HOMILíA DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

December 31, 1969


HOMILíA DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Homilía Domingo XXXI del Tiempo Ordinario

30-Octubre-2016

 

Tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho

 

Con estas palabras el autor del libro de la Sabiduría, recuerda la obra creadora por parte de Dios, que es la humanidad y el  universo, y advierte que Dios ha creado todo cuanto existe porque lo ama. El centro de la creación es el hombre, el ser humano es la creatura predilecta de Dios.

 

De ahí, la importancia de dicha afirmación: Tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho, pues si hubieras aborrecido alguna cosa, no la habrías creado. El hecho de vivir, el poder constatar la vida, que no se pide, que fue un regalo de Dios para cada persona, es ya una manifestación del amor de Dios.

 

A este proyecto creador de Dios, le viene otro proyecto que es el proyecto redentor, para restaurar todo lo que estaba perdido. Este proyecto redentor de Dios lo encontramos en el Evangelio de hoy. Lo que hace Jesús con Zaqueo es redimirlo, y esto lo repite Jesús con muchos otros a lo largo de su ministerio. Pero esta acción redentora no se limita a la existencia terrena de Jesús, sino que se mantiene y continua a lo largo de la Historia.

 

Es hermoso ver en esta escena del Evangelio, la manera como se genera el encuentro de Jesucristo con Zaqueo. Es una manifestación para descubrir que Jesús espera la oportunidad para propiciar el encuentro.

 

Dice el texto del Evangelio: Zaqueo se enteró que Jesús iría a Jericó, su ciudad. Zaqueo salió de su casa para encontrarlo, para verlo, y como vio que había mucha gente, y siendo él de baja estatura, se subió a un árbol. Él tenía curiosidad de ver a Jesús, pero nunca se imaginó lo que sucedería después de este encuentro con Jesús. Esto es lo que espera Dios de cada  persona. Que entre la curiosidad para encontrarse con Dios, que entre ese gusto, deseo, de conocer a Dios. Si el hombre busca a Jesús y le abre la puerta del corazón, seguro que se encontrará con Él.

 

La experiencia de San Agustín, es un buen ejemplo. San Agustín estaba inquieto por conocer al verdadero Dios, lo buscó de distintas maneras, en la filosofía, en la teología, en las acciones de las personas, en la observación de cuanto le fue posible conocer en su tiempo. Y San Agustín finalmente encontró a Jesús dentro de sí.

 

Jesús está más cerca de lo que a veces imaginamos. Pero se necesita generar ese deseo, ese anhelo de encuentro con Jesús. ¿Qué pasa cuando una persona se encuentra con Jesús? ¿Qué sucede cuando una persona se abre al conocimiento de Cristo? Lo mismo que a Zaqueo.

 

Zaqueo era considerado un pecador público. Si se puede poner un ejemplo extremo, sería hoy en día como un sicario, que se dedica a asesinar gente, nadie quiere encontrarse con él, o a un narcotraficante que tiene todo el poder para secuestrar y matar, nadie quiere verlo. De esa manera se puede imaginar lo que era Zaqueo para el pueblo judío, alguien que colaboraba con la autoridad Romana que sometía al pueblo y lo tenía prácticamente  en un estado de pobreza constante.

 

Esta figura pública de Jesús, la vence el mismo Zaqueo, que sale a la calle y se interesa en Jesús. ¿Qué sucede? Jesús levanta la vista lo mira arriba del árbol y le dice: Zaqueo, baja de ahí, porque hoy me tengo que hospedar en tu casa. Ese encuentro entre Jesús y Zaqueo en casa, provocó lo que dice el Evangelio, que inmediatamente habiendo entrado en casa Zaqueo le dice a Jesús: Mira, Señor, voy a darle a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más.

 

El encuentro con Jesús cambia la vida del hombre. Zaqueo en lugar de poner toda la ilusión de la vida en el dinero que venía acumulando, en sus propiedades, fruto del trabajo de recoger los impuestos, Zaqueo cambia y se transforma interiormente y distingue que lo valioso es compartir con la gente y restituir en base a la justicia, lo que había defraudado, presumiblemente en base al poder que había tenido.

 

La persona se transforma al encontrarse con Jesús. Jesús mismo se lo confirma al decirle: hoy ha llegado la salvación a esta casa. Nadie está excluido de este encuentro que Jesús quiere con cada persona. Nadie puede sentirse indigno, inmerecido, por más que haya fallado, pecado, o haya tenido conductas totalmente perversas, porque si no, como dice la primera lectura: Dios no lo hubiera creado. Si Dios ha dado la vida a las personas es porque está esperando, que reaccione y tenga ese momento de encuentro.

 

Ésta es la razón del año de la misericordia. Por eso el Papa ha insistido, que el hombre contemple a Jesús, busque a Jesús, porque  transformará la vida de cada persona. Que el mismo hombre lo conozca, porque así la vida encontrará su verdadero rumbo.

 

San Pablo en la segunda lectura dice: los que ya lo hemos encontrado, los que ya sabemos lo que es tener amistad con Cristo, recordemos que nuestra vocación es darlo a conocer, dar testimonio de lo que para nosotros significa Jesucristo. Ésa es la razón de ser discípulo de Jesucristo.

 

Dice Pablo; Dios los haga dignos de la vocación a la que los ha llamado, y con su poder lleve a efecto, tanto los buenos propósitos que ustedes han formado, como lo que ya han emprendido por la fe.

 

Nosotros no nos guardemos este tesoro del conocimiento de la amistad con Cristo, ya que si lo damos a conocer podremos atraer a muchos otros que andan extraviados y perdidos en el mundo de hoy y que hacen tanto daño con su mala conducta.

 

Esa es la vocación cristiana,y siendo fieles a esta vocación, dice San Pablo:  No tengan miedo del fin del mundo, porque entonces el fin del mundo para nosotros, los discípulos de Cristo, será glorioso. No será trágico, ni apocalíptico, será el encuentro definitivo con Jesucristo, el Señor de la Historia.

 

Pensemos en este mensaje que hoy nos dejan las tres lecturas que hemos escuchado, pidiendo a Dios, Nuestro Padre, que valoremos el camino de experiencia con Jesucristo y que demos testimonio de ello para beneficio de las nuevas generaciones. Que así sea.

 

 

 

+Carlos  Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla