HOMILÍA EN LAS ORDENACIONES DIACONALES 2026

August 04, 2026


HOMILÍA EN LAS ORDENACIONES DIACONALES 2026

 

«No he venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos», dice el Señor.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Saludo a los protagonistas quienes el día de hoy recibirán el sacramento del diaconado: Gerardo, Enrique y Juan Carlos. Saludo a sus familiares, de manera particular a sus papás y hermanos; al presbiterio, a los sacerdotes y personal que los apoyaron de manera cercana en su formación en el Seminario; a los religiosos y religiosas; a las comunidades en donde han prestado un servicio pastoral; a sus bienhechores; a los laicos y laicas aquí presentes; saludo a las personas que se unen a esta celebración a través de los medios digitales. A todos les invito a unirnos en oración para pedir por estos jóvenes, para que vivan con alegría y autenticidad el diaconado, y sean humildes servidores del Pueblo de Dios a imagen de Jesucristo, que no vino a ser servido, sino a servir y a dar la vida por sus hermanos.

La palabra diácono es una palabra griega que significa «servidor». El diácono es un servidor; como escuchamos en el Evangelio, los primeros diáconos fueron elegidos por los apóstoles como sus colaboradores, para organizar el servicio de «la caridad» a favor de las viudas, de los pobres, de los enfermos, de los encarcelados; después colaborarán con los apóstoles en el anuncio de la Palabra y la administración del bautismo.

Este día de su ordenación diaconal celebramos la memoria del santo San Juan María Vianney, conocido como el «Cura de Ars», que es un modelo de un auténtico servidor del Señor.

El santo Cura de Ars nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, cerca de Lyon, Francia, y es también modelo de pastor de almas, entregado de lleno al anuncio de la Palabra de Dios, al ministerio de la reconciliación, a la penitencia y a la oración. A los 17 años sintió la llamada al sacerdocio, pero el camino no era fácil, dada su escasa formación intelectual y cultural. Gracias a la ayuda de sabios sacerdotes, logró ser ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815 a los 29 años. En 1818 fue enviado a un pequeño pueblo de Ars. Allí dedicó todas sus energías al cuidado de los fieles. Fue en el sacramento de la reconciliación donde expresó mejor su misión: siempre disponible para la escucha y el perdón. Murió el 4 de agosto de 1859, a la edad de 73 años. Fue beatificado en 1905 por San Pío X y canonizado en 1925 por Pío XI, quien en 1929 lo proclamó Patrono de todos los párrocos del mundo. Pedimos al Cura de Ars que interceda por cada uno de ustedes y vivan con generosidad su diaconado.

Hoy nuestra Iglesia Particular de Tlalnepantla se enriquecerá con tres nuevos diáconos, los cuales serán fortalecidos con el don del Espíritu Santo, me ayudarán a mí y al presbiterio en el anuncio de la Palabra, en el servicio del altar y en el ministerio de la Caridad, mostrándose servidores de todos. Como ministros del Altar proclaman el Evangelio, prepararán el sacrificio del Señor y repartirán a los fieles el Cuerpo y la Sangre del Señor. Desde el día de hoy entran a formar parte de la familia del presbiterio de nuestra amada Arquidiócesis de Tlalnepantla.

Además, enviados por un servidor, exhortarán tanto a los fieles como a los infieles, enseñándoles la doctrina santa; presidirán las oraciones, administrarán el bautismo, asistirán y bendecirán el matrimonio, llevarán el viático a los moribundos y presidirán los ritos exequiales.

 

Ejercerán su ministerio observando el celibato; será para ustedes símbolo y, al mismo tiempo, estímulo de su caridad pastoral y fuente peculiar de fecundidad apostólica en el mundo, movidos por un amor sincero a Jesucristo el Señor. Viviendo este estado con una total entrega, su consagración a Cristo se renueva de un modo más excelente. Por su celibato, en efecto, les resultará más fácil consagrarse, sin dividir el corazón, al servicio de Dios y de los hombres.

Ustedes tendrán por raíz y cimiento la fe. Muéstrense contentos ante Dios y ante los hombres, según conviene a ministros de Cristo y dispensadores de los santos misterios. No se dejen arrancar la esperanza del Evangelio; siempre anúncienlo a tiempo y a destiempo con alegría. Viviendo el misterio de la fe con alma limpia, muestren en sus obras las palabras que proclaman, para que el pueblo cristiano, vivificado por el Espíritu Santo, sea una oblación agradable a Dios, y ustedes, en el último día, puedan salir al encuentro del Señor y oír estas palabras: «Muy bien, servidores buenos y fieles, entren a formar parte de la alegría de su Señor».

Finalmente, les invito nuevamente a que vivan con gozo su diaconado, tengan mucha apertura para relacionarse con el presbiterio, sean cercanos a su pueblo, estén insertados en el plan de pastoral que llevamos en nuestra Iglesia Particular, tengan muy presente el plan de formación permanente para seguir creciendo como discípulos misioneros de Jesucristo.

Cada uno de ustedes en su año de diaconado tendrá un apostolado concreto que ejercerá; también les pido que tengan especial cuidado en visitar a los enfermos y a los presos, en coordinación con el padre responsable de la dimensión de pastoral penitenciaria; a ambos, enfermos y presos, llévenles el Evangelio de Jesucristo Nuestro Señor.

Que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo los bendiga y nos bendiga a todos, y siempre experimentemos la intercesión y cercanía de la Virgen de los Remedios.

 

+José Antonio Fernández Hurtado
Arzobispo de Tlalnepantla