HOMILíA DOMINGO DE RAMOS

December 31, 1969


HOMILíA DOMINGO DE RAMOS

 

“Simón, Simón, Yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca.”

Para nuestra reflexión en torno a la pasión del Señor según el Evangelio de San Lucas, tomaremos la persona de Simón Pedro en dos bellos momentos que aparecen en este relato de la pasión que acabamos de escuchar.

Jesús le dice a Pedro: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo, pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”. Jesús es consciente de que el momento de entregar su vida ha llegado, esta entrega de su vida la hace confiando en Dios su Padre, él será objeto del mal, de satanás, ––como lo menciona el texto––, la explosión del mal que se da en la humanidad también va a tocar a Jesús, para eso fue enviado, para mostrarle al ser humano que ante el mal tiene que recurrir a la oración, ante Dios y a la solidaridad fraterna con los demás para ser fortalecido y auxiliado.

Estos dos elementos los encontramos en el diálogo entre Pedro y Jesús; “Simón, Simón, mira que Satanás te va a zarandear junto con los demás apóstoles, como al trigo, pero yo he orado por ti, Jesús le garantiza la oración por ellos y le dice claramente, “para que tu fe no desfallezca”, es decir, para que no se apague tu fe. Cuando nos dirigimos ante Dios, cuando somos víctimas del mal, de la agresión, de la violencia, no vamos a ser liberados sin que nada nos pase, seremos fortalecidos para afrontar lo que nos pasa.

Esta es la enseñanza que nos da este momento de la pasión de Jesús, él mismo va a ser zarandeado, pero como lo hemos escuchado en la oración que elevó a su Padre en el huerto de los olivos donde dice; “si es posible que pase esto, pero si no, que se haga tu voluntad”, está es la actitud de Jesús y la quiere transmitir a sus discípulos. Es bellísimo encontrar que Jesús no sólo piensa en él, también está pensando en los suyos, en su Iglesia que inicia con los apóstoles, está pensando en nosotros, ––su Iglesia––, cuerpo de Cristo, nosotros por el bautismo somos el cuerpo de Cristo, él nos acompaña, ora por nosotros y dice a Pedro: “una vez convertido confirma a tus hermanos”.

Pedro recibe está misión tan importante para confirmar a sus hermanos, a la luz de este pasaje podemos entender lo que significa la visita del Papa Francisco, ––sucesor de Pedro––, a nuestra patria. El Papa tiene esta misión que se ha ido continuando a lo largo de los siglos: “confirmar a los hermanos”, por eso hemos escuchado al Papa con palabras de aliento, con palabras que suscitan en nosotros esperanza y palabras que nos invitan a confiar en Dios a seguir el ejemplo de Cristo y a dejarnos conducir por el Espíritu Santo.

Para que nosotros también tomemos conciencia de nuestra propia situación, podemos mirar cómo le responde Pedro en este mismo pasaje: “Señor estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte”, también nosotros tenemos muchas veces la buena voluntad de responder positivamente a los problemas y conflictos que se nos presentan, sólo buena voluntad, ––quisiéramos––, tal y como escuchamos a Pedro. Jesús le advierte: “Pedro antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces”.

Pedro, atemorizado al escuchar a quienes lo identificaban como un discípulo de Jesús, lo niega, “una criada se le quedó mirando y dijo: “Éste también estaba con él”. Pero él lo negó diciendo: “no lo conozco mujer”. Poco después lo vio otro y le dijo: “Tú también eres uno de ellos”. Pedro replicó, “¡Hombre, no lo soy!”. Y como después de una hora, otro insistió: “sin duda que éste también estaba con él, porque es Galileo”. Pedro contestó; “¡Hombre, no sé de qué hablas!”. Todavía estaba hablando cuando cantó un gallo.  Y en ese mismo instante el Señor volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó de las Palabras que el Señor, le había dicho: “antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces”, saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.

Vemos entonces que muchas veces nuestra “buena voluntad” no es suficiente, estamos bien dispuestos, pero no nos alcanza para poder afrontar nuestras situaciones donde vemos que el mal se ha hecho presente, tenemos que tocar la fragilidad de nuestra propia persona, tenemos que reconocer una y otra vez que necesitamos el auxilio de Dios en nuestra vida.

De ahí la importancia de la oración, “Yo he pedido por ustedes”, Pedro también debió haber pedido por él, en una reciproca oración, recordemos cómo constantemente el Papa Francisco pide: “oren también por mí”, es consciente de su fragilidad, no es un súper hombre, es un hombre como nosotros que se cansa, se agota, pero que está realizando su misión confiando en Dios. Él ora por nosotros, pero necesita que nosotros oremos también por él.

Esa misma actitud la necesitamos entre nosotros; el esposo por la esposa y viceversa; los padres de familia por sus hijos y los hijos por sus padres; los vecinos unos por otros, por los amigos y por los enemigos, Jesús en el momento del suplicio pronunció dijo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen", están haciendo daño, ––es verdad––, sin embargo, hay que orar y hay que estar solidariamente apoyándonos, para eso somos Iglesia, para eso somos comunidad.

Por eso hemos venido hoy aquí, a confortarnos con la presencia de Cristo salvador, a pedirle que opere en nosotros la transformación a la que estamos llamados, a ser discípulos de Jesucristo fortalecidos en el Espíritu como comunidad, para ayudarnos a afrontar el mal que aparece en medio de nosotros. Sólo así podremos responder al mal a fuerza de bien, ––como lo dice San Pablo––.

Pidámosle a Dios que como Iglesia, nos haga ese discípulo de quien el profeta Isaías hace referencia en la primera lectura, “que cada mañana escucha la Palabra y la pone en práctica”. Que seamos esa comunidad de discípulos de Cristo que Dios quiere para esta Iglesia de Tlalnepantla. Que así sea.

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla