HOMILíA VISITA PASTORAL A HERMANAS FRANCISCANAS DE SAN JOSé.

December 31, 1969


HOMILíA VISITA PASTORAL A HERMANAS FRANCISCANAS DE SAN JOSé.

 

¡Vete de aquí, huye al país de Judá, gánate allá el pan profetizando!

Ésta fue la reacción del sacerdote Amasias de Betel en el Reino del norte, en Israel. Amasias rechaza a Amós con el argumento de que anda buscando dinero, y por tanto, lo señala como un falso profeta. Por eso le dice: gánate el pan, vete a Judá y allá profetiza porque lo único que te interesa es tu propio beneficio.

En realidad el sacerdote Amasias, aunque así interpretaba la intención de Amós, lo que cuidaba era su relación con el propio Rey de Israel, porque Amós profetiza la caída del Reino de Israel, la muerte del mismo sacerdote Amasias y de su familia, y el destierro para los principales del Reino de Israel, como de hecho así va a suceder.

Amós no se atemoriza, y ante la injusta acusación que se le hace, se defiende: “Yo no soy profeta, ni hijo de profeta”, o sea, yo no vengo de ese oficio, ni estoy buscando a través de mi oficio el dinero que necesito para sobrevivir, “soy pastor y cultivador de higos, el Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo, ve y profetiza a mi pueblo”, a Israel.

Es un clara vocación profética, es una clara identificación de Amós como un enviado de parte de Dios para alertar al pueblo. Los profetas tienen esta misión, alertar al pueblo, no se trata de discursos para infundir temor en el pueblo, como muchas veces así ha sucedido en la Iglesia, en agentes de pastoral, que viendo la falta de respuesta del pueblo le dicen: así les va a ir, los va a castigar Dios, y van a tener que irse al infierno. Este estilo es un falso profetismo. El auténtico profetismo es aquel que, habiendo analizado las circunstancias y los contextos socio-culturales del pueblo, advierte sobre las situaciones que se están gestando y van desencadenar un gran mal al pueblo.

Esto es lo que hace Amós, por eso es uno de los auténticos profetas de Israel, le toca predicar en las condiciones más difíciles de corrupción del Reino del Norte, de Israel; pero su predicación manifiesta en Amós una fortaleza y una convicción para proclamar la verdad que lo hace un profeta encomiable, es decir, queda como ejemplo para los siguientes profetas. Así se establece la cadena de grandes profetas: Elías, Eliseo, y Amós, más o menos contemporáneos con quienes arranca el profetismo en Israel.

Hoy sabemos por la doctrina del Concilio Vaticano II que todos somos profetas por nuestro bautismo. Hoy también tenemos que ejercer ese profetismo, pero lo tenemos que llevar a cabo con estas características de los auténticos profetas, no infundir temor por infundir temor para que el otro responda a Dios; sino para alertar de las situaciones equivocadas que se viven, y para infundir siempre la esperanza que da y que genera el poner toda nuestra confianza en un Dios misericordioso. Este profetismo lo podemos hacer de tan distintas maneras, pero si se hace con estas características será siempre muy fecundo.
Se puede ser profeta, entre los compañeros de juniorado, entre las religiosas de una comunidad, con nuestras propias familias. Diálogos que señalan verdad, pero siempre acompañada de la esperanza que Dios no nos deja de su mano, el Señor está de nuestro lado.

Hoy el Evangelio presenta, de una hermosísima manera, como Dios está para ayudarnos. Un hombre paralítico, que no se puede mover, que por sí mismo no se vale para sus necesidades existenciales, un hombre trabado, en fin, un paralítico al que Jesús libera.

Imaginemos también otras parálisis, hay gente que no se atreve a hablar porque le da miedo, sobre todo cuando sufre una injusticia y sabe que si habla se le puede reprimir. Parálisis de quien no se atreve a actuar porque le da miedo por las consecuencias; en fin, distintas circunstancias que al ser humano lo llevan a una parálisis respecto a lo que tiene que hacer como discípulo de Cristo. En la escena vemos a Jesús que le dice “ten confianza hijo, se te perdonan tus pecados” ¡Ten confianza, se te perdonan tus pecados! Son palabras, pero como narra la escena, son palabras que son verdad, los que están ahí son incrédulos a que esas palabras sean verdad, es más, lo toman como una blasfemia, y es entonces cuando Jesús les dice ¿por qué piensan mal en sus corazones? ¿qué es más fácil decir, se te perdonan tus pecados o decir levántate y anda?

El ser humano así es, dado a las evidencias no a la confianza en el otro, desconfiado de las palabras quiere hechos ¡que se me muestre para poder creer! Es así nuestra naturaleza, y por eso es tan importante este texto: “pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, le dijo entonces al paralitico, levántate toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó y se fue a su casa, la gente se llenó de temor pero glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres. Ellos veían a un hombre, a Jesús, por eso dijeron tanto poder a un hombre.

Ese poder lo ha transmitido Jesús a sus apóstoles, y ese poder está trasmitido en el sacramento de la reconciliación. Cuando una persona se confiesa y recibe el sacramento de la penitencia, no solamente recibe el perdón de sus pecados, a veces ahí nos quedamos y así decimos, voy a confesarme para que se me perdonen mis pecados, no, no es lo más importante, ciertamente es el paso indispensable para que venga lo más importante: ser liberados de la parálisis, ser transformados, ser redimidos, ser generados como nueva creatura. Eso es la gracia, eso es el poder que el Padre le dio a Jesús y que Jesús transmite a través de los hombres, sí de seres humanos, frágiles, pero no es una administración del sacramento que hacemos como personas humanas sino en nombre de Cristo quien tiene el poder. Cómo cambiará nuestra comunidad cristiana si al acercarnos a la Penitencia estamos siempre esperanzados a la transformación de nuestras parálisis.

La ciencia nos empieza a dar la razón, hoy los estudios neurológicos sobre el ser humano y su cerebro nos empiezan a dar la razón cuando dicen, y seguramente lo han escuchado, que el médico le dice a una persona: lo que tiene Usted es estrés, es una parálisis interna, que está propiciada en el interior de la persona, o lo que tiene Usted es psicológico, es una parálisis que está bloqueada por la relación entre corazón (emociones) y cerebro (raciocinios), pero fisiológicamente no tiene nada. ¿Cómo que no tengo nada? Dicen muchos enfermos, si estoy mal. Es cierto te sientes mal, pero tu mal no es fisiológico, y lo que tienes fisiológico es consecuencia de ese mal interno. Hoy la ciencia nos da la razón. Es indispensable el perdón de los pecados, el perdonarnos a nosotros mismos, el perdonar a los demás, el trasmitir el perdón, para salir de la parálisis, y entonces nuestra vida será plena.

Como los contemporáneos de Jesús, llenos de temor, porque siempre la presencia de Dios infunde un cierto temor, glorifiquemos a Dios que ha dado tanto poder a los hombres. Que así sea.