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Homilías

HOMILIA DEL DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

marzo 25, 2018

Homilía Celebración Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

Mons. Efraín Mendoza Cruz

Obispo Auxiliar de Tlalnepantla

Catedral de Corpus Christi

 

Queridas hermanas y hermanos en Jesucristo nuestro Señor, hemos escuchado la Pasión de nuestro Señor Jesucristo que nos relata el evangelista San Marcos, un relato dramático, un relato que, ciertamente aparece en los otros evangelios, como es Mateo, Lucas y Juan, pero esta narración del evangelio de san Marcos tiene algunas peculiaridades que es importante resaltarlas para que podamos descubrir el fondo de esta narración, pero sobre todo, para que podamos escuchar la voz del Señor a travez de este relato

Una primera consideración que quiero hacer es el ambiente que prevalece en la ciudad santa, en Jerusalén; ciertamente Jerusalén es el centro religioso por antonomasia, por excelencia del pueblo judío; ciertamente Jerusalén es la ciudad del rey David; ciertamente Jerusalén es la ciudad a donde todo judío, al menos una vez al año, tiene que asistir para participar de la fiesta mas importante de su liberación, que es la pascua; pero también es cierto, y esto lo resalta el evangelio de san Marcos, el ambiente de tensión, el ambiente de gran preocupación que se vivía en este momento en el que Jesús va a llegar a Jerusalén, es un ambiente de tensión, no sólo social y política, sino también de una tensión religiosa.

Política y social porque el pueblo estaba cansado de vivir bajo el yugo del imperio romano y querían y esperaban la liberación a través de un mesías; por parte del sentido religiosos el pueblo esperaba el cumplimiento de las promesas, la llegada de un mesías, la llegada de un salvador que, si bien es cierto, lo entendían como un enviado de Dios, más lo consideraban como un libertador político y social.

En este ambiente llegan peregrinos de diferentes partes, de diferentes ciudades, de diferentes poblaciones, es un ambiente en donde, a pesar del bullicio de la fiesta de la pascua, hay también una gran preocupación. Este es el ambiente que prevalece en este tiempo, es el ambiente que nos presenta el evangelio de Marcos. 

Otro elemento importante que resalta el evangelio es la entrada triunfal de Jerusalén por parte de Jesús; una entrada que tiene tintes fundamentalmente religiosos pero que también se confunden con estas expectativas políticas y religiosas. La entrada de Jesús, el Evangelista san Marcos nos la presenta, sí como una entrega triunfal, pero no de un rey poderoso, no de un mesías que vendrá a conquistar con armas, con caballos, con fuerza, no es un rey que viene a liberar con la violencia y con la guerra. La entrada de Jesús es en un ámbito sencillo, es en un ambiente de gran serenidad por parte de Jesús; entra en un burrito signo de humildad y de sencillez, signo d el mesianismo de Jesús, signo del Reino que Jesús viene a instaurar, un Reino de paz, un reino de justicia, un Reino en el que el Señor va a manifestar su amor y su misericordia a su pueblo, al humilde, al enfermo, al despreciado, al que ha sido marginado, no solamente desde el punto de vista social y económico, sino también desde el punto de vista religioso. Es la entrada de Jesús un signo del Reino de los cielos, un signo del mesías que anunciaron los profetas y que ahora es una realidad.

Las palmas. Las palmas que agitaban los niños y aquella gran muchedumbre es signo de la entrada mesiánica, es signo de la presencia, de la esperanza que no desfallece; esas palmas, esos ramos que la gente agita manifiestan un signo mesiánico, un signo de que el Reino de Dios ha llegado, de que el Reino de Dios ya está en medio de nosotros.

Los mantos y los lienzos que la gente tendía son ese signo de la esperanza, son ese gran signo de la confianza en Dios que viene, pero que necesita corazones bien dispuestos, que necesita corazones abiertos, que necesita la disponibilidad de el ser humano, para que pueda ser sembrada la semilla del Reino, esos mantos son ese signo mesiánico de que el hombre está dispuesto, de que el hombre está abierto a todas estas manifestaciones de la presencia de Dios, sobre todo la más importante, la presencia de Dios en la persona de Jesús, el mesías, el Hijo de Dios.

La muchedumbre. La muchedumbre que hace referencia precisamente al signo mesiánico de la nueva comunidad que Jesús establecerá, del nuevo pueblo que Jesús conseguirá por medio de su sangre, esa muchedumbre venida de diferentes lugares, de diferentes partes, son el signo de la comunidad de discípulos de Jesús que se van a congregar en torno a su maestro, en torno al Señor, primero para escucharlo, para contemplarlo y en segundo lugar para comprometerse con su causa. 

Y este es otro elemento que nos presenta el Evangelio de Marcos, por qué y para qué llega Jesús a Jerusalén, si él bien sabía que ahí iba a ser condenado a muerte, si él bien sabia que ahí en Jerusalén iba a ser despreciado, maltratado y muerto en cruz; precisamente Jesús obediente a la voluntad de su Padre sabe que se dirige a Jerusalén, y que permanecerá en Jerusalén para cumplir la voluntad de su Padre, para cumplir la misión que el Padre le encomendó, que nadie se pierda, que todos se salven, que lleguen al conocimiento de la verdad a través de la persona y a través de toda la obra evangelizadora de Jesús. 

Jesús va cumplir entonces su misión, por eso está en Jerusalén, porque es ahí donde él manifestará que la voluntad del Padre es que el camino de la salvación es la entrega, es la obediencia, es la disponibilidad al proyecto de Dios.

Y el último elemento que podemos reflexionar del evangelio de Marcos, es precisamente el momento en el que Jesús le ofrece al Padre su total entrega y donación, por amor a la humanidad, por amor a nosotros, el momento en el que Jesús le entrega al Padre su espíritu como un signo de total entrega y de una ofrenda perfecta y permanente.

Mis amados hermanos, con estos elementos nosotros podemos entonces preguntarnos ¿Cómo podemos nosotros hacer vida la pasión de Cristo? ¿Cómo podemos llevar en nuestra vida todo este acontecimiento redentor de Jesús?

En primer lugar tenemos que asumir la realidad que hoy vivimos, porque hoy también vivimos en un ambiente de tensión, vivimos, hoy también, en un ambiente de incertidumbres, hoy vivimos también una realidad que nos presenta grandes desafíos, grandes retos, vivimos un ambiente donde experimentamos inseguridad, donde experimentamos el miedo, donde experimentamos la total desprotección de parte de la misma sociedad, donde expresamos toda esa situación de vulnerabilidad en nuestras personas, en nuestros bienes, en nuestro trabajo, en toda esta realidad que estamos viviendo. Jesús nos invita a no escondernos, a no alejarnos, a no rechazar esta realidad que hoy nos toca vivir, sino que tenemos que asumirla para que podamos trasformarla, así como el lo hizo.

En segundo lugar, vivimos hoy una gran descristianización, vivimos hoy un gran problema en la vivencia de nuestra fe, hoy también estamos viviendo una situación de pérdida de valores humanos, de valores morales, de valores cristianos, hoy estamos queriendo restaurar no solamente una escala de valores, sino una sociedad, una sociedad que tiene que ser fortalecida, que tiene que ser renovada por la vivencia en primer lugar de la fe y de la esperanza. Así como el pueblo de Israel que esperaba al Mesías con entusiasmo, nosotros también con nuestro compromiso cristiano, asumido la misión que nos corresponde también debemos de vivir con esta confianza y con esta gran esperanza, que también nosotros sabemos y creemos que Jesús nos acompaña, también tenemos que aclararlo con nuestras voces, también tenemos que mover nuestros ramos, también tenemos que tender nuestros mantos, es decir, también tenemos que tener esta gran disponibilidad y asumir esta gran responsabilidad en la transformación de nuestra sociedad, esta es nuestra misión esta es la gran responsabilidad que el Señor nos encomienda, y así como él cumplió la voluntad del Padre hasta el último instante de su vida, así también nosotros con esta confianza puesta en el Señor cumplamos su voluntad, aceptemos su voluntad, hagamos un discernimiento de lo que el Señor hoy quiere de nosotros, de lo que hoy el Señor nos está pidiendo, para instaurar su reino aquí y ahora.

Y finalmente como Jesús también tengamos esta capacidad de ser generosos, no solo de donar, sino de donarnos, ser nosotros mismos ofrendas para los demás, que seamos esos signos proféticos de servicio, que seamos esos signos proféticos de ayuda generosa a los demás, que seamos esos signos de total disponibilidad, de total entrega a aquellos más vulnerables, a los niños de la calle, a las mujeres solas, a los ancianos enfermos, a todas estas personas que son más vulnerables y que necesitan que les manifestemos con nuestras actitudes de amor y de caridad, que el Reino de Dios realmente está en medio de nosotros, así como lo hizo Jesús, que esta semana santa que hoy iniciamos, en este domingo de ramos nos ayude a vivir los misterios que nos dieron la salvación, que nos ayude a vivir y a acompañar a Jesús en estos días para que seamos esos signos proféticos de la presencia de su Reino en medio de nuestra familia, en nuestra colonia en nuestra parroquia, en nuestra diócesis, donde quiera que nos encontremos, que acompañemos pues a Jesús con este espíritu de entrega y de servicio.

¡Que así sea! 

 

+ Mons. Efraín Mendoza Cruz

Obispo Auxiliar de Tlalnepantla