HOMILíA V DOMINGO DE PASCUA

December 31, 1969


HOMILíA V DOMINGO DE PASCUA

 

“Ésta es la morada de Dios con los hombres”.

Así hemos escuchado en la segunda lectura que ha sido proclamada en este V Domingo de Pascua, ésta nos presenta la visión donde el apóstol Juan nos da a conocer el proyecto de Dios para la humanidad. “Un cielo nuevo, una tierra nueva”, es decir, una manera distinta de relacionarnos con Dios y entre nosotros, afirma: “ésta es la morada de Dios con los hombres; vivirá con ellos como su Dios y ellos serán su pueblo. Dios les enjugará todas sus lágrimas y ya no habrá muerte ni duelo, ni penas, ni llantos, porque ya todo lo antiguo terminó”.

Con estas palabras es descrito el proyecto que Dios tiene para nosotros, en ocasiones podemos pensar que esto es para cuando nos muramos, ––para la otra vida––, sin embargo, el apóstol es claro, dice inmediatamente: “el que estaba sentado en el trono”, ––el cordero que venció la muerte, Jesucristo––, “dijo: “Ahora yo voy hacer nuevas todas las cosas”.

Con ello nos está indicando que esta creación nueva, esta manera nueva para la humanidad ya comenzó en Jesucristo, desde el momento de su llegada, de su encarnación, de su muerte y resurrección, ha comenzado la nueva creación.

Es verdad que cada uno de nosotros seguimos teniendo la experiencia de penas, de muerte, de llantos, de situaciones difíciles, a este respecto el apóstol Juan nos dice que ya no se darán, además; “serán enjugadas todas nuestras lágrimas”. Es verdad que en nuestra sociedad constatamos que estamos distantes de esta nueva creación, ésto ya lo decía el apóstol Pablo en la primera lectura, en su predicación afirmaba que: “hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.

Esta nueva creación en plenitud tal como se describe en el libro del Apocalipsis la veremos al final de los tiempos, pero ya empieza desde nuestra vida terrestre. En medio de las tribulaciones se puede ir ingresando a la experiencia del Reino de Dios. Ésto es lo que constata el mismo Jesús en el Evangelio, al decir: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él”.  

"Glorificar", significa manifestar la presencia de Dios, es decir, que podamos descubrir que Dios camina con nosotros. Jesucristo fue un instrumento de la glorificación, ––dio a conocer la presencia de Dios en el mundo––, y precisamente expresa al acercarse el momento de entregar generosamente su vida, así nos enseña que es a través de las mismas tribulaciones, a través de la misma pasión y muerte, Jesucristo glorifica a Dios.

Aquí podemos entender que en este proceso, en el que se va construyendo y edificando esta nueva creación de Dios, se realiza a través de las mismas tribulaciones y dificultades de nuestra vida. Son esas situaciones difíciles las que nos hacen descubrir que el Espíritu de Dios está en nosotros, por eso afirma: “ésta es la morada de Dios con los hombres”.

Lo que Jesucristo nos ha venido a dar es el camino para que aprendamos, que a través de lo que vivamos, el Espíritu de Dios nos acompaña, y nos da el mandamiento, al que siempre debemos atender y tomar en cuenta, dice Jesús: “les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado”, no es simplemente que nos amemos unos a otros a nuestra manera, incluso muchas veces egoístamente, haciendo cada uno su propio concepto de amor. ¡No!, no es así, nos dice claramente: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”.  

¿Cuál es la forma como nos ha amado Jesús?, ¡sirviéndonos!, esta es la forma como él se entregó, poniendo su vida al servicio de sus discípulos y de la humanidad, ¡este es nuestro camino!

Si recorremos así nuestra vida, por este amor, al estilo de Jesús: “reconocerán los demás que ustedes son mis discípulos”. Éste es el camino para construir esta morada de Dios con nosotros y generar este cielo nuevo y esta tierra nueva. Esto mismo es lo que celebramos en la Eucaristía, es lo que celebramos en la vida cuando servimos, cuando amamos al estilo de Jesús.

Ésta es la invitación que nos hace hoy la Palabra de Jesús; descubrir que él se hace presente en la Eucaristía a través de su Palabra, nos está hablando, además se hace presente a través del pan de vida para nuestro alimento, para nuestra fortaleza, para que experimentemos que vamos en este proceso, que estamos en el camino de vida hacia la plenitud de la nueva creación.

Preguntémonos ¿con qué actitud hemos venido a esta Eucaristía? ¿Con qué actitud escucho su Palabra? ¿Con qué actitud me acerco a la comunión sacramental o a la comunión espiritual? Que así sea.

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla