HOMILíA DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

December 31, 1969


HOMILíA DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Homilía Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

02-Octubre-2016

 

Sólo hemos hecho, lo que teníamos que hacer

Este día la Palabra de Dios tiene un eje en las tres lecturas, el de la fe. El Evangelio arranca la escena con los discípulos que le piden a Jesús: auméntanos la fe.

Seguramente veían en Jesús tanta paciencia, tanta misericordia y amor para todos los que sufrían, y que se acercaba a aquellos que estaban necesitados de consuelo y de ayuda. Los discípulos veían como Jesús se levantaba temprano para hacer oración y como se entregaba generosamente; sin duda ese ejemplo les mueve a pedirle: auméntanos la fe.

Los discípulos descubrían que Jesús tenía una gran fe. Que creía con toda confianza en su Padre, a quien amaba profundamente. Por eso piden: Auméntanos la fe.

Es importante recordar que la fe crece. La fe se desarrolla, no es algo que se obtiene de una vez y para siempre. La fe es para esta vida, no para la otra. La fe es una luz en el camino del hombre en esta tierra.

La fe ayuda a cada persona a mantenerse en el camino de la verdad, a pesar de que muchas veces no se encuentre las respuestas a tantas situaciones, que parecen  injustas o que no debieran de suceder.

La fe ilumina tantos aspectos de la vida del hombre y de la sociedad, que se consideran sin respuesta, a las que no se encuentra ninguna explicación. La fe sirve de lámpara para guiar en la obscuridad, especialmente cuando no se descubre la presencia del Reino de Dios.

Hoy encontramos tres aspectos que ayudan al desarrollo y crecimiento de la fe. Para alcanzar la intensidad de luz suficiente, como dice el Apóstol Pablo a Timoteo: para que reavives el don que has recibido. ¿Cuáles son estos tres puntos?

Jesús explica a sus discípulos que con una fe aún pequeña como un granito de mostaza, se lograrán cosas extraordinarias como decirle a un árbol frondoso, arráncate de raíz y plántate en el mar. Pero no imaginemos que se trata de una varita mágica. Jesús para no dar pie a una falsa interpretación les cuenta una Parábola sobre la responsabilidad del amo y del empleado, y luego Jesús afirma: Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: No somos más que siervos; sólo hemos hecho, lo que teníamos que hacer.

El primer punto a tener en cuenta para crecer en la fe es que debemos ser responsables de las propias actividades o funciones, de lo que está en las manos de cada persona o lo que se ha recibido en encomienda y que es tarea de cada quien. Respondiendo a mis responsabilidades ofrecemos la oportunidad a Dios de intervenir en nuestras acciones.

Si cada persona hace lo que tiene que hacer, si es responsable con lo que le toca, Dios interviene, haciendo muy fecunda nuestra labor. Sí cada persona hace lo que tiene que hacer, entonces Dios multiplica el fruto de nuestra acción. Viendo la acción de Dios crecerá nuestra fe.

Segundo punto, dice San Pablo a Timoteo: la fe y el amor tienen su fundamento en Cristo Jesús. Por tanto, para aumentar la fe y acrecentarla es indispensable conocer la persona de Cristo. No hay otro camino. Al menos conocer los Evangelios, leerlos, meditarlos y compartirlos en comunidad. Poner en relación la vida con lo que dice Jesús en los Evangelios. El hombre tiene que conocer a Jesús, su persona, porque solamente ahí encontrará el mejor alimento para su fe.

La fe y el amor tiene su fundamento en Cristo Jesús, guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros, así le dice San Pablo a Timoteo.

En ocasiones el hombre se preocupa más por conocer mucha doctrina, y si la doctrina no está fundamentada en una experiencia  de conocimiento de Cristo, se hará una ideología del Evangelio, y se llegará a ser intolerante con todo aquel que no piense de dicha manera. En cambio, si primero se pone el Evangelio y la persona de Cristo, toda la doctrina será muchísimo más fecunda, más rica y será el motor de la relación fraterna con los demás.

El tercer punto lo encontramos en la primera lectura, en este grito del profeta Habacuc que cada uno lo puede hacer suyo: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio, sin que me escuches? ¿Por qué te quedas mirando la injusticia y te quedas mirándo la opresión? Ante mí no hay más que asaltos y violencias, y surgen rebeliones y desórdenes.

Vivimos un gran deterioro del tejido social, se está desgastando la comunidad. Podemos decir con el Profeta: ¿Hasta cuándo, Señor? El Señor me respondió y me dijo: Escribe la visión que te he manifestado. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará; si tarda, espéralo, pues llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio, el justo en cambio vivirá por su fe.

La fe es clave para afrontar estos tiempos  difíciles. Pero, ¿cómo se puede aumentar la fe ante estas situaciones que cada vez desalientan el propio trabajo y el cumplimiento de las responsabilidades? Para no caer en la tentación de los violentos, rebeldes, desordenados, que quieren alcanzar lo que desean en base a la violencia, debemos recordar una y otra vez: Si tarda, espéralo, porque llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio, el justo en cambio vivirá por su fe.

Dos actitudes claves encierran estas palabras del Profeta: paciencia y confianza. La paciencia: si tarda, espéralo. Y la confianza: porque llegará. La victoria del bien sobre el mal llegará, está dada en Cristo Jesús.

Aunque a veces no se entienda lo que pasa, ni se sepa hasta dónde pueda llegar el mal; la fe indica que en medio de esta obscuridad, llegará el día en que el malvado sucumbirá terriblemente, el justo en cambio vivirá por siempre.

Los invito a desarrollar la fe, compartirla en familia, en los círculos de amistad, en los círculos eclesiales. Esforcémonos por crecer en la fe, con estos elementos que hoy nos regala la Palabra de Dios. Que así sea.

 

+Carlos Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla