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Homilías

HOMILÍA CENTRO UNIVERSITARIO DOCTOR EMILIO CÁRDENAS

marzo 16, 2017

Homilía Centro Universitario Doctor Emilio Cárdenas

16-Marzo-2017

 

Dichoso el hombre que confía en el Señor

 

Con estas palabras tomadas de la primera lectura, se respondía en el salmo, cantando “dichoso el hombre que confía en el Señor”

 

Para adentrarnos en el mensaje de esta primera lectura, hay que recordar que la función y la manera en que se ejercía el profetismo en el pueblo de Israel, era de dos formas. Primeramente aclaremos que el profeta no recibe directamente de Dios un mensaje para que lo dé a conocer.

 

La primera forma en que el profeta ejerce su misión es mediante la capacidad de interpretar los acontecimientos de su tiempo y esclarecer qué es lo que daña al pueblo y qué lo que le beneficia. Es un análisis de la realidad que llega a descubrir las causas, que están de fondo. El profeta es quien tiene la capacidad de descubrir, desde lo que está pasando en la sociedad, lo que es bueno y lo que es malo.

 

La segunda manera es la de recoger la experiencia histórica de la comunidad, de la sociedad. Es decir, hacer de la historia, la maestra de la vida.

 

Para entender esto es importante recordar, que el ser humano independientemente del tiempo y de los contextos socioculturales que le toca vivir, tiene características que estarán presentes en todo ser humano a lo largo de la historia de la humanidad. Los contextos son distintos pero el ser humano tiene una naturaleza, cuyas características se expresan siempre a lo largo de la historia.

 

Por ejemplo, desde el inicio de la humanidad hasta nuestros días, existen relaciones de amistad y relaciones de odio, existen los valores y los antivalores. Esto es lo que siempre estará presente a lo largo de la historia. Se recoge esa historia de los valores y características de los distintos contextos por los que ha pasado la humanidad, y se logra, lo que se denomina, la reflexión sapiencial. Ésta es la segunda manera de ser profeta, recogiendo la historia y sacando las lecciones.

 

El pasaje de la Escritura que hemos escuchado, es precisamente esta segunda manera en la que el profeta recoge la historia del pueblo, y a la luz de esa historia afirma que el hombre que pone toda su confianza en sí mismo, no en otro, sino en sí mismo, se va a la ruina, porque le falta la trascendencia. Es decir, no ha reconocido que la vida es porque otro lo ha querido así, y ese otro es Dios.

 

¿Es qué acaso alguien hizo una solicitud para inscribirse y nacer? Ciertamente que no. El hombre que niega esa relación con quien le dio la vida, le irá mal, porque niega la trascendencia. Cuando se recibe la vida, se ha recibido, de quien nos espera al término de esta vida terrena.

 

El hombre que confía en el hombre, en él pone su fuerza, en el sólo, individualmente. No le importa los demás, aparta su corazón del Señor, no le interesa quien lo ha creado. Ese hombre será como un cardo en la estepa que nunca disfrutará de la lluvia, vivirá en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhabitable. Será infeliz. No alcanzará la felicidad.

 

Entonces el profeta expresa: dichoso el hombre que confía en el Señor y en Él pone su esperanza. El hombre que confía en el Señor, será como un árbol plantado junto al agua, que hunde en la corriente sus raíces; cuando llegue el calor, no lo sentirá y sus hojas se conservarán siempre verdes; en año de sequía no se marchitará ni dejará de dar frutos.

 

Como se ve un árbol verde lleno de frutos, así sucede con el hombre que confía en Dios, camina a la plenitud, y produce frutos, es fecundo y se mantiene lleno de vida en cualquier tiempo, sea de sequía o sea de lluvia. Porque está plantado junto al agua. Junto al manantial.

 

Después el profeta da una clave muy importante: el corazón del hombre es la cosa más traicionera y difícil de curar. ¿Quién lo podrá entender? Con esto está dando una alerta: en el interior del hombre, está ahí la clave, para confiar en Dios o para confiar en sí mismo.

 

Ésta es la gran responsabilidad personal, que nadie lo puede hacer por el otro, cuidar el propio corazón. Cada uno tiene que decidir por sí mismo, es un asunto personal. Ciertamente puede, si el quiere, recibir ayuda.

 

La institución académica para eso es. El colegio está para ayudar a la persona, abriéndole el horizonte de la vida, e indicándole como ubicarse en la sociedad. Esta colaboración es indispensable, más viniendo de aquellos que han caminado en la vida y tienen la experiencia, los maestros, y los profesores. Ellos deben ayudar a los alumnos, quienes comienzan a caminar en la vida, en sus distintas etapas y grados, para darles la mano.

 

Aprendiendo de la historia, recogiendo la reflexión sapiencial como lo presenta el profeta Jeremías, se podrá hacer que el corazón no traicione, sino que el corazón de cada uno elija la confianza en el Señor.

 

A la luz de esta primera lectura, se puede completar con el Evangelio, con esta parábola que pone Jesús para entender la importancia de  descubrir  al otro como hermano. La parábola de este rico que está muy contento pasando su vida en banquetes, fiestas, en todo lo que puede halagar, y pasarla aparentemente feliz.

 

A este rico no le interesa el pobre Lázaro, que está a su puerta y no tiene ni siquiera para comer. Jesús cuenta esta parábola para indicar la sensibilidad de que todo ser humano posee dignidad, y que por el hecho de ser hombre, es hermano. El prójimo es un regalo de Dios y tiene una potencialidad que quizá se ha quedado atorada, que ha quedado desorientado. Sin embargo, no por eso se le tiene que dejar de lado, al contrario mientras tenga vida se le tiene que ayudar.

 

Cuando esto se realiza, es decir, cuando se genera esta sensibilidad para tender la mano a quienes nos rodean, es consecuencia de que el corazón humano está confiando en el Señor. Es consecuencia de que se ha adquirido esa mirada trascendente.

 

Resumiendo: primer punto, estas dos formas de ser profeta se tienen que practicar más hoy, que en otros tiempos. Es indispensable interpretar la realidad, porque hoy se vive una fractura cultural. Es necesario interpretar lo que está sucediendo, para clarificar lo que conviene y lo que daña.

 

También debemos seguir la segunda manera de ser profeta retomando la historia, porque con frecuencia se tiene la tentación de quitar todo porque no sirve para nada, y se derrumba todo para comenzar de cero. Eso es una tentación muy peligrosa, romper con la historia. Creer que se puede empezar de cero, desde los cimientos. Es un reto de la humanidad, aprovechar la historia, y consolidar de nuevo lo que beneficia al ser humano y a la sociedad.

 

Segundo punto, para confiar en el Señor, hay que aprender a vigilar y educar nuestro corazón, descubriendo que afectos y sentimientos nos pueden traicionar y desviar con una tendencia negativa. Ahí es el momento de estar alerta con el propio interior.

 

Tercer punto, descubrir que mirar al Señor y tener conciencia de la trascendencia implica, reconocer que quien da la vida, también la da al otro, y por eso, debemos tender la mano unos con otros.

 

Esto es lo que nos propone la luz de la Palabra de Dios. Para eso es esta Celebración Eucarística, para abrir el corazón y que la gracia de Dios, la acción de su Espíritu, entre en el propio espíritu, y que al recibir a Cristo como Palabra y como Pan de la vida, recibamos la fortaleza, la fuerza del Espíritu de Dios. Que así sea.

 

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla