HOMILíA INTERNADO GUADALUPANO

December 31, 1969


HOMILíA INTERNADO GUADALUPANO

 

Homilía Internado Guadalupano

30-Septiembre-2016

 

El Señor le habló a Job desde el seno de la tormenta.

 

Así comienza la primera lectura de este día. Narra un momento culminante de la vida de Job, que es interesante descubrir su mensaje. Él había recibido en la bondad de Dios, muchos bienes, propiedades, diez hijos y todo iba muy bien en su vida, y estaba feliz y agradecido con Dios.

 

De repente, en la vida de Job se presenta la tragedia, el drama, el dolor, el sufrimiento, porque pierde todo lo que tiene, desde sus hijos hasta sus propiedades y riquezas. Para culminar el drama, pierde la salud.

 

En este momento de dolor y sufrimiento, Job que había tenido una buena relación con Dios, ante sus nuevas circunstancias le reclama. ¿Por qué me haces esto? ¿Qué cosa he hecho mal para que me vengan tantos males y tantas pérdidas?

 

Siempre que al hombre le pasa algo semejante, también se dirige a Dios, pensando que Dios tiene la responsabilidad de lo que sucede, que, como Dios todopoderoso, debió de haber intervenido en favor del hombre que sufre.

 

Ese es el drama de Job, y es el drama de todo hombre cuando experimenta una contrariedad, una adversidad, una pérdida; cuando entra en una situación de sufrimiento, de incomprensión, de injusticia; cuando la persona, según su parecer, no merecía recibir lo que padece y sufre.

 

Es interesante ver cómo se resuelve esta relación entre Dios y Job. El texto de hoy, en esta primera lectura dice: El Señor le habló a Job desde el seno de la tormenta. Ya la palabra tormenta indica una situación de riesgo y peligro. Seguramente Ustedes han tenido la experiencia de una tormenta fuerte, con viento huracanado y granizo, y ante ella, han buscado refugio y protección.

 

Una tormenta es un signo de alerta, un momento de prudencia y cautela, de estar atentos ante lo que está sucediendo. Una tormenta es una experiencia muy distinta a tener la experiencia de paz y tranquilidad, de silencio.

 

La vida de Job en sus primeros años fue llena de bienestar y armonía, de paz y tranquilidad. Cuando llega la tormenta, Job reclama y le pide a Dios que le explique por qué le pasa esto, si él se ha portado muy bien.

 

El texto presenta la respuesta de Dios a los reclamos y lamentos de Job. Es una serie de preguntas sobre la creación que Dios le hace a Job: ¿Acaso alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana, para que salga el sol? ¿De ti depende que venga la obscuridad? ¿De ti depende que el mar no pase más allá de sus fronteras, que no inunde la tierra? ¿Has llegado hasta el fondo del mar, y te has paseado en sus profundidades? ¿Has tenido la capacidad de conocer todas sus entrañas?

 

Así, Dios va llevando a Job para que mire más allá de su persona, que contemple y reconozca el poder y la grandeza de Dios, y lo compare con su pequeñez, con su propia condición de creatura.

 

Para entender los momentos de dificultad y de conflicto debemos evitar esa primera reacción natural de exigirle a Dios una explicación, y recordar quién es Dios y quién es creatura. Por otra parte, Dios mismo ha recordado al hombre, que pase lo que pase, siempre estará cerca de él y lo llevará de su mano.

 

Job entendió con esa larga explicación resumida en nuestro texto de hoy, y respondió con gran humildad: He hablado a la ligera, ¿Qué puedo responder? Me taparé la boca con la mano. He estado hablando y ya no insistiré más; ya no volveré a hablar. Es decir, ya no volveré a reclamarle a Dios.

 

En lugar de reclamarle a Dios, es mejor descubrir su amor en los acontecimientos, aún en el sufrimiento y dolor, descubrir su amor. Descubrir el ¿para qué? En lugar del ¿por qué?

 

Superar el enojo y la molestia por lo que pasa y que no quisiera hubiera pasado; y más bien, indagar qué quiere decirme Dios en esta adversidad. Con frecuencia el hombre simplemente rechaza lo adverso y descuida lo que quiere decirle Dios por medio de una dolorosa experiencia.

 

Cuando se descubre a Dios presente en medio de esa experiencia, cambia todo, se transforma todo. Porque si el hombre tiene esa actitud de buscar a Dios, seguro que lo encontrará. Entonces le pasará lo que a tantas personas les acontece cuando tienen al lado a alguien que los acompaña y los cuida: se sienten protegidas, entendidas y amadas.

 

Aquí es donde se relaciona esta reflexión de la primera lectura con el Evangelio, y con la vida que se experimenta en este internado. Jesús se queja porque ha anunciado y promovido con hechos el amor de Dios en Corozaín y Betsaida y no se han convertido.

 

Que no pase eso entre Ustedes. Tengan los ojos abiertos para descubrir siempre que el mismo Dios camina con nosotros a través de cada persona.

 

Las hermanas, las ex alumnas, los ex alumnos (el Padre Luis, que nos acompaña y vivió en este internado) han experimentado el amor en la niñez, en la adolescencia, en su juventud. Cuando se vive ese afecto que lo dan otras personas, sobre todo que lo dan en nombre de Cristo,  así es como se descubre la presencia de Dios.

 

Las oportunidades en la vida hay que aprovecharlas, porque muchas no se vuelven a presentar. En este Internado Guadalupano se tiene  la oportunidad de convivir como una gran familia, las ochenta y siete alumnas, viven como hermanas y se cuidan unas a otras. Son hermanas porque viven juntas, porque hacen una gran familia. Las más grandes están pendientes de las más chiquitas y las medianas aprenden para estar entre unas y otras.

 

Así se van fortaleciendo, hay varias personas que quisieran tener una familia grande y no la tienen. No se puede desaprovechar la gran oportunidad que se tiene al estar en este internado. Crezcan descubriendo la presencia de Dios en medio de cada una de ustedes, y a través, de quienes están al cuidado de sus personas.

 

Hay que pedirle a Dios en esta Eucaristía, que nunca les falte la esperanza, y que  siempre crezcan en el amor, en la relación fraterna. Que así sea.

 

 

+Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla