HOMILíA SEMINARIO CURSO DE CONFIGURACIóN CON CRISTO, BUEN PASTOR

December 31, 1969


HOMILíA SEMINARIO CURSO DE CONFIGURACIóN CON CRISTO, BUEN PASTOR

 

Homilía Seminario Curso de Configuración con Cristo, Buen Pastor

14-Octubre-2016

 

EL Espíritu Santo es la garantía de nuestra herencia

 

Así lo expresa San Pablo en la primera lectura tomada de la carta a los Efesios. La garantía, ¿cuántas veces han preguntado ustedes por la garantía de una cosa? De aparatos, de ropa, alimentos, constantemente requerimos una garantía. ¿Nos hemos preocupado por la garantía de la eternidad?

 

San Pablo aclara que también podemos obtener una garantía de nuestra herencia: ¡llegar al cielo! Durante la vida terrestre es el mismo Espíritu Santo que conducirá la vida de cada persona y comunidad cristiana, garantizando así alcanzar la herencia prometida.

 

Por tal razón es interesante profundizar, ¿cómo se puede corresponder al Espíritu Santo? Dice el texto: la garantía viene después de escuchar la Palabra de la verdad, Evangelio de salvación, y creer en él.

 

Pone dos condiciones: escuchar la Palabra de Dios y creer en lo que se escuchó. Éste es el primer paso para que la garantía tenga vigencia. Esa es la forma en la que se puede asegurar que  se tendrá esta herencia.

 

¿Y cuál es esa herencia que se promete? La liberación del pueblo adquirido por Dios. Es decir, formar parte del pueblo que Dios quiere como suyo, para compartir la vida divina. Esto es lo que plantea a grandes rasgos el texto de la primera lectura.

 

Se puede complementar con el Evangelio que dice: la multitud rodeaba a Jesús. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: cuídense de la levadura de los fariseos, es decir, de la hipocresía. La relación con el Espíritu Santo, con Dios, debe se sincera, franca, abierta, transparente.

 

La relación de cada uno consigo mismo, ese dialogo interior que se hace a cada momento, también tiene que ser sincero y no tratar de autoengañarse, sino reconocer la realidad. No encasillarse en lo que se quisiera tener, pensando que ya se posee, sino en aquello que se es con todas las cualidades y limitaciones.

 

La relación con los demás también debe ser sincera, franca, transparente. Dando a conocer lo que se piensa, no lo que políticamente es correcto decir, porque se tienen temores. El diálogo tiene que ser desde lo que se lleva dentro, en el corazón. Ésta es la primera característica que plantea el Evangelio y que puede conducir una mejor relación con el Espíritu Santo, para la conducción de la propia vida.

 

El segundo elemento que se encuentra en el Evangelio es cuando Jesús les dice: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quien han de temer: Teman a aquel que después de darles muerte los puede arrojar al lugar del castigo. A él sí tienen que temerlo.

 

Evidente que se debe cuidar la vida y tomar las precauciones debidas, pero lo más importante no es eso, sino cuidar que nadie te envenene el alma. Hay muchas formas  de envenenar el interior, la conciencia, el corazón. Se necesita mantener una alerta constante.

 

El corazón de cada hombre puede ser seducido, pero siempre se debe estar atento, si lo que está seduciéndome es para bien adelante, pero si al contrario es para mal, hay que detenerse a tiempo, pensando en lo que dice Jesús. A él sí tienen que temerlo.

 

Tercer elemento, dice Jesús: ¿no se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno de ellos se olvida Dios; por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman pues porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos.

 

El valor de una persona es infinitamente superior al de cualquier otro ser animal, al de otra creatura, porque las otras creaturas Dios las creó para el servicio del hombre. En cambio, el ser humano es amado por Dios, por tal razón está pendiente de él. Siempre Dios está atento para auxiliarlo y acompañarlo.

 

Esto significa reconocer el amor que Dios nos tiene. Debemos confiar en su auxilio porque él ama entrañablemente al hombre. El hombre debe saber que siempre contará con Dios. Esto se genera por experiencia, y en esa experiencia de la vida, cuando en cada circunstancia se tiene una conciencia alerta, se podrá reconocer la mano de Dios que acompaña, el amor de Dios que regala: personas, situaciones, gestos que son fruto y consecuencia de su amor.

 

Estas tres cosas  ayudan precisamente a la relación con el Espíritu Santo. Uno: sinceridad, franqueza, transparencia. Dos: tener miedo a quien envenena el alma y a quien introduce el mal en el interior, porque el mal, como dice Jesús: sale del interior del hombre, y para que sea así antes tuvo que ser envenenada el alma. Tercero: descubrir la mano de Dios a través de cada circunstancia para experimentar el amor de Dios y crecer día a día en la confianza hacia Él. Pidámosle al Señor que así vivamos esta relación con el Espíritu Santo. Que así sea.

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla