«La Cuaresma es un tiempo de gracia y de bendición»
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, con el Miércoles de Ceniza, iniciamos este tiempo de gracia y de bendición que es la Cuaresma. Son cuarenta días que la Iglesia nos regala para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua, a la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La imposición de la ceniza es un signo externo, pero lo más importante es la actitud del corazón. Al recibirla, escuchamos esas palabras: "Conviértete y cree en el Evangelio" o "Recuerda que polvo eres y al polvo volverás". Es un llamado a reconocer nuestra fragilidad, pero sobre todo, a reconocer nuestra necesidad de Dios.
El Profeta Joel, en la primera lectura, nos ha dicho con mucha claridad: "Rasguen su corazón y no sus vestiduras". Dios no quiere ritos externos vacíos; lo que busca es una transformación profunda de nuestra vida. La conversión no es solo dejar de hacer cosas malas, sino orientar toda nuestra existencia hacia el amor de Dios y hacia el servicio a los demás.
El Evangelio de San Mateo que acabamos de escuchar nos propone tres caminos fundamentales para este tiempo. Primero, la oración, que es el trato de amistad con quien sabemos que nos ama. En medio del ruido del mundo, la Cuaresma nos invita a buscar el silencio, a entrar en nuestro aposento y hablar con el Padre en lo secreto. Necesitamos intensificar nuestra oración personal y comunitaria.
También se nos llama al ayuno. No se trata solo de privarnos de alimento, sino de ayunar de todo aquello que nos separa de Dios y de los hermanos: ayunar de la indiferencia, de las críticas, del egoísmo y de la soberbia. El ayuno debe ayudarnos a ser más dueños de nosotros mismos para darnos a los demás. Y finalmente, la limosna, la caridad. La verdadera piedad nos debe llevar a la solidaridad. La limosna es el signo de un corazón que se desprende de lo propio para ayudar al que sufre. En nuestra Arquidiócesis, hay tantos hermanos que necesitan de nuestra cercanía, de nuestro apoyo y de nuestra mirada misericordiosa.
San Pablo nos decía en la segunda lectura: "En nombre de Cristo les pedimos: déjense reconciliar con Dios". Este es el lema que debe resonar en nuestra mente estos cuarenta días. No dejemos pasar esta oportunidad de gracia. Dios siempre nos espera con los brazos abiertos; nunca es tarde para volver a Él. Al iniciar este camino cuaresmal, pidámosle a la Santísima Virgen de los Remedios, nuestra patrona, que nos acompañe y nos enseñe a caminar con fidelidad hacia la Pascua. Que este signo de la ceniza que hoy recibimos sea el compromiso sincero de querer ser mejores cristianos, mejores hijos de Dios y mejores hermanos entre nosotros. Que así sea.
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla