HOMILíA ORDENACIóN PRESBITERAL

December 31, 1969


HOMILíA ORDENACIóN PRESBITERAL

 

Homilía Ordenación Presbiteral

30-Noviembre-2016

 

¿Y cómo van a creer en Jesucristo, si no han oído hablar de él?

 

Esta serie de preguntas, que plantea el Apóstol San Pablo en la segunda lectura, ayudan a reflexionar, por una parte en la importancia de transmitir la buena nueva de Nuestro Señor Jesucristo, la palabra de Cristo, el Hijo de Dios encarnado. Y por otra parte, la indispensable necesidad de constituir mensajeros que hagan este anuncio.

 

Las lecturas que se han escuchado, permiten adentrarse en la naturaleza de la misión y en la forma en que se debe realizar. Lo primero que se advierte en la primera lectura, del libro de los Números, es la reacción de Moisés, que mirando al pueblo que le había encomendado Dios, no alcanzaba personalmente a resolver, por sí sólo, todos los problemas, conflictos, y el acompañamiento al pueblo de Dios.

 

Esa confrontación con la realidad, le mueve a dirigir una petición a Dios, para que le quitara la vida. Pero Dios, en lugar de quitarle la vida, le muestra otra solución, le da ayudantes, personas auxiliares, las que recibirán el mismo espíritu que posee Moisés.

 

Esta primera  lectura hace ver un aspecto muy importante: El anuncio del Evangelio, nadie lo puede hacer sólo, se tiene que hacer con un gran equipo. En el caso de Moisés, le dio setenta colaboradores. En el caso de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, no son suficientes setenta, se necesitan más de los doscientos veinte, que actualmente realizan su ministerio activamente, y otros cincuenta, que en retiro, siguen colaborando en algunas actividades.

 

Con alegría se sumarán hoy, Juan Jesús y Jesús Israel, participando del mismo Espíritu, que hemos recibido los Sucesores de los Apóstoles. El Presbiterio y cada uno de los presbíteros, dice el Concilio Vaticano II, son los colaboradores indispensables del ministerio Episcopal. Nos alegra enormemente como alegró a Moisés, el que Dios les dé a Ustedes dos, por la imposición de manos, el mismo Espíritu para cumplir el ministerio  sacerdotal.

 

¿Cuál es este ministerio sacerdotal? San Pablo lo dice de una forma sintética, el ministerio sacerdotal consiste en anunciar a Cristo. Por tanto, que en su ministerio los fieles oigan hablar de Cristo, no de ustedes, ni de sus personas. Debemos tener una actitud humilde, en la que siempre reconozcamos, que a través de nosotros se manifiesta Dios.

 

Lo importante es que nuestro pueblo se encuentre con Cristo, de una forma personal y también en una vivencia comunitaria. Es decir, creer en Jesucristo en Iglesia.

 

Es conveniente desentrañar con mayor claridad, las características, que hoy la Palabra de Dios les dice a Ustedes dos, en este día, tan importante en su vida, después de haber hecho un largo proceso formativo y de discernimiento hasta llegar al día de hoy.

 

Hay cuatro características que el Evangelio nos presenta. Primera. El llamado de Cristo. Les costó trabajo a Ustedes, ya que tuvieron que pasar mucho tiempo, años, separación del Seminario, regresar, volverse a plantear en diversas ocasiones su vocación, para lograr discernir que Dios los llamaba, que Él como a Andrés y Pedro, Santiago y Juan, les decía: ¡Ven y sígueme!

 

Esta conciencia vocacional, que ya han adquirido, la tienen que cuidar, estar siempre alerta para recordar que no son Presbíteros como fruto de su proyecto, sino que lo son, porque Ustedes aceptaron el llamado de Cristo.

 

La conciencia vocacional es lo primero que se tiene que guardar en el corazón. Yo recuerdo que de joven sacerdote, al leer las palabras de su Santidad Pablo VI, en Ecclesiam suam, en pleno Concilio decía; si logramos mantener la conciencia vocacional, siempre estaremos abiertos a la acción del Espíritu Santo.

 

Segunda característica. El Señor Jesús los llamó para ser discípulos. ¿Qué es un discípulo? Alguien que siempre está en actitud de aprendizaje, nunca se siente acabado de formar, siempre tiene algo que aprender. Nunca digan: yo ya me sé todo; siempre déjense sorprender por lo que el Espíritu Santo hace a través de su ministerio.

 

Ésta es una característica, que hoy los documentos de la Iglesia la confirman de diferentes maneras. Como la formación permanente de los Presbíteros, de los Obispos, del mismo Laicado, Agentes de pastoral. Nuestra condición permanente hasta la muerte es ser discípulos.

 

Tercera característica. Vivir la experiencia de discípulo en comunidad. Dice el texto, que Jesús llamó a Andrés, Simón Pedro, Santiago, Juan y fue sumando hasta constituir una comunidad de doce. Elegidos de un círculo más amplio de discípulos, que según los evangelistas era de setenta y dos.

 

El discípulo de Jesucristo, no es un discípulo aislado. Es un discípulo en comunidad. Esta característica es de suma importancia. Por ello, en la Arquidiócesis de Tlalnepantla trabajamos la renovación pastoral con el proceso misionero, que intenta llevar a los católicos a la integración en pequeñas comunidades parroquiales. Así, los católicos no somos simplemente feligreses, que asistimos cuando queramos y a donde queramos, sino que formamos comunidad. De ahí también, las comunidades sacerdotales, para poner juntos su vida y realizar el ministerio en pastoral de conjunto.

 

Discípulos en comunión, no discípulos aislados. Nunca solos porque el discípulo que se aísla y vive sólo, le podrá pasar lo mismo que a Moisés: ya no puedo Señor, la carga es muy dura, mejor quítame la vida. Tenemos por tanto que ser discípulos en comunidad.

 

Cuarta característica. Vivir como hermanos. Este Evangelio narra que Jesús llamó a sus primeros discípulos en parejas de hermanos, Santiago y Juan, Andrés y Simón. Nos ofrece un elemento importante, la misión es para aprender a vivir como hermanos. La fraternidad es la manera de vivir el discipulado de Jesucristo. Reconocer que somos de la única familia, la familia de Dios. Por esa razón, cuando los discípulos le dijeron a Jesús: Maestro enséñanos a orar. El les dijo, oren así: Padre Nuestro.

 

Padre nuestro, porque somos hijos de un mismo Padre, miembros de una misma familia. Aquí está el punto clave de todo trabajo pastoral: Fraternizar solidarizándose, ayudando unos a otros, dándose la mano, acompañando y transmitiendo la misericordia del Señor a los demás.

 

Estas cuatro características les motivan en este momento, en el que el Señor les confiere el mismo Espíritu Santo para este ministerio sacerdotal. Como dice San Pablo: para que sean enviados. No son simplemente constituidos profesionales de un culto, ¡no! Son constituidos pastores, que en nombre de Cristo, conducen y acompañan a la comunidad de los hijos de Dios, a la familia de Dios. Que así sea.

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla