HOMILíA IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

December 31, 1969


HOMILíA IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo.

En este domingo las tres lecturas tienen algo en común, lo descubrimos fijándonos en la relación entre los mismos miembros de la comunidad y la actitud que expresan hacia los extranjeros, hacia aquellos que están confundidos, es decir, la importancia de las relaciones humanas para el encuentro con Dios, profundicemos en ellas.

En la primera lectura vemos que Salomón al construir el Templo, pide en oración a Dios que sirva no solo a su pueblo, sino también a los extranjeros y esta oración fue atendida por Dios mismo, de hecho, una reina de las más importantes de la época visitó el Templo de Salomón, la Reina de Sabá.

En la segunda lectura Pablo hace una fuerte llamada de atención a quienes están dejándose perturbar y entran en una gran confusión respecto al Evangelio que había predicado, se dirige a la comunidad de los Gálatas. Además con su palabra los invita a recordar el momento en el que conocieron a Cristo.

En el Evangelio vemos cómo los jefes de la sinagoga se acercan a Jesús para interceder en favor de un oficial Romano, evidentemente era considerado extranjero del pueblo, y Jesús atiende este ruego.

En las tres lecturas identificamos que las relaciones humanas, cuando están orientadas a descubrir nuestra relación con Dios se vuelven enriquecedoras, son la manera como Dios realiza su intervención con nosotros. De ahí la importancia fundamental de construir relaciones humanas positivas; esto es lo que necesita nuestra sociedad, lo cual debemos fomentar y procurar cada uno de nosotros. Esto lo vemos con mucha claridad en las palabras del Oficial Romano al ver la disposición de Jesús al momento de atender su necesidad, le dice: basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará salvo.

 ––Creer en la Palabra––, hay muchos que desprecian el diálogo porque creen que no conduce a nada, sin embargo, el diálogo planteado desde la sinceridad conduce no solamente a buenos frutos, sino que nos llevará a Dios mismo; éste es el camino de la fe. Por ello es de vital importancia fomentar el diálogo desde la familia, entre el esposo y la esposa, no suponer nada, más bien clarificar todo con el diálogo; entre padres e hijos, entre vecinos , entre amigos y entre los miembros de la comunidad cristiana.

Les invito a descubrir en estos textos, cuál es el itinerario del diálogo que se va desarrollando en ellos. En las tres lecturas vemos que poniendo en práctica el diálogo, sea con los demás o sea con Dios en la oración, podemos alcanzar a quienes están más distantes de nosotros gracias al testimonio.

El primer paso de este itinerario es el testimonio, es decir, dar testimonio de ser personas positivas, que sabemos relacionarnos para el bien. Este testimonio atrae, es fuerte, de tal manera que provoca el acercamiento de otros a nuestro estilo de vida.

El segundo paso es que estas relaciones humanas bien llevadas, conducen con gran facilidad al diálogo con Dios, conducen a la oración. Por eso, cuando sientan que no tienen nada que decir a Dios, pregúntense, ¿estaré llevando bien mis relaciones con los demás? Porque cuando las llevamos bien, descubrimos los frutos que hacemos, y agradecemos a Dios, decimos: ¡gracias Dios mío!, porque me siento muy contento de compartir con mi familia, con mis vecinos, con mis hijos, con mi esposo, con mi esposa. Así el diálogo no solo es palabrería vana, sino que se vuelve testimonio de cómo Dios interviene en nuestras vidas, eso nos lleva al tercer paso.

La experiencia de fe, de esta manera, entramos en una experiencia fuerte, intensa, constante de nuestra relación con Dios, no es el mucho rezar, ––aunque es muy bueno hacerlo––, pero no por mucho rezar entraremos en una experiencia de relación íntima y provechosa de gran paz en nuestro corazón. La relación con Dios se va haciendo cada vez más sensible, vamos descubriendo que verdaderamente está en medio de nosotros, que es cercano, que está vivo y es operante, en la medida en que voy reconociendo lo que Dios va haciendo en mi vida.

Así nuestra fe crece, se desarrolla y se hace fuerte. Entonces el itinerario es: testimonio en las buenas relaciones entre unos y otros, pasar a la oración como diálogo con Dios, y con ello desarrollaremos experiencia de fe.

Esto es lo que aprendemos a raíz de estas lecturas, a través de esta enseñanza podremos, ––como lo hizo Salomón, Pablo y el mismo Jesús––, llegar y tocar el corazón incluso de extranjeros, de gente que no conoce la fe, para que pueda acercarse y descubrir el tesoro que tenemos de nuestra fe católica en Jesucristo.

Les exhorto a que juntos pongamos en el altar del Señor, al ofrecer el pan y vino, alguna pequeña cosa que en esta semana nos permitió mirar cómo Dios ha estado con nosotros y agradézcanle diciendo: ¡Señor gracias porque te puedo percibir en mi vida! Que así sea.

 + Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla