autoridad moral ante los demás, con mayor razón ganarse la autoridad espiritual, ¿a qué se debe? ¿Cómo logró Jesús esta autoridad? No se trata de una nueva doctrina como lo expresan inmediatamente los sorprendidos de ese momento que estaban viviendo, se preguntan: “¿qué nueva doctrina es ésta?”, ¡no es una doctrina!, es una persona que ha desarrollado una relación de intimidad con Dios, ––como lo refiere en otros momentos el Evangelio––, “Jesús, se iba a lugares solitarios y oraba”, “Jesús, se dirigía a Dios como a su Padre”, es decir, Jesús, fue desarrollando una relación cercana, intima con Dios, con el Espíritu más grande que puede existir.

Cuando nosotros abrimos nuestro interior a Dios y dejamos que entre en nosotros, tal y como lo hizo Jesús, no se sorprendan, seremos capaces también de mandar los espíritus aun inmundos y nos obedecerán, ––claro, la condición es ese desarrollo de intimidad con Dios–––.

En la primera lectura, encontramos un ejemplo de que no solamente Jesús lo hizo, ––claro está que él lo hizo de una manera grande como ningún otro hombre lo ha desarrollado en la tierra, además, esto nos ayuda a tenerlo por modelo––. También una mujer del pueblo, Ana que había recibido burlas, se reían de ella porque no había podido tener hijos, ––en aquel tiempo el no tener hijos se consideraba un castigo de Dios––. Sube al templo, oró hasta las lágrimas, oró desconsoladamente pidiéndole a Dios un hijo, Elcaná, quien era su esposo, le pregunta “¿Por qué lloras y no quieres comer? ¿Porqué esta triste tu corazón? ¿Acaso no valgo yo para ti más que diez hijos?”.

Sin embargo, ella quería un hijo, se dirige al templo y llora ora insistentemente, llora, la ve el sacerdote Elí y se acerca, la ve, la contempla y piensa que esta borracha, mueve la cabeza, mueve los labios, y ella inmediatamente responde: “no estoy borracha, estoy triste porque no he podido tener un hijo y se lo he venido a pedir a Dios” a lo que Elí añade: “vete en paz y que el Dios de Israel te conceda los que le has pedido”.

Ella creyó en esa palabra del sacerdote y hoy la lectura nos dice que: “Ana dio a Luz un hijo y le puso por nombre Samuel que quiere decir, al Señor se lo pedí”. La fuerza del espíritu de Ana que se abrió en oración sincera y de corazón, que no le dio vergüenza ni pena decir su oración, ni decir lo que deseaba a su esposo, al sacerdote, a quien se lo preguntaba, ese es mi anhelo, eso es mi deseo, eso es lo que le pido a Dios y abrió su espíritu a la acción de Dios y Dios le concedió su suplica.

Cuando crecemos con toda confianza en esta relación con Dios y cuando compartimos con los demás lo que pensamos, lo que creemos, lo que anhelamos, lo que deseamos de Dios, él, si es su voluntad, si está dentro de su proyecto, sin duda nos lo concederá. Por eso es ese diálogo con los demás, tan necesario porque ese es un discernimiento, para poder ver si lo que le estamos pidiendo a Dios es lo que él quiere.

Esa es la autoridad espiritual y es la capacidad de poder llevar a cabo estas ilusiones y hacerlas realidad como Iglesia. Por ello oramos en comunidad, por eso venimos al templo y celebramos la Eucaristía, por eso estamos promoviendo estas pequeñas comunidades a la luz de la Palabra de Dios para compartir la vida y poder discernir qué es lo que Dios quiere para nosotros y cuando descubrirnos lo que Dios quiere y se lo pedimos, lo ponemos en manos de Cristo en la Eucaristía, en esta figura del pan y del vino que se trasforman en presencia de Cristo, nuestra suplicas se regresarán y serán una realidad en nosotros.

Que el Señor nos ayude a crecer en este espíritu de fe, en esta sinceridad de corazón, que nos ayude a realizar ese discernimiento necesario para purificar y saber qué es lo que Dios quiere que le pidamos, hagámoslo así con mucha confianza en esta Eucaristía. Que así sea.

 + Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla