HOMILíA DE LA CONSTITUCIóN DE LA UNIDAD PASTORAL DE CORPUS CHRISTI

December 31, 1969


HOMILíA DE LA CONSTITUCIóN DE LA UNIDAD PASTORAL DE CORPUS CHRISTI

 

Homilía de la constitución de la Unidad Pastoral de Corpus Christi

24-Julio-2016

 

Les dio una vida nueva con Cristo

 

Así les dice San Pablo a los Colosenses, explicándoles lo que Jesucristo ha venido a ofrecer a cada uno de los hombres, una vida nueva. Dice el mismo Apóstol que esta vida nueva se recibe en el bautismo.

 

Muchas personas se preguntan, ¿por qué no se experimenta esta vida nueva, o en qué consiste, para que se pueda descubrir?

 

Para comprender este misterio hay que referirse a la vida biológica. El hombre es engendrado y nace, ¿qué pasa con esa vida biológica? Comienza con la unión de un óvulo y un espermatozoide, microscópicos, crecen y se hace un embrión, necesita estar nueve meses en el seno de su madre, nace  y necesita los cuidados durante su infancia, atención constante, alimentación, cuidado. Crece y durante un periodo de varios años, en la niñez, necesita que alguien de garantía que cuidarán de él, en su crecimiento y desarrollo.

 

Recién en la adolescencia se toma conciencia  de ser alguien y se busca la identidad con muchos esfuerzos, por tal razón se sabe que hay que tener paciencia con los adolescentes. En la Juventud el hombre se quiere comer el mundo, después la madurez, y finalmente la senectud y la ancianidad.

 

Este desarrollo ayuda a entender las etapas de la vida biológica. En ella, se necesita ayuda de los demás, empezando por los padres, hermanos y familiares, ayuda indispensable en cada uno de los momentos de la vida para encontrar una vida digna, donde se haga presente la solidaridad, subsidiariedad y fraternidad. Y así se percibe la vida biológica.

 

La vida nueva que ofrece Jesucristo, es una vida interior, no es una vida biológica, esa ya la regaló Dios por el nacimiento, como ya se ha reflexionado. La vida nueva, la da Dios en el bautismo, y también esta vida varios la recibieron en la infancia cuando aún no se daban cuenta de ello. Esta vida nueva necesita un desarrollo, un cuidado de alguien y un alimento especifico. De ahí la importancia de la evangelización, la catequesis y de conocer, quién es el que ofrece esta vida nueva.

 

Muchos hombres se dejan llevar por la religiosidad que está en el corazón humano, por la imagen que se hacen de Dios. En determinado momento o circunstancia se comienza a sentir la necesidad de conocer a Dios, al verdadero Dios; no al que se han diseñado, al que se han imaginado, sino al Dios que ha revelado Jesucristo.

 

La primera lectura, muestra un Dios que es capaz de por diez justos salvar toda la ciudad. Quedando claro que es un Dios misericordioso. Su misericordia es clara, pero en ocasiones se escapa el dato, que Dios necesita al menos esos diez para realizar su obra de vida nueva en los demás. Así lo ha escogido Dios: la vida nueva se transmite a través de cada uno de los hombres.

 

Los ya evangelizados tienen esa tarea de evangelizar a los que todavía no lo son. Los que ya han conocido al verdadero Dios son los padres en la fe, dice San Pablo. Son padres de los que todavía no han descubierto al verdadero Dios y siguen adorando al dios que se imaginan, con muchas equivocaciones y con  muchas dificultades, porque el dios que se imagina el hombre es un dios que tiene todo poder y hay que darle algo para que me ayude en algo, le ofrezco algo para que me conceda algo. Ése no es el verdadero Dios que reveló Jesucristo, porque el verdadero Dios es el que se da todo porque ama al hombre.

 

El Dios que reveló Jesucristo ama al hombre, ama a su creatura predilecta y está pendiente  como un papá y mamá cuando tienen a su bebé en sus brazos, y así toda la vida. Y también como se necesita en la vida  biológica, la vida nueva que ofrece Jesucristo necesita ser alimentada, nutrida con el Pan de la Palabra y con el Pan de la Eucaristía. Hay que nutrirse para que la vida nueva crezca en cada uno de los hombres, y se desarrolle. Surge así la importancia de los Sacramentos y de todo el proceso evangelizador, que es indispensable.

 

Hoy el Evangelio recuerda: Hay que saber orar. Los discípulos se dan cuenta que pasa algo con Jesús cuando se aparta, cuando entra en momentos de soledad y silencio, porque regresa con más ánimo, con más fuerza, con más alegría y le dicen: Señor enséñanos a orar, transmítenos ese secreto. El secreto lo revela Jesús con mucha sencillez, cuando oren digan: ¡Padre!

 

Lo primero es dirigirse a Dios como Padre. Lo segundo es santificado sea tu nombre, dar a conocer a los demás que Dios es Padre, porque los demás están necesitados de esa vida nueva, eso es santificar el nombre de Dios. Lo tercero, venga tu reino, es decir, Cristo esté caminando en medio de la vida del hombre, eso es el Reino, la presencia de Dios en cada una de las personas.

 

En cuarto lugar, Danos el pan de cada día, se piensa ordinariamente en el alimento material, y no, lo más importante es que Dios dé el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía cada día. Quinto, Perdónanos cómo nosotros perdonamos, el pan del perdón. El que no pide el perdón y no vive la reconciliación no podrá amar, sólo el que perdona y se reconcilia ama. Por tal razón las dificultades entre los esposos implica el aprendizaje del perdón y la reconciliación, y entonces crece el amor.

 

Sexto, Líbranos del mal. Jesús explica en otros pasajes que el mal es la división, el enfrentamiento, el no respeto a los demás que son hermanos. Romper la comunión con Dios y con los demás, eso es el mal. De la comunión con Dios nace todo, ésta es la oración de Jesús y hay que vivirla experimentarla, y crecerá la vida nueva, la vida divina, la santidad de Dios en nosotros.

 

Esta santidad la participa Dios por medio de su Espíritu en nuestro espíritu. La santidad no se adquiere por practicar virtudes heróicas, generalmente así se piensa, y así se considera muy difícil llegar a la Santidad. Pero no es así, la santidad se adquiere al entrar en comunión con Dios; ya que Dios es Santo y transmite su Santidad. Ésta es la vida nueva, la vida divina, la vida del Amor.

 

Las virtudes heroicas en una vida de santidad vendrán como consecuencia de estar en comunión con Dios y no por los esfuerzos humanos. Se necesitan esos esfuerzos humanos como lo muestra el libro del Génesis. Dios necesita por lo menos diez de una ciudad para que se pueda hacer presente y tener esperanza de que el resto del pueblo sea ese tronco que germine y florezca. Eso es lo que necesita la sociedad hoy en día. Me parece que el día de hoy, en esta Asamblea hay más de diez que quieren trasmitir el Evangelio, y por esa razón se encuentran aquí.

 

Finalmente el Señor dice, pidan, busquen y toquen. Son tres cosas distintas: pedir, buscar, y tocar. Con una gran confianza en esa persona que es Dios Padre, con esa confianza de saber que es Dios Padre que ama, debemos pedir, buscar, y tocar. Es conveniente recordar que al pedirle a Dios algo concreto, quizá muchas veces no nos dará lo que le pidamos, pero siempre nos dará algo mejor, nos dará el Espíritu Santo.

 

Descubriremos la vida nueva, conociendo el camino de Jesucristo, y ayudados por el Espíritu Santo, que nos conducirá a la relación con el Padre para recibir la Santidad. La vida del hombre tiene esta finalidad, quien así lo cumple, al llegar el momento de la muerte ya vive con Dios. Desde esta vida se puede tener la vida divina, la vida eterna. Ofrecer la vida nueva en Jesucristo es la misión de la Iglesia.

 

Esa vida divina pone al hombre en comunión con los demás. Por eso, este testimonio que comienza hoy en estas tres parroquias, poniendo en común sus recursos económicos, humanos y toda la creatividad de quienes las componen, será un signo muy fuerte de la vida divina al testimoniar la comunión.

 

Los Sacerdotes, como Párrocos Solidarios, manifestarán esta experiencia al responder a la renovación de sus votos sacerdotales, y con el rito que ahora realizaremos asumirán la responsabilidad de conducir juntos estas tres parroquias. Ahora la comunidad será testigo de este bello momento de entrega y generosidad que hacen estos tres Sacerdotes como Párrocos Solidarios, y uno más como vicario parroquial al sumarse a estos esfuerzos. Que así sea.

 

 

 

+Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla