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Homilías

HOMILÍA COLEGIO MANO AMIGA

abril 02, 2017

Homilía Colegio Mano Amiga

28-Marzo-2017

 

Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario

 

Tanto la primera lectura como la del Evangelio hablan del agua. La primera lectura es una visión del profeta Ezequiel, en la cual ve salir agua del altar del Santuario, y vio que el agua corría, como un manantial, desparramándose por los cuatro puntos cardinales, y salía del templo por sus puertas.

 

El agua sanaba y llegaba hasta el mar muerto, situado al sur oriente de Jerusalén. El mar que no tenía vida por la enorme cantidad de sal, a la llegada de ese manantial la recobró, saneando sus aguas, y permitiendo la vida de los peces. Pero también los árboles que nutriéndose de esta agua crecían al borde, producían frutos medicinales.

 

La lectura del Evangelio narra que Jesús va a una piscina, a una alberca. Sin duda a muchos de ustedes, aún de los pequeños les gusta ir. ¿Por qué les gusta ir? Para estar en el agua, para sentir la frescura del agua, que se siente rico en el cuerpo.

 

Pues bien, Jesús quiso saber quiénes estaban alrededor de la piscina. Se encontró con muchos enfermos, que querían entrar a la piscina. Entonces vió a un paralítico que no podía entrar, porque no tenía quien le ayudara para llegar a la piscina. Jesús se acercó a este hombre y se enteró que tiene treinta y ocho años enfermo, paralitico, sin poder caminar. Tenía la esperanza que metiéndose a la piscina, cuando llegara el ángel de Dios, le devolviera la salud.

 

Cada año iba ahí, y nunca tuvo quien le ayudara para entrar a la piscina. Jesús lo vio, se acercó y le dijo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa; el hombre se levantó, tomó la camilla y se fue a su casa. Así, este hombre se le acabó la parálisis, Jesús lo sanó.

 

La primera lectura habla de aguas que sanan, que vuelven a la vida, que rehacen lo que está muerto. Cuando se tiene la experiencia de un desierto, donde no hay nada de agua, pero si llueve, entonces comienza rápidamente a crecer hierba, matorrales. El agua da vida, hace crecer y desarrolla la vida.

 

¿Qué quiere decirnos esta Palabra de Dios el día de hoy? ¿Ustedes como tendrán esta agua? Pues aquí en el Colegio, vienen a beber agua, pero es un agua simbólicamente, como fuente de sabiduría, conocer cosas, saber leer, saber las tablas de multiplicar. Poco a poco van aprendiendo a leer, escribir, a conocer las matemáticas, que son tan interesantes y que les gustan a todos los niños. Saben sumar, restar, multiplicar y dividir. Todo eso es agua que da vida, esa es la sabiduría que da la escuela.

 

Si esa sabiduría, ustedes la relacionan con Jesús, entenderán que Jesucristo les dará también una fortaleza espiritual, interna en el cuerpo, que no depende del alimento material que se recibe en casa, si no del alimento  espiritual que da la fe en Jesucristo.

 

Esto es lo que quiere enseñarnos la Palabra de Dios, Jesús no es solamente medicina para los que están enfermos, no es solamente medicina para aquel que está caído y postrado en camilla. Jesús es sabiduría y fortaleza espiritual. Da a cada persona la capacidad de entenderse a sí mismo y responder a la pregunta: ¿Quién soy?

 

Él nos ayuda a descubrir que cada hombre no está hecho para el mal, sino que todo hombre está hecho para el bien. Entonces si desde el aprendizaje en el Colegio se van formando para hacer el bien, serán discípulos de Jesucristo. Cada uno de los niños, que pertenecen a este Colegio Mano Amiga, están aquí estudiando, conociendo, aprendiendo la sabiduría humana y también la sabiduría que viene de Jesús.

 

Por eso, esta presencia de nosotros sus Pastores, para tener un encuentro, relacionarnos, reconocernos unos a otros, y saber que Cristo es la razón de nuestra vida, que Jesús nos muestra el camino, la verdad y la vida. Que ayuda a ser personas de bien y que cada persona aprenda a ser positiva, para ser buenos prójimos de los demás. A todo eso nos ayuda Jesús, y María su madre. Eso es lo que le pediremos en la Eucaristía.

 

De ahí la importancia de abrir el corazón, y decirle a Jesús: “Ven conmigo, yo estoy dispuesto a ser tu discípulo, quiero pertenecer a tu Iglesia, quiero ser hombre de bien, quiero ser una persona positiva con los demás”. Que así sea.

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla