HOMILíA PEREGRINACIóN DE LA ARQUIDIóCESIS A LA BASíLICA DE LOS REMEDIOS

December 31, 1969


HOMILíA PEREGRINACIóN DE LA ARQUIDIóCESIS A LA BASíLICA DE LOS REMEDIOS

 

Homilía Peregrinación de la Arquidiócesis a la Basílica de Los Remedios

01-Octubre-2016

 

Oí tus pasos en el jardín, y tuve miedo, porque estoy desnudo y me escondí

Los textos que hoy presenta la Palabra de Dios, ayudan a entender porque el Papa Francisco ha regalado a la Iglesia, este año de la misericordia, ¿cuál es la finalidad? Que se descubra el rostro misericordioso del Padre.

Hoy hemos atravesado la puerta de la misericordia para ganar la indulgencia jubilar en este año. Pero aún más importante que recibir una ayuda puntual de Dios, es importante que orientemos toda la vida, no solamente a descubrir la misericordia de Dios, sino a transmitirla a los demás.

La respuesta que da Adán a Dios en el jardín del Edén, ofrece algunos elementos muy importantes para iniciar la reflexión.

Oí tus pasos en el jardín. Adán manifiesta que ha descubierto que lo llama Dios, pero el texto dice que tuvo miedo a la llamada de Dios. Una circunstancia muy importante que advertir, tuvo miedo. Porque estaba desnudo, y Adán no quería aparecer ante Dios tal cual es, en consecuencia Adán se esconde.

Esta respuesta también es nuestra, al hombre le pasa en su relación con Dios, tiene miedo, y ¿por qué da miedo? Porque quizá como Adán, imaginamos un Dios, que se enoja, que castiga, que exige, y esas características infunden temor.

Dios es el que ha creado al hombre, quien le da la vida, lo acompaña en todas las circunstancias, y está pendiente de él. Dios tiene un proyecto para cada persona, y está atento en darle la mano para conducirlo y llevarlo al destino final.

El hombre debe descubrir al verdadero Dios. ¿El hombre puede tener miedo a alguien que lo ama? ¡No! La tarea del hombre es descubrir al Dios que lo ama.

La segunda cosa que manifiesta Adán, es el temor que siente por estar desnudo. Hay miedo de mostrarse ante Dios, tal cual se es, con las fragilidades, limitaciones, equivocaciones, pecados. ¿Se puede llegar a pensar que Dios rechaza al hombre que ha creado y que ya no está al pendiente del hombre?

 Recordemos la hermosa experiencia de la maternidad. Las madres manifiestan un amor que está por encima de la conducta de sus hijos, cuando una madre, aunque sabe que su hijo se ha equivocado, que ha pecado, no puede dejar de quererlo. Esta experiencia es una expresión del amor de Dios.

Por tal razón el hombre tiene que estar abierto para abrirle a Dios su corazón y mostrarse tal cual es. Se tiene que superar el miedo y así mostrarse tal cual se es, tal cual se actúa y no esconderse como Adán.

¿Qué pasa cuando seguimos el camino de Adán, es decir, cuando se tiene miedo a Dios y no aceptamos encontrarnos tal cual somos y nos escondemos de Dios? Entonces el hombre no se responsabiliza de lo que hace y le echa la culpa a aquél que tiene más cercano. Así sucedió con Adán y le echó la culpa a Eva. Se rompió la comunión de amor, se resquebrajó la relación. Al no asumir la propia responsabilidad y descargar la culpa en el otro, que normalmente está más cerca, y que más se le quiere. Se destruye la comunión y se genera un círculo vicioso que trae graves consecuencias como la misma muerte. Así se va destruyendo el proyecto de Dios al deteriorarse las relaciones fraternas.

En cambio, cuando se camina sin miedo a Dios, sabiendo que Dios me ama, y se acepta plenamente su voluntad en la vida, ese es el camino que Dios quiere. Como escuchamos en el Evangelio: María acepta ser la madre del Mesías, e Isabel agradecida con Dios lleva en el vientre a Juan el Bautista.

Al encontrarse estas dos mujeres, dice el Evangelio, que ellas estaban llenas del Espíritu Santo, eso es lo que pasa cuando el hombre se abre tal cual es en la relación con Dios, el Espíritu santo mora y mueve como a Isabel, con una grandísima humildad para decir: ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?

El Espíritu Santo hace descubrir que todo es gracia y que el encuentro con las personas es un regalo de Dios, que el otro que acompaña es una bendición, que no merecemos, como lo manifiesta Isabel. Pero se es feliz al experimentar que es así. Viene la alegría y la gratitud, así el corazón resiste todo.

Por eso María es un modelo de Iglesia y es un modelo para cada persona, una Madre amorosa, porque muestra cómo abrir plenamente el corazón a Dios, para que Dios mismo actúe en cada persona.

El libro del Apocalipsis muestra que la batalla contra el mal, representado en ese tremendo dragón que hace tanto daño, es expresión del mal que surge cuando las personas no aceptan las propias responsabilidades, y las descargan en los otros. Así comienza a gestarse el mal y ese mal es como el dragón que arrasa, pero que no gana la batalla final.

Gracias a esta mujer que supo abrirse a Dios, iniciando un estilo de vida, propio de quien se deja amar y conducir por Dios. Dice el texto del Apocalipsis: ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado y del poder de su Mesías.

Éste es el camino que propone la Palabra de Dios, en el cual cada persona tiene algo que aportar y muy importante para que se consolide esa victoria, iniciada en Jesucristo y acompañada de María y de tantos otros, que durante siglos han dado su vida adhiriéndose a esa victoria del bien sobre el mal.

Éste es el proyecto de Dios, que como Iglesia de Tlalnepantla estamos promoviendo de distintas maneras. Los Obispos, sus pastores, los sacerdotes, y cada fiel de la Arquidiócesis, debemos reconocer que cada persona tiene algo específico que aportar para que se consolide la victoria de Jesucristo. Estamos en torno a María como la comunidad de fieles, que quiere seguir ese camino que lleva a Cristo.

Se están gestando dos procesos en todas las parroquias, para generar un estilo de vida. Las pequeñas comunidades, donde a la luz de la Palabra se descubre qué quiere Dios de cada persona, poniendo en relación fe y vida. Este proceso fortalecerá el interior, para no tener miedo, para descubrir una y otra vez el amor en comunidad. Éste es el primer proceso en el que tenemos gran esperanza para transformar la realidad en la que vivimos.

La presencia del mal es generada por las personas que tienen miedo de Dios, porque se sienten desnudas y se esconden y actúan en las tinieblas, no saben más que agredir y violentar. Esa realidad puede ser transformada, llevando la Palabra de Dios al centro de todas las familias.

El segundo proceso va encaminado a quienes son la esperanza de la sociedad: los niños, adolescentes y jóvenes. Tiene el objetivo de establecer un proceso formativo en el que conozcan la bondad de Dios, la bondad de su Hijo Jesucristo, la fortaleza que da la relación con el Espíritu Santo. La presencia y participación de ellos en la Iglesia será determinante. Confiamos llegarán mucho mejor preparados en su formación de la fe, que nosotros.

Por tal razón, se ha establecido la Catequesis Infantil Escolarizada en todas las parroquias. Al principio hubo resistencias, de sacerdotes, catequistas y papás. Algunos padres de familia, sin pensar en el daño que le hacen a sus pequeños cuando no los alimentan con el pan de la palabra, se preguntaban, ¿para qué tantos años de catequesis?

Estos procesos tienen la finalidad de transformar el estilo de vida de la sociedad. Buscan un cambio, para que en lugar de incrementarse la agresión, el daño a los demás, la falta de respeto hacia las personas, hacia su propia dignidad se procure el reconocimiento del proyecto de Dios: una sociedad justa y fraterna.

Nuestros niños, adolescentes y jóvenes necesitan conocer a Dios, porque si no lo hacen le van a tener miedo a Dios. A las personas desconocidas se les tiene miedo, se piensa si no será un bandido, un malhechor, alguien que me quiera asaltar, porque no se le conoce, y a esas personas se les tiene miedo. En cambio, si conocemos a Dios y su amor, la persona se hace discípulo de Jesús desde pequeño.

Se tiene que empujar con fuerza este esfuerzo que hace la Arquidiócesis, para que logremos este futuro esperanzador. Ahora la catequesis escolarizada cuenta con más de cuarenta mil niños que se están formando. Es un futuro tangible, una esperanza. Estamos iniciando un proyecto con los adolescentes que culminaron la catequesis infantil, son más de tres mil quinientos y se busca que sigan un proceso en la formación en la fe con una pedagogía propia de su edad, para que descubran y abran su corazón al Espíritu de Dios para que more en ellos.

Invito a todos los presentes a apoyar estos dos procesos, y a comprometerse ante nuestra Madre, María de los Remedios, para seguir formando a los niños, adolescentes y jóvenes, y a participar en las pequeñas comunidades parroquiales para renovar la sociedad. Esa es la petición que presentamos hoy, como Arquidiócesis de Tlalnepantla a la Virgen de los Remedios. Que así sea.

 

 

+Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla