HOMILíA MIéRCOLES DE CENIZA

December 31, 1969


HOMILíA MIéRCOLES DE CENIZA

 

“Dios lo hizo pecado por nosotros” 

Esta afirmación del apóstol San Pablo es de suma importancia, al mismo tiempo es una afirmación que necesita un esclarecimiento de lo que significa “pecar”, San Pablo dice: “al que nunca cometió pecado Dios lo hizo pecado por nosotros”.

Si entendemos por pecado la falla de nuestra conducta a uno de los mandamientos de la ley de Dios o de la Iglesia, tal y como lo hemos aprendido desde niños, entonces no entenderemos esta afirmación de San Pablo, quedándonos en una reducción muy simplista de lo que en realidad es el pecado. El pecado no es fallar a una ley, el pecado no tampoco fallar a una norma, el pecado es permitir que el mal se exprese a través de mi conducta con la conciencia de que no deberíamos hacer eso. Es decir, Dios nos ha tomado como hijos y desde el inicio de nuestra vida cristiana, desde el bautismo, Dios tiene un proyecto para cada uno de nosotros, donde espera nuestra colaboración para establecer el Reino de Dios.

Por el Bautismo entramos en una íntima comunión con él, como la de un Padre hacia su hijo, el pecado es romper esa comunión, el pecado es esa fractura en la que no acepto ser hijo de Dios y le doy  través de mi conducta, la posibilidad al mal de hacerse presente en el mundo. Por ello el pecado es la expresión de esa presencia del mal en nosotros que nos daña personalmente y así, dañamos a los que están con nosotros, con quienes nos relacionamos. Es importante entender así el pecado para poder entender esta afirmación de San Pablo: “al que nunca cometió pecado Dios lo hizo pecado por nosotros”, ahora si lo entendemos, Jesucristo nunca permitió la entrada del mal a través de su persona, fue un hijo fiel que buscó siempre hacer la voluntad de su Padre, que buscó expresarla en su conducta todos los días, nunca falló, nuca cometió pecado, pero: "Dios lo hizo pecado", es decir, él si recibió el daño de la presencia del mal de quienes lo rodeaban.

Por eso, el Hijo, sufre y tiene esa terrible pasión hasta el grado de ser crucificado, “Dios lo hizo pecado”, él es dañado, es víctima del pecado. San Pablo continua diciendo: “lo hizo pecado por nosotros para que unidos a él recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos”, Cristo es el camino, sólo en comunión con Cristo podemos evitar el pecado, la presencia del mal en nosotros o a través de nosotros, y aunque muchas veces evitemos el pecado, eso no significa que no nos dañará el mal, también a nosotros nos llega el daño del pecado de los demás y así como Jesús lo aceptó y lo vivió en la confianza absoluta de que su Padre le daría la fortaleza para afrontarlo, así el discípulo de Cristo también tiene que aceptar ser pecado, es decir, ser dañado por el mal.

Sólo en Jesucristo, con Jesucristo podremos ser redimidos, rescatados de esas consecuencias terribles que causa la presencia del mal entre nosotros en sus distintas formas. De ahí que con esta afirmación tan fuerte e importante, San Pablo da un mensaje diciendo: “en nombre de Cristo les pedimos que se dejen reconciliar con Dios”. Para que ustedes los discípulos de Cristo, no sean discípulos del mal, del diablo, de aquellos que extienden el mal en perjuicio del prójimo, déjense reconciliar con Dios porque así unidos a él recibiremos su salvación. Continua diciendo: “los exhortamos a no echar su gracia en saco roto”. Hoy es el tiempo favorable, hoy es el tiempo de la salvación, aprovechémoslo, para eso es la cuaresma; para revisar nuestra conciencia, nuestra comunión con Dios. Si estamos en comunión con Dios somos auténticos discípulos de Cristo. ¿Cómo podemos descubrir que estamos en comunión con Dios?

El Evangelio nos da una Pauta, no es la única, sin embargo, es la más importante, nos dice: "que cuando actuemos no lo hagamos para quedar bien con la gente que nos rodea sino teniendo en cuenta que Dios nuestro Padre ve en lo secreto", es decir, es indispensable estar en oración, en intimidad con el Señor, para tener la conciencia de la presencia permanente de Dios en nuestra vida. Dios todo lo ve, todo lo escucha, todo lo sabe, nuestro Padre está esperando que sigamos el discipulado de Cristo y se alegra cuando le respondemos favorablemente. Así con nuestra conducta podemos revisar si vamos por el buen camino, para eso nos sirven las leyes y las normas, son una referencia, una ayuda para que no nos engañemos simplemente con nuestro deseo, pero que dista mucho de nuestra realidad. ––Estando en comunión con Dios, no lo estamos porque seguimos haciendo mal––, las leyes, las normas nos ayudan a tener una referencia, son un  parámetro, pero el pecado no es romper la ley, sino el pecado es romper la comunión con Dios.

Que con esta palabra de San Pablo y esta pauta que nos brinda el Evangelio, recorramos este favorable tiempo de cuaresma, para purificar nuestro corazón, para saber si lamentablemente descubrimos que no estamos en comunión con Dios, recurramos al sacramento de la confesión donde la misericordia de Dios nos dice: “tu Padre que ve en lo secreto y sabe lo que has hecho, te perdona” y tiene confianza y esperanza porque estarás en comunión con él y espera que te mantengas en esa comunión.

Si vemos que no hemos roto la comunión con Dios, también hay detalles que sin romper la comunión con Dios perjudica el seguimiento a Cristo, nuestras tendencias que en ocasiones descuidamos, nuestros afectos, nuestros sentimientos, que no llegan a ser un pecado mortal, ––ese que nos lleva a la muerte, que rompe la comunión con Dios––, sino, un pecado venial, ––fallas de nuestra naturaleza humana, limitaciones, fragilidades que lamentamos pero que no nos hacen romper la comunión con Dios––, este tiempo de la cuaresma es también; tiempo para purificar nuestro corazón para ser el mejor discípulo que el Señor espera de nosotros.

Con toda confianza podemos pedirle al Señor, que nos permita mantenernos siempre en comunión con él y que nos dé la gracia para desarrollar  en nuestra vida los valores del Evangelio, que proclaman y expresan el Reino de Dios, para que no sea el mal que transmitamos, sino el bien que quiere hacer a través de nosotros a todos nuestros hermanos. Que así sea.

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla