“En primer lugar siempre está el amor a Dios y después el amor al prójimo”
Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, a todos les saludo con afecto: a ustedes que participan aquí en nuestra catedral y también a las personas que nos siguen a través de los medios digitales. Hoy estamos en este Décimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario [00:00].
Y, ciertamente, el Evangelio puede descontrolarnos, o podemos no encontrarle un sentido, o confundirnos, porque Jesús expresa a sus discípulos que el que no prefiera a Dios antes que a su padre, a su madre, a su hijo o a su hija, pues no puede ser su discípulo [00:33]. Y yo creo que lo que tenemos que entender es el contexto. ¿En qué contexto lo dice Jesús? Porque está hablando con sus discípulos y les dice cómo es importante tener en primer lugar a Dios [01:00].
Ciertamente, el proyecto de Dios también es la creación; crea al hombre y a la mujer para que se unan y construyan una familia, formen una familia en la que se bendiga el nombre del Señor. Y siempre el amor al padre, el amor a la madre, es muy importante; el amor al hijo, el amor a la hija. Pero aquí es también cuestión de prioridades, y en primer lugar siempre está el amor a Dios y después el amor al prójimo [01:30].
Podemos recordar aquel pasaje también donde Jesús se pierde. Recordarán ustedes cuando era, pues, adolescente: iban en una peregrinación y, por un lado, iban los hombres, y por otro lado, iban las mujeres. María pensaba que Jesús iba con José, y José pensaba que iba con María; y cuando se encontraron, pues no estaba Jesús [02:10]. Se regresaron, me imagino que corriendo, a Jerusalén y lo encontraron a Jesús que estaba en el templo, ahí con los doctores de la ley; estaba explicando. Y María le dijo de una manera con mucha prudencia: "Oye, hijo, pues estábamos preocupados" [02:48]. Y él les dijo: "¿No saben que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?".
Y por eso, siempre, evidentemente Jesús quería mucho a José y a María, pero siempre la primacía estaba en Dios [03:05]. Y por eso, toda la vida de Jesús, hasta llegar a la cruz, pues es una obediencia, una fidelidad al Padre; cumple hasta las últimas consecuencias la misión a la que ha sido enviado de dar la vida por todos nosotros para nuestra salvación [03:30]. Y así es, ¿verdad? El que quiera ser discípulo mío, nos dice Jesús, tome su cruz y sígame, porque ahí está, digamos, ese plan de Dios [03:56].
Y continúa el Evangelio... pues que siempre es importante la familia, pero también, al final del Evangelio que escuchamos, nos dice que también el que dé un vaso de agua a alguien que tiene sed tendrá su recompensa [04:19]. Y qué bonito, ¿verdad?, que pensemos nosotros en dar ese vaso de agua al necesitado; no solamente a alguien que nos cae bien o alguien que es familiar o amigo, sino a aquel que lo necesita. Eso es lo importante [04:43].
En la primera lectura, del libro de los Reyes, también encontramos a Eliseo, profeta que andaba predicando la palabra de Dios, y lo recibía un matrimonio ya grande ahí en su casa [04:54]. La señora, la persona que ya también era grande y era avanzada en edad, reconoció en Eliseo que era un hombre de Dios; y para que él descansara, le construyeron ahí una habitación [05:16]. Y al final, Eliseo le dijo a la persona (porque no dice su nombre), le dijo: "Dentro de un año tendrás un hijo" [05:36]. Y eran grandes ellos, pero siempre, cuando nosotros seguimos a Jesús, también tenemos nuestra recompensa. Y la recompensa para todos nosotros, pues, es la vida eterna, la salvación eterna [05:46].
Por eso, hoy el mensaje también es de que nos dice Jesús que el que quiera ser su discípulo tome la cruz. El ser cristiano no es tan fácil, no es todo color de rosa, sino también es sacrificios y esfuerzos, pero que tienen un sentido [06:11]. Y la segunda lectura también nos habla San Pablo de cómo, por el bautismo, nosotros empezamos a formar parte de la Iglesia siendo discípulos de Jesús [06:35].
Pues hoy que también pensemos cada uno de nosotros si tomamos la cruz de cada día, si estamos colaborando con Dios en su proyecto de ir construyendo su Reino, sobre todo haciendo el bien a aquellos que más lo necesitan. Así sea [06:55].
+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla