HOMILíA MARTES DE LA VI  SEMANA DEL TIEMPO PASCUAL

December 31, 1969


HOMILíA MARTES DE LA VI  SEMANA DEL TIEMPO PASCUAL

 

"Les conviene que me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Consolador”.

Estamos ya en esta VI semana de la Pascua y los textos de la Sagrada Escritura, va mostrando la importancia de recibir el Espíritu Santo, va disponiéndonos hacia Pentecostés. Esta despedida de Jesús de la que habla el Evangelista Juan, sin lugar a dudas, causó tristeza y había un dolor humano natural, cuando Jesús les dice que se va.

Ante ese anuncio, que seguramente hemos vivido muchas veces en nuestra vida,  ya sabemos lo que son las despedidas y sabemos que siempre es triste, sin embargo, en la fe encontramos la esperanza, Jesús dice: “les conviene que me vaya porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Consolador”, es decir, no tendremos esa experiencia de ser consolados.

El consuelo es una acción propia del Espíritu Santo, por ello cada vez que experimentamos una situación adversa o injusta, o tal vez podemos encontrarnos ante una situación que no es de nuestro agrado, tenemos que recordar estas palabras de Jesús. ¿Cuál es el consuelo que ofrece el Espíritu? Es la presencia de Dios, es lo único que puede consolar al hombre en sus tristezas, en sus decepciones, en sus angustias, en sus dramas y en las despedidas también, por ello, la presencia divina, la intimidad con Dios, son un verdadero regalo que nosotros experimentamos.

Nuestras tristezas son producto de las circunstancias humanas, que se van dando en la historia de nuestras vidas y son expresión de nuestros aferramientos a personas, a casas, a la familiaridad de las actividades; y cambiar permite ser consolados, es decir, ayuda a descubrir que estos aferramientos no dejan ver que Dios está con nosotros, ésta es la máxima alegría que puede tener un ser humano, para esto hemos sido creados.

Por ello, esta Palabra del Evangelio está muy en consonancia con lo que ahora nos acontece, despedimos oficialmente a las Hermanas que sirvieron durante mucho tiempo a esta Arquidiócesis en la persona de Don Ricardo Guízar. Jesús dice también: “su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas desde el primer día, pero vendrá el Consolador”.

En la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, descubrimos que en ocasiones aun situaciones de injusticia provocan la oportunidad de dar a conocer a Dios. Pablo y Silas fueron arrestados por envidia. Esta es una realidad de injusticia, porque la envidia no es razón para que los metieran a la cárcel.

A eso de la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración, cantando himnos al Señor, y los otros presos los escuchaban. De pronto sobrevino un temblor tan violento, que se sacudieron los cimientos de la cárcel, las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó, y al ver las puertas de la cárcel abiertas de par en par, pensó que los presos se habían fugado y sacó su espada para matarse. Pero entonces Pablo le gritó: “No te hagas ningún daño; aquí estamos todos”.

Veamos el cambio tan fuerte que se da en el carcelero, de pensar en suicidarse, ––es lo último que se le vienen en mente a una persona que esta angustiada, a una persona desesperada––, cuando “Pablo le gritó: “No te hagas ningún daño; aquí estamos todos”. El carcelero pidió una lámpara, se precipitó hacia dentro, y temblando, se arrojó a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó de ahí y les preguntó: ¿Qué debo hacer para salvarme?" La presencia de Pablo y Silas que aceptaban  el encarcelamiento, conmueve a este carcelero al punto de pasar de su decisión de quitarse la vida, a buscar la vida.

De inmediato preguntó: ¿Qué debo hacer para salvarme? Ellos le contestaron: Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y tu familia. Y le explicaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. El carcelero se los llevó aparte, y en aquella misma hora de la noche les lavó las heridas y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Después los invitó a su casa, les preparó la mesa y celebraron una fiesta familiar por haber creído en Dios.

Una situación de injusticia vivida en la fe, provoca vida y es una maravillosa oportunidad para hablar del verdadero Dios. Cuando vivimos estas situaciones, jamás nos pasa esto por la cabeza, ahorita las contemplamos con más serenidad y calma, sin embargo, hay que tenerlo bien claro, y sobre todo, hay que tenerlo presente siempre, porque ya hemos pasado estas situaciones; pero no estamos exentos de volverlas a vivir, y tenemos que tener esta confianza en el Señor, de que el Consolador no nos faltará.

Pidamos al Señor por esta comunidad que hoy despedimos oficialmente con esta celebración Eucarística, llenos de gratitud por el servicio que realizaron al acompañar a la cabeza de esta Iglesia de Tlalnepantla durante trece años en el ministerio episcopal de Don Ricardo Guízar, y posteriormente siete años más en el que Don Ricardo nos dio un ejemplo, de cómo vivir la fe cuando se deja el ministerio activo y cuando se acepta la voluntad de Dios.

También pidamos al Señor por el eterno descanso de Don Ricardo, y por estas hermanas Misioneras Reparadoras de los Dolores de la Santisima Virgen, que con tanto cariño sirvieron durante casi 20 años, a quien fuera el segundo Arzobispo de Tlalnepantla. Que así sea.

 + Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla