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Homilías

HOMILÍA COLEGIO MONTREAL

marzo 17, 2017

Homilía Colegio Montreal

17-Marzo-2017

 

“Ahí viene ese soñador, démosle muerte”

El día de hoy, la Palabra Dios nos presenta dos narraciones muy semejantes en contenido, de dos distintos momentos de la historia de la salvación.

 

La primera del libro del Génesis habla acerca de los hijos de Jacob. Hay que recordar a Abraham, Isaac, y Jacob, el Patriarca que tuvo doce hijos, de entre ellos, José era el número once y era el preferido de su Papá. Esto originó fuerte envidia en los hermanos. Envidias que fueron creciendo, y en lugar de resolverlas, los hermanos de Jacob dejaron que se anidaran en su corazón. En lugar de hablar con su padre Jacob para externarle lo que sentían, dejan que crezca la envidia y la comparten entre ellos. Así llegan a esta decisión tan dura y cruel: los hermanos deciden asesinar a su propio hermano.

 

¿Qué enseñanza nos deja esta primera parte de la historia de José? Nos deja que nunca debemos anidar en el corazón la envidia. Cuando percibamos envidia en el corazón, hay que sacarla, y no dejarse atrapar por ella. Los hermanos de José, además de dejar anidar la envidia, la compartieron entre ellos. Así fortalecieron ese mal sentimiento que los llevó a pensar y proyectar la decisión fatal de asesinar a su hermano José. Ésta es la primera enseñanza.

 

Afortunadamente Rubén, el hermano mayor, al escuchar que querían matar a José, trató de liberarlo de las manos de sus hermanos, diciéndoles: no le quiten la vida, ni derramen su sangre. ¡Qué importante es que alguien se rebele al círculo de malas intenciones! Muchas veces se escuchan cosas dañinas y no se está de acuerdo, pero nadie habla, se quedan callados. Ésta es la segunda enseñanza, no tener miedo a levantar la voz y señalar el mal.

 

Rubén, efectivamente va a ser la causa de la liberación de José, sin embargo no como él quiere, él lo puso en un pozo mientras se daría tiempo de conversar con sus hermanos para convencerlos de llevarlo a casa con su padre. Pero en eso se presenta una caravana de Ismaelitas comerciantes, y entonces los hermanos de José, queriéndose deshacer de él, sin matarlo, lo venden como esclavo.

 

Recordemos que en esos tiempos se practicaba la esclavitud. Hoy lamentablemente se tiene en la sociedad nuevas esclavitudes como el secuestro y la trata de personas, particularmente de niños.

 

Venden a José, y los Ismaelitas se lo llevan a Egipto. Es como si viviendo en México se lo llevaran a Estados Unidos, o a Brasil. Egipto está muy distante de Israel, donde vivía, la familia de Jacob.

 

Sin embargo, es bueno observar, que cuando hay una buena intención como la de Rubén, que liberó de la muerte a su hermano, logró algo mucho mejor sin pretenderlo; porque José vendido como esclavo en Egipto, por su bondad, capacidad y su habilidad, llegaría a convertirse en el Virrey de Egipto, el hombre más poderoso después del Faraón. En tiempos de hambre, los hermanos tendrán que buscar alimento en Egipto, y se encontrarán con él. Es una historia muy interesante y apasionante, está en el libro del Génesis.

 

Ahora retomemos este dato, la Providencia divina cuando se hace un bien, aunque aparentemente se hizo un daño al vender a José, Dios lo rescata y lo pone en una posición que va a ser un bien a los mismos que lo querían matar, a sus propios hermanos. Por eso, José se descubre como una figura, que simboliza lo que vivirá Jesús.

 

Por su parte en el Evangelio, Jesús cuenta esta parábola sobre un viñedo, que un hombre preparó en su campo, lo sembró transformándolo en una viña. Lo deja en manos de unos empleados, y estos empleados, cuando el campo da mucho fruto, no le rinden cuentas al dueño y pretenden quedarse con la viña. El dueño de la viña trata de recuperar su propiedad, pero a sus emisarios los maltratan. De ahí la decisión de mandar a su hijo, pero a éste lo asesinan. Es la historia de Jesús.

 

Jesús es enviado por Dios, nuestro Padre, para anunciarnos el camino de la vida, para hacernos parte del viñedo del Señor, pero otros quieren apoderarse de la viña y no quieren devolverla.

 

Por una parte la enseñanza de la parábola es, la importancia  de aprender a compartir lo que somos y lo que tenemos. Nuestra vida no es sólo para nosotros, la felicidad de vivir consiste en compartir lo que somos y lo que tenemos. Si alguien se quiere quedar así egoístamente, haciendo que todo sea para beneficio propio, entonces lo único que se causara será la infelicidad, pues desarrollará la codicia y la ambición.

 

En cambio cuando se comparte generosamente lo que se es y se tiene, se desarrolla en la felicidad de lo que es Dios, nos hacemos como Dios, que ha compartido la vida, el universo, y es feliz de ver que nosotros también somos como él. Se entra así en la experiencia del amor, que es el destino para el cual la humanidad ha sido creada.

 

Estas dos enseñanzas, la historia de José, y la parábola del viñedo, se presentan justo a la mitad de la Cuaresma para hacernos caer en la cuenta de nuestro destino. En ocasiones la Cuaresma está centrada en realizar penitencias externas, dejar de comer carne roja los viernes, el miércoles de ceniza ayunar, etc.; sin embargo la Iglesia nos dice que los más importantes son los sacrificios internos, las renuncias que se tienen que hacer ante las tendencias egoístas, y así propiciar la generosidad, hacer obras de misericordia, obras en donde se pueda compartir lo que se es y lo que se tiene, para crecer como discípulos de Cristo.

 

Hay que pedirle al Señor en esta Eucaristía, que en esta Cuaresma nos preparemos así, descubriéndonos amados por Dios, como lo fue José de su padre. Amados por Dios como lo fue Jesús de su Padre, y poder así alcanzar esa solidez, esa firme convicción, de que si hay alguien que siempre se ha preocupado por mí, no debo de tener miedo de compartir con los demás lo que tengo y lo que soy. Que así sea.

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla