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Homilías

HOMILÍA DE MONS. EFRAÍN MENDOZA CRUZ, EN LA CELEBRACIÓN DE JUEVES SANTO, MISA DE LA CENA DEL SEÑOR, CATEDRAL DE CORPUS CHRISTI.

marzo 29, 2018

Homilía de Mons. Efraín Mendoza Cruz, en la celebración de Jueves Santo, Misa de la Cena del Señor, Catedral de Corpus Christi. 

 

Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, y habiendo amando a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Esta es la razón por la que Jesús no dudó en aceptar la voluntad de su Padre, que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, por eso Jesús, ante ese amor tan grande para nosotros, y un amor hasta el extremo que lo vivió y lo manifestó y lo demostró en la hora de la prueba que fue la hora de la cruz, realizó este plan, este proyecto salvador del Padre, esta en la razón por la cual Jesús aquella noche, aquel jueves, reúne a sus amigos para celebrar con ellos la pascua, la pascua de la nueva alianza, aquella pascua que celebraron los israelitas cuando Dios pasó liberándolos de la esclavitud, en esta noche Jesús se reúne con sus amigos para celebrar la pascua de la nueva alianza.

El evangelista San Juan, a diferencia de los otros tres evangelistas, no nos habla directamente de la eucaristía, pero nos habla precisamente de ese momento en que Jesús se reúne con sus amigos para decirles que el servicio debe de ser la prolongación de la celebración de la pascua de la nueva alianza, el servicio, la entrega generosa y la donación de sí mismo a los demás, y aquí es donde tomamos el sentido profundo de la eucaristía, que los evangelista s sinópticos nos narran de una  manera extraordinaria, San Juan nos invita entonces a descubrir ¿Cuál es el compromiso profundo de quien celebra la pascua de la nueva alianza?. Es en el servicio, por eso, mas adelante, el evangelista San Juan nos presenta este gesto de Jesús, cuando se levanta de la mesa, se quita el manto, tomando una toalla se la ciñe, luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido, este gesto Jesús lo toma para enseñarnos que el servicio al hermano es el fruto de quien celebra la eucaristía; quien celebra la eucaristía está necesariamente llamado a vivir este espíritu de servicio, este es el  signo del lavatorio de los pies que Jesús le hace a cada uno de sus discípulos. 

Ustedes me llaman Maestro, y efectivamente lo soy pues si yo que soy el Maestro les he lavado los pies a ustedes, es lo mismo que deben hacer entre ustedes y con los demás, y este servicio debe de hacerse en el amor, el amor debe de ser la razón última de nuestro servicio a los demás, por eso la eucaristía necesariamente nos debe de llevar al servicio en el amor a nuestros hermanos, quien celebra la eucaristía, quien come el cuerpo de Cristo y quien bebe su sangre del cáliz de la nueva alianza se compromete, al igual que Jesús a ayudar a los demás, a ceñirse la toalla, a inclinarse con espíritu humilde para servir al otro, sobre todo al mas pobre, al enfermo, al anciano, al huérfano, a la viuda, al niño de la calle, incluso a aquellos que nos han causado, daño, dolor y tristeza, éste es fundamentalmente el sentido del que Juan nos dice, los amó hasta el extremo, tenemos que amar hasta el extremo y este amor debemos de manifestarlo en el servicio.

En esta noche en que Jesús celebra la primera eucaristía, como nos lo narra de una manera hermosa el apóstol San Pablo en su primera carta a los Corintios, nos invita a celebrar la cena del Señor, nos invita a comer del pan de la vida y a beber del cáliz de la salvación en donde proclamamos, en donde anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva; por eso en esta noche mis amados hermanos, en esta noche de Jueves Santo, nos hemos reunido a celebrar la cena del Señor, para unirnos a él íntimamente, en esta noche y decirle, Señor Jesús, al celebrar esta noche la pascua de la nueva alianza me comprometo a servirte en el amor a mis hermanos, me comprometo a celebrar la eucaristía, y una eucaristía prolongada en el servicio, en la entrega generosa, ese es el sentido también del sacerdocio, del sacerdocio de Jesús, Jesús se entrego a sí mismo, Jesús se ofreció a sí mismo como cordero sin mancha, que cordero que los israelitas comieron a toda prisa, aquel cordero de un año sin defecto, aquel cordero que con su sangre liberó a los Israelitas, fue el signo del verdadero cordero que es Jesús ofreciendo en el altar de la cruz y perpetuando su sacrificio en la Iglesia y a través del sacerdocio que Jesús instituyó como ministro de salvación.

Por eso en esta noche le damos gracias a Jesús porque nos ha dejado la eucaristía como signo de comunión, le damos gracias a Jesús porque nos ha llamado a servirlo a través del amor, a través de la entrega generosa, y le damos gracias a Jesús por su entrega y la prolongación de la eucaristía hacen que el sacerdocio que Jesús instituyó en la Iglesia sea un sacramento en orden al servicio, en orden a fomentar y a fortalecer la comunión del pueblo santo de Dios.

En esta noche acompañaremos a Jesús, en esta noche estaremos velando con Jesús para que nuestra fe se fortalezca, para que ante la prueba no desfallezcamos, para que ante el escándalo de la cruz nos mantengamos firmes en la esperanza de que Jesús vencerá a la muerte, de que Jesús resucitará victorioso para comunicarnos una vida nueva, pidámosle a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, a Jesucristo Ciervo de los ciervos, a Jesucristo, signo de la entrega y del amor, que nos ayude para que seamos fermento de santidad en el mundo, para que seamos luz del mundo y sal de la tierra, en esta sociedad en la que estamos tan necesitados del amor, del servicio, de la ayuda y de la entrega generosa, que en esta noche nos unamos íntimamente a Jesús para que lo acompañemos hasta el calvario con la esperanza cierta de que lo acompañaremos y estaremos con él participando de su gloriosa resurrección, que el Señor así nos lo conceda.  

¡Que así sea!

 

+ Mons. Efraín Mendoza Cruz

Obispo Auxiliar de Tlalnepantla