HOMILíA AL MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO

December 31, 1969


HOMILíA AL MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO

 

Homilía al Movimiento Familiar Cristiano

20-Septiembre-2016

 

Enséñame Señor a cumplir tu voluntad

 

De esta manera respondíamos a la primera lectura, con este hermoso párrafo del salmo 118, reconociendo humildemente que se necesita el auxilio divino, para cumplir la voluntad del Padre.

 

El Evangelio por su parte, nos recordó la actitud de escucha ante la palabra de Dios para ponerla en práctica. Ya que a partir de la escucha de la Palabra de Dios se puede descubrir la voluntad del Padre.

 

El texto dice: estaba Jesús enseñando estas cosas, cuando alguien le dice: afuera están tu madre y tus hermanos buscándote. Tu madre y tus hermanos, las personas más cercanas, el núcleo más fundamental de una  familia. Jesús dice: todo aquel que me escucha son mi madre y mis hermanos.

 

En un primer momento se puede pensar que Jesús dejó a su familia para dedicarse a la misión, que Dios su Padre le había encomendado. Sin embargo al profundizar el texto, se ve claramente que Jesús jamás rechaza ni abandona a su madre y sus hermanos. Ellos son mi madre que me ha dado la vida y mis hermanos que me han acompañadp en familia. Pero éstos que escuchan la Palabra de Dios son los que me ha dado mi Padre como mi madre y mis hermanos, como mi familia.

 

Por tanto, podemos considerar que la familia, la que se forma por la sangre es como la piedra fundamental o el cimiento de la  edificación de una familia mucho más amplia, la de aquellos que siguen a Jesucristo: la familia hermanos en Jesucristo e hijos de Dios.

 

La familia es entonces, la cuna del proyecto de Dios, de ahí la importancia de su atención y cuidado del acompañamiento que se le debe de dar.

 

El mismo Jesús manifestaba: dichoso el que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica, porque ése es mi hermano. ¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de la familia?

 

En un texto bellísimo de la reflexión que hace San Pablo dice: el matrimonio es la expresión de la Iglesia. Porque la entrega de un sí recíproco para fundar una familia que se dan el esposo y la esposa, al haber hecho ese compromiso y haber dicho sí, ante Cristo, ante su Iglesia, en el sacramento del  matrimonio, expresa la presencia  de Cristo.

 

Por tanto, no es simplemente ponerse de acuerdo en casarse y hacer la celebración religiosa en la Iglesia, sino que es mucho más profundo y rico el significado del matrimonio.

 

El matrimonio es expresar a Cristo en el amor recíproco, generoso, del esposo a la esposa y viceversa, es un don gratuito. Porque no se casan por dinero, se casan por amor. ¿Acaso hay alguna que tenga sueldo por ser la esposa de su esposo?

 

El matrimonio es un don gratuito, un don generoso del amor; expresa a Jesucristo. El amor es el núcleo del sacramento del matrimonio, y este testimonio se prolonga en los hijos, cuando tienen la dicha  de tenerlos. Porque los Padres de familia aman a sus hijos y los aceptan como consecuencia de su amor. Como consecuencia de compartir la intimidad de sus cuerpos, esa consecuencia son los hijos.

 

Por ello, también los hijos en el seno de la familia expresan a Jesucristo. De ahí que Jesucristo está en medio de ese hogar, presente es esa familia. En la medida que se descubra la presencia de Cristo se puede anunciar y transmitirlo a todos.

 

El amor que ha generado la familia de sangre está llamado a ser transmitido en un círculo mucho más amplio, en el círculo de quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. De ahí la importancia de acompañar, fortalecer, y conducir a las familias.

 

 Hay que agradecer a Dios que la Arquidiócesis de Tlalnepantla tiene este recurso del Movimiento Familiar Cristiano para ayudar como Iglesia a las familias a descubrir su vocación y misión.

 

Agradezco, en esta Eucaristía, la disposición clara que el MFC ha mostrado para integrarse con las estructuras diocesanas. Su trabajo ha servido para hacer una mejor convergencia pastoral, en la que debemos seguir creciendo en favor de la familia.

 

El MFC está llamado para ofrecer los recursos necesarios para el acompañamiento interno de los miembros de la familia, y también para la misión concreta que tiene en el mundo.

 

En esta Eucaristía hay que agradecer al Señor por los que pertenecen a este movimiento en favor de la familia, y pedir la gracia a Dios para que cumplan esa misión a la que están llamados, y así crecer en el amor a Cristo y a su Iglesia. Que así sea.

 

+Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla