HOMILíA III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

December 31, 1969


HOMILíA III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

“Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros”

Hoy la liturgia nos presenta el Evangelio de San Lucas para nuestra reflexión de este domingo. Es interesante que en el inicio el evangelista haga referencia a que ya otros han puesto por escrito lo que él tratará de hacer, es decir se suma a esa finalidad de dar a conocer lo que han visto  y oído, lo que ha sucedido entre nosotros.

Lo primero que quiero resaltar es esta intención de Lucas, ––así como también fue la intención de los otros tres evangelistas––, fue una intención decidida de forma personal, ¿qué hubiera sido si estos apóstoles no hubieran escrito los evangelios? ¿Cómo conoceríamos a Jesús?, sería muy difícil, hoy estamos 21 siglos después de lo sucedido y tenemos estos testimonios por escrito que nos ayudan a entrar no solamente en el contenido de las cosas que pasaron, sino de entender que a partir de esas cosas Dios se ha manifestado a todas las generaciones siguientes, más aún, Dios quiere seguirse manifestando entre nosotros. Nuestra actitud ante esto es de acción de gracias a Dios por la labor que tuvieron estos evangelistas, como dice: “Yo también después de haberme informado minuciosamente de todo, pensé en escribirte, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado”.

No solamente tuvieron una respuesta positiva a lo que movió el Espíritu en ellos para escribir los evangelios, sino para hacerlo acorde a la verdad y para ayudarnos a que lo que creemos lo constatemos en estos hechos que se encuentran escritos en estos cuatro evangelios. 

Les invito a agradecerle a Dios la respuesta de los evangelistas, al mismo tiempo también hay que descubrir qué es lo que mueve el Espíritu en nosotros y que debemos transmitir a los demás, así como ellos respondieron a esta llamada del Espíritu, nos viene a beneficiar nuestra fe después de tantos siglos, también nosotros debemos cuestionarnos; ¿qué dejo a los demás? Muchas veces pensamos en nosotros mismos, sólo en descubrir cómo creo, en qué consiste mi fe y cuál es mi respuesta, pero se nos olvida que la trascendencia de mi respuesta, es también para los demás, no es sólo para mí.

El segundo punto para nuestra reflexión, lo encontramos en el texto del Evangelio nos presenta a Jesús en su tierra, en la sinagoga, se levanta, le dan la posibilidad de realizar la lectura, escoge el texto del profeta Isaías y lo lee, “el Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”, una vez terminado dice: “hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la escritura que acaban de oír”.

Esto lo dice el profeta Isaías de sí mismo, es el profeta quien experimentó que el Espíritu del Señor estaba sobre él y dedicó su vida a eso, a anunciar la Buena Nueva, anunciar luz para quien no ve, anunciar liberación para el que está cautivo y para quien está esclavizado. Sin embargo, Jesús no sólo recuerda lo que pasó el profeta Isaías, sino que dice con toda claridad: “ahora estoy yo en Nazaret y soy también un profeta y el Espíritu del Señor está sobre mí”. ¿A qué nos invita esta acción inicial del ministerio de Jesús? A que cuando escuchemos, meditemos la Palabra de Dios,  veamos que resuena en nosotros, es decir, qué nos identifica con esta Palabra, para así descubrir lo que el Espíritu mueve en nosotros, no es simplemente la lectura de los Evangelios para que sepamos la historia de Jesús, sino que es para que descubramos que el Espíritu que movió a Jesús, mueve ahora también en nosotros para bien de su Iglesia. Esta es una gran riqueza de nuestra fe, a todos y cada uno de nosotros Dios le habla y le tiene un proyecto, le tiene una vocación, le da una misión, preguntémonos: ¿Cuál es la mía?

Finalmente un tercer punto para meditar, en la segunda lectura Pablo nos dice que así como funciona el cuerpo, funciona el cuerpo de Cristo, es decir, nosotros somos este cuerpo, unos son cabeza, unos ojos, otros oídos, otros pies, otros brazos, sin embargo, todos nos necesitamos. La misión de la Iglesia no la puede hacer una persona, por más que sea, el Obispo, el Cardenal o el mismo Papa, los párrocos, las religiosas, necesitamos brazos, piernas, ojos, oídos, nariz, cabeza, el cuerpo nos necesita a todos y si alguien sufre, el cuerpo también sufre con este miembro.

Esta doctrina del cuerpo de Cristo nos hace ver que no podemos quedarnos sin responderle a Dios en el proyecto de vocación que tiene para cada uno de nosotros, nos necesitamos y la Iglesia sólo será capaz de anunciar el Evangelio de Cristo si todos respondemos positivamente al Señor, es decir, se podrá anunciar la Buena Noticia a esta sociedad ensangrentada, a esta sociedad llena de violencia, llena de inseguridad, colmada de injusticias, desigualdades, sólo si todos descubrimos nuestra vocación y realizamos nuestra misión.

Para eso es la Palabra de Dios, así como Jesús dijo: “hoy se ha cumplido esta palabra”, ¿cuál es nuestra respuesta? ¿Estoy dispuesto a responderle a Dios? ¿Quiero responderle como un buen testigo de Jesús? En torno a estas preguntas podemos reflexionar durante este día y esta semana, será una grande alegría para todos y cada uno de aquellos que descubran que el Espíritu de Dios los acompaña, “¡el Espíritu del Señor está sobre mí!”. Que así sea. 

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla