HOMILíA JUEVES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. VISITA A LAS HERMANAS MISIONERAS DE JESúS HOSTIA

December 31, 1969


HOMILíA JUEVES DE LA XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. VISITA A LAS HERMANAS MISIONERAS DE JESúS HOSTIA

 

Eliseo quedó lleno de su espíritu.

En la primera lectura del día de hoy, encontramos un panegírico de la figura de Elías, ––con este personaje nace el profetismo en Israel––, esta frase tan pequeña: Eliseo quedó lleno de su espíritu, deja una gran enseñanza.

Podemos quedarnos en la contemplación de la figura de Elías, que en sí misma es atractiva; sin embargo, observemos que Eliseo compartió la vida con Elías y que ese compartir le permitió tener el mismo espíritu de Elías. ¿Podemos transferir nuestro espíritu a otro? De inmediato sabemos que no, sino que el camino es compartir la misma vida. No se trata pues, de heredarle o robarle el espíritu al otro, sino de desarrollar el propio espíritu a imagen y semejanza, de quien es nuestro modelo de vida.

El profetismo en Israel fue generando escuelas, donde la comunidad de discípulos en torno a un profeta maestro aprendían a ser profetas. Eliseo quedó lleno de su espíritu, es decir, aprendió como su maestro Elías a relacionarse con el Espíritu de Dios, éste es el camino. Por tanto, no es que  se transfiera el espíritu del otro, sino que es aprender a abrir nuestro propio espíritu al Espíritu de Dios. Así se producen las maravillas que encontramos en este hermoso texto sobre el profeta Elías, y que también sucedió con Eliseo, profeta discípulo.

Esta enseñanza nos anima a cumplir nuestra tarea de impulsar el florecimiento de los carismas en nuestra Iglesia. Dios derrama en abundancia dones del Espíritu en los bautizados; sin embargo, los bautizados, necesitan aprender a descubrirlos y ponerlos al servicio de la Iglesia; y esa es nuestra responsabilidad de los Pastores, ofrecer un modelo de vida que favorezca un ambiente de fraternidad e intimidad que acreciente la relación de nuestro espíritu con el Espíritu de Dios.

El Evangelio de hoy ofrece lo fundamental para cultivar y vivir esta relación entre Dios y nosotros. Jesucristo habla de orar, claramente afirma que no se trata de hablar mucho, tampoco de decirle muchas cosas a Dios. Jesús dice Ustedes pues, oren así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

En seguida al terminar la oración del Padre nuestro, insiste: si Ustedes perdonan las faltas de los hombres, también a Ustedes los perdonará el Padre celestial. De todo el Padre nuestro, Jesús indica que el núcleo de la oración se encuentra en la experiencia de ser perdonados, y aplicar esa experiencia perdonando nosotros a su vez; es decir, la puerta de la relación entre Dios y el hombre es la experiencia del perdón, tanto recibida como activamente transmitida.

Jesús termina de una manera que puede sonar desconcertante cuando dice, pero si Ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a Ustedes. No se trata de un castigo para quien no perdone, sino de plantear la exigencia para poder entrar en la dinámica de relación y de intimidad con Dios. Porque mientras no perdonemos, no estaremos preparados para amar. Sólo el que perdona, tendrá la capacidad de amar, de lo contrario, no tiene la experiencia del amor. El Perdón es la forma de fortalecer constantemente nuestra relación de nuestro espíritu con el Espíritu de Dios para reflejar lo que Él hace con nosotros.

Pidámosle al Señor que seamos capaces de amar, nosotros como discípulos de Cristo debemos ser como Él, imitarlo, aprender de Él. Pidámosle que en nuestra experiencia comunitaria, eclesial, en la experiencia interpersonal, nos permita aprender a perdonar sabiéndonos perdonados, para entrar en la dinámica del amor y así, podamos transmitir la acción de Dios a través de nuestra persona y de nuestra comunidad eclesial. Que así sea. 

+ Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla