HOMILÍA EN LA MISA DE NOCHE BUENA 2022

December 24, 2022


HOMILÍA EN LA MISA DE NOCHE BUENA 2022

 

«Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad»

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:


Esta Noche buena los saludo a todos con el afecto de siempre, a ustedes que están aquí a también a las personas que se unen a nuestra celebración en sus hogares, dentro del territorio de nuestra amada Arquidiócesis de Tlalnepantla, en distintos lugares de la República Mexicana y también en el extranjero; «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

Hoy es una noche especial para nosotros, para los cristianos, porque hoy celebramos el misterio de la Encarnación. Esas cuatro velas de la corona de Adviento nos fueron llevando paso a paso en estas cuatro semanas de preparación y hoy nos señalan al Nacimiento, donde encontramos a José, a María y al Niño Dios.

Por eso para nosotros este misterio de la Encarnación es algo muy grande, porque fue anunciado por los profetas que vendría el Mesías, el Salvador, especialmente el profeta Isaías nos fue llevando en estas semanas para esperar al Mesías, «El Pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz», el Padre envía a su Hijo, a Jesús. Jesús significa: “el que nos salva”, el Emmanuel: “Dios con nosotros”, la Palabra carne, el Dios que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

Nuestro corazón hoy debe estar llenó de alegría, de gozo, porque Jesús cambia el rumbo de la historia, es el parteaguas, ese Jesús que viene a nosotros para indicarnos los caminos de salvación.

Hoy quiero invitarlos a todos ustedes para que abran su corazón para que llegue Jesús y renovemos este amor, porque «tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo para salvarnos».

El Evangelio de san Lucas nos pone en el contexto histórico, nos platica que se hace un censo y cómo tienen que ir Jose y María hasta la ciudad de Belén, porque José era descendiente de David y tenía que ir para el censo. ¿Y qué fue lo que sucedió en Belén, un pueblo cerca de Jerusalén? Que no encontraron posada. Ellos eran sencillos y le llegó a María el momento de dar a luz. Vemos cómo el Hijo de Dios nació en un establo, en una cueva, en este tiempo de frío en Belén, ahí nació el Salvador del Universo.

Ya es un signo desde su Nacimiento en un portal de Belén, es un signo cómo Jesús viene a los más pobres, a los más de necesitados, Él se hace como nosotros, se pareció a nosotros en todo menos en el pecado. Y cómo el Ángel le da la noticia no a los más importantes a los ojos de la sociedad sino la noticia es a unos pastorcitos que cuidaban a sus animales, a sus borreguitos, «Les doy una buena noticia: Ha nacido el Salvador del Universo, ¡vayan a verlo!», y los pastorcitos fueron y por eso vemos nosotros en el Nacimiento a los pastores y los animalitos que están al lado del Niño Jesús. Jesús quiere venir a todos, pero hace su opción por aquellos que valen menos a los ojos humanos, a los minusválidos, a los necesitados, a los pobres.

Hoy también es un signo para todos nosotros de cuestionarnos qué mundo estamos creando. Jesús viene a darnos la noticia de que somos hermanos, hijos de Dios, y la Navidad es para preguntarnos si estamos viviendo como hermanos, como hijos de Dios, o si estamos sordos y ciegos ante las necesidades de los demás.

Siempre me gusta decir una frase que leí hace mucho tiempo, de un autor anónimo, que dice que “aunque Cristo naciera mil veces en Belén, si no nace en nuestro corazón de nada sirve”, Él tiene que nacer a nuestro corazón, estamos invitados a renovar.

Vemos nosotros que hoy en todo el mundo se celebra la Navidad, pero desgraciadamente es una Navidad pagana. Hemos dicho en otros domingos cómo no hay Navidad sin Jesús, Él es el motivo de nuestra alegría. Él quiere traernos también muchos regalos, el regalo de la paz, el regalo de la familia, el regalo del perdón, el regalo de la concordia. Dios nos hizo con un corazón para amar, un corazón para perdonar, para crear fraternidad, para crear comunión, y a veces el corazón se nos va haciendo como de cemento, muy duro.

Por eso, que hoy perdonemos al que nos ha ofendido, que pidamos perdón al que hemos ofendido, que busquemos la paz, que busquemos la concordia, que busquemos la unidad. «Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Que el Niño Jesús nos bendiga a todos, a toda la humanidad, a nuestras familias, a nuestra Arquidiócesis, y a aquellos que más lo necesitan. Así sea.


+José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla