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Homilías

HOMILÍA COLEGIO SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

marzo 10, 2017

Homilía Colegio Sor Juana Inés de la Cruz

10-Marzo-2017

 

¿Acaso quiero yo la muerte del pecador, dice el Señor?

 

El pueblo de Israel le reclama a Dios, que por una caída, o por un pecado vaya a castigarlo, y entonces el Profeta Ezequiel contesta en nombre de Dios, y le clarifica al pueblo que el deseo de Dios no es castigar, el deseo de Dios es que vivas, que te recuperes, que te restaures. Que siempre tengas la esperanza bien firme, de que puedes reparar el error o el pecado cometido.

 

Por eso es hermosa esta frase: ¿Acaso quiero yo la muerte  del pecador, dice el Señor, y no más bien que enmiende su conducta y viva? El deseo de Dios es la vida, no es la muerte, para advertir en tiempo oportuno el camino que me conduce a la vida y evitar el camino que me conduce a la muerte, hoy el Evangelio, presenta uno de esos aspectos fundamentales para seguir en el camino de la vida.

Han oído que se dijo a los antiguos: no matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Hoy día también nuestra sociedad, como en el pueblo de Israel, tiene prohibido matar y al que mata se le juzga ante el tribunal, se le sentencia si es culpable , y se le lleva a la cárcel, es la ley.

 

Jesús añade: todo el que se enoje con su hermano, el que insulte a su hermano, el que lo desprecie será llevado ante el tribunal supremo, al tribunal de Dios. Aquí Jesús nos da la clave, si no se quiere llegar a ser un homicida, es decir alguien que mate a otro, hay que advertir que no es simplemente cuestión de voluntad, sino de educación. Jesús indica esa educación poniendo cuidado a tres verbos: Enojarse, insultar, y despreciar.

 

El que se enoje. ¿Quién no se enoja de vez en cuando? Aunque ustedes son pequeños muy buenos y se ven las caras, son niños buenos, pero se enojan de vez en cuando. Pues es un primer paso que se tiene que evitar. Porque si uno se enoja y no resuelve  ese enojo, da un siguiente paso el insulto, decir palabras fuertes y ofensivas.

 

Una cosa es el enojo, un segundo paso es el insulto y si no detiene uno el enojo, fácilmente se puede insultar al otro; y si se pasa del enojo al insulto viene otro paso que es el desprecio.

 

No solamente se puede enojar uno con la persona, sino que también se puede llegar al insulto, y de ahí, al desprecio en donde ya el otro no cuenta nada para mí. Debemos estar alerta cuando alguien me parece tan negativo que no quiero saber nada de esa persona, ni tener nada que ver con él. Por ejemplo, cuando pienso que a ese compañero me agradaría que lo expulsaran de la escuela.

 

Eso puede pasar, porque así es la relación humana, si ese camino se deja que corra por el interior y llegue al corazón, puede llevar al homicidio. El que desprecia al otro será capaz de llegar en algún momento a matar.

 

Por eso dice Jesús: si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene una queja contra ti, deja tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve con Dios, tu Señor. Así matar jamás será para mí una tentación.

 

La reconciliación es el camino de la superación de ese enojo, del insulto y del desprecio que me lleva a la muerte. Es importantísimo ejercitarse en un perdón sincero, no solamente de palabra diciendo: Yo ya lo perdone pero no quiero hablar con él, no lo quiero ver.

 

El perdón tiene que llevar a la reconciliación, a la vuelta de la relación positiva. No es fácil, por eso se necesita a Jesús, porque Él nos da la gracia para hacer sensible nuestro corazón y no se endurezca ni se vuelva un corazón de piedra; sino que sea un corazón sensible que perciba que también en el otro hay dolor. Toda relación negativa siempre nos deja una sensación de tristeza, de insatisfacción, de remordimiento.

 

Hoy estamos en el tiempo de Cuaresma, por esa razón estamos vestidos de morado, porque la Cuaresma significa el tiempo de caer en la cuenta de mis errores, el tiempo de volver a la reconciliación, el tiempo de escuchar a Jesús.

 

¿Están dispuestos a vivir esta Cuaresma, que apenas está comenzando? ¿Están dispuestos a trabajar en su interior, a ayudarse unos con otros a la reconciliación y al perdón de todas aquellas dificultades que han tenido? ¿Están dispuestos a renovar su interior? Pues si están dispuestos, hasta sus papás se pondrán felices, porque si ven a sus hijos que caminan en el perdón y la reconciliación, comproborán que las diferencias al interior de la familia son posibles siempre resolverlas de manera positiva.

 

Vamos a pedirle al Señor Jesús que ustedes, eligiendo el camino de la vida, aprendan a darse cuenta que siempre se pueden detener en el enojo, pero si no se detuvieron y pasaron al insulto caigan en la cuenta, o si acaso llegaron al desprecio, busquen la forma siempre de perdonarse y reconciliarse. Así podrán siempre volver a la amistad, para la que Dios nos ha creado, para que caminemos hacia la vida y no a la muerte. Se lo vamos a pedir a Dios en esta Eucaristía.

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla