HOMILíA DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

December 31, 1969


HOMILíA DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Homilía Domingo XXIX del Tiempo Ordinario

 

16-Octubre-2016

 

Cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?

 

La pregunta la plantea Jesús, sabemos que Él estaba convencido del plan de  Dios, razón por la que había sido enviado, para redimir a la humanidad. Al abrir la pregunta, lo que quiere Jesús es que se tome conciencia de la respuesta que debemos dar.

 

Este domingo las tres lecturas, tienen el eje temático de la oración. Así el inicio del Evangelio: para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola.

 

La oración es un medio indispensable para dar respuesta al plan de Dios. Veamos unas características de la Oración que presentan las lecturas de hoy.

 

En la primera lectura Moisés, junto con Aarón y Jur, hacen oración, mientras el pueblo de Dios libra la batalla contra los Amalecitas. Es una escena muy plástica y fácil de entender: mientras Moisés levanta las manos en señal de oración, la batalla la va ganando el pueblo de Israel. Cuando se cansa y baja los brazos, la batalla empieza a ganarla los Amalecitas.

 

Esta escena manifiesta que la oración, no es algo simplemente para relacionarse con Dios, sino que está íntimamente vinculada con la vida. Se puede pensar en las batallas que se tienen que librar en la vida diaria; ésta es la primera característica de la oración: La oración está íntimamente vinculada con la vida.

 

En la segunda lectura, el Apóstol San Pablo le recomienda a Timoteo, que no deje de leer y meditar la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura. Le recuerda que ha sido un gran don el haber recibido la Palabra de Dios desde la infancia, y haberse familiarizado con ella.

 

Me atrevo a afirmar que muchos de nosotros tuvimos la fortuna de haber aprendido a orar desde nuestra niñez. Como tuve yo la gracia de la enseñanza de orar en familia con mis padres, particularmente de mi madre, junto con mis hermanos, desde niños. Así se familiariza uno con Dios. La familia es la mejor cuna donde uno aprende a orar.

 

La oración infantil prepara para ir relacionándose con Dios. Después con la lectura y meditación de la Biblia se descubre la voluntad de Dios Padre, que nos dispone a poner la vida al servicio de los demás. Esto es lo que afirma Pablo y además añade, que a partir de esta familiaridad con la Sagrada Escritura, viene la sabiduría. ¡Que hermoso regalo!

 

La sabiduría no es obtener una gran cantidad de conocimientos. No debemos confundirla con el desarrollo intelectual. La sabiduría es el arte de saber orientar la vida conforme el plan de Dios. Es el arte de vivir conduciéndola, sin permitir que las circunstancias nos conduzcan. Esta es la consecuencia de alcanzar, mediante la oración, la familiaridad con la Sagrada Escritura.

 

Pablo le advierte a Timoteo: así podrás enseñar, podrás reprender, cosa tan difícil en la actualidad. Todo mundo se molesta cuando es corregido y no descubre la necesidad de la corrección. Pero si se está familiarizado con la Palabra de Dios sabremos corregir de forma que, el otro descubra su situación, recapacite, y acepte la reprensión, y así ser educado en la virtud. No se nace perfecto, se nace frágil y limitado, pero capaz de desarrollar un camino de perfección. Pablo termina diciendo que, así es como se puede esperar en paz el final de la vida o el final de los tiempos.

 

El Evangelio da otra característica de la oración. La oración dejará como a la viuda de la parábola, la convicción de la verdad. Será la luz que clarifica que se está en lo cierto, que se tiene derecho a hablar sobre la verdad ante la injusticia o ante la necesidad de recibir justicia, independientemente de la otra parte. Por eso, esta viuda es insistente y constante en su petición. La oración dará la fortaleza para exigir cuando se está en la convicción de la verdad, la oración fortalece en la fe. Ésta es la otra característica que señala Jesús a sus discípulos.

 

Ante esta enseñanza de la Palabra de Dios, podemos descubrir en la lectura que hizo Mons. Dagoberto Campos, sobre el Decreto de la Venerable Sierva de Dios, María de Jesús del amor misericordioso, que ella tuvo estas características: desde niña vivió en un ámbito de familia Cristiana. Aprendió a orar, y en esa niñez a los once años le toca ver la guerra que se desató en México con la revolución en 1910. El dolor de la guerra la sensibilizó para estar atenta y ayudar a los más necesitados.

 

Le toca después una guerra interna en su cuerpo, con la enfermedad y se consagra al Señor. Esto es fruto de la oración, no se puede entender, sino a partir de la relación con Dios. El Señor le da la vida, y ella se dedica a educar, reprender, corregir y  enseñar, a estar cerca de los pobres. Allí va descubriendo su carisma, su sensibilidad por los sacerdotes, perseguidos en aquel tiempo, y también por los más necesitados. Por tal razón, supongo quiso llamarse María de Jesús del amor misericordioso, y estableció la Casa de la Misericordia.

 

También, a pesar de su situación personal compartiendo con la enfermedad, se entregó hasta el final de su vida, abriéndose generosamente a las necesidades de los más pobres, no se quedó nunca encerrada en sí misma, y de ahí, el fruto de esta Congregación, de las Siervas Guadalupanas de Cristo Sacerdote.

 

El dinamismo de la oración tuvo su fruto. Jamás se encerró en el propio egoísmo, y consideró a los demás como el campo para trabajar: ayudando y colaborando en las necesidades de los otros, y especialmente de los que más sufren. La oración fue el instrumento de  la vida de la sierva de Dios.

 

Hoy vivimos una gran  batalla, una transformación cultural que significa muchas veces una guerra social. No es guerra de armas, sino enfrentamiento de pensamientos, ideologías, en un tiempo de cambio profundo. Esta guerra desgarra la familia, la sociedad, la relación de los ciudadanos con las autoridades, desgasta las instituciones, que son indispensables para servir a las necesidades del ser humano.

 

Hoy se necesita que el testimonio de María de Jesús nos ayude a descubrir la necesidad de la oración para transformar el propio corazón y transformar a los demás, descubriendo que somos hermanos. Así los enfrentamientos tendrán el mejor cauce: el diálogo, la comprensión y la misericordia.

 

Hoy vivimos una batalla cultural que es muy sutil, que no se descubre como las guerras de las armas, que son más duras, sangrientas y dramáticas.

 

Cada discípulo de Cristo necesita retomar este camino de la oración que Cristo nos muestra. Ustedes las Siervas Guadalupanas de Cristo Sacerdote, necesitan contextualizar su carisma hoy en el mundo, para poder dar respuesta como lo hizo María de Jesús. Pidámosle al Señor que les dé esta gracia, y pidámosla para todos los aquí presentes, especialmente quienes la conocieron, porque ella vivió entre Ustedes.

 

Pidámosle al Señor Jesús, que nos conceda la gracia de ser una buena comunidad de discípulos de Cristo, para hacer realidad el plan de Dios en nuestros tiempos. Que así sea.

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla