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Homilías

HOMILÍA DEL DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

octubre 22, 2017

 

“Se reunieron para hacer caer a Jesús con preguntas insidiosas”  (Mt 22, 15-21).

 

Así introduce el Evangelio de hoy esta escena. Una intención malévola entre los fariseos y gente de Herodes que le querían poner una trampa a Jesús. Para poder profundizar en esta escena del Evangelio recordemos cómo en capítulos anteriores en este mismo Evangelio de Mateo, capítulo diez, cuando Jesús les encomienda la misión a sus doce discípulos para que vayan y anuncien la buena nueva de que el Reino de Dios está llegando, les advierte diciéndoles: “Yo los envío a ustedes como ovejas en medio de lobos, -y les recomendó diciendo- sean, pues, astutos como las serpientes y prudentes como las palomas” (Mt 10, 16-17) . Ahora vemos en esta escena, que Jesús mismo, oveja en medio de lobos que quieren acusarlo ante la autoridad para tener un pretexto de poderlo quitar en medio. Él actúa con la astucia de las serpientes, él actúa con la prudencia de las palomas. Sabe de la mala intención y lo dice claramente: “Ustedes han venido aquí buscando ponerme una trampa” (Mt 22,18). ¿A quién hay que pagarle el tributo?, esa es la cuestión. Era odioso pagar impuestos a un gobierno que sometía al pueblo de Israel por la fuerza, los romanos, pero no les quedaba de otra, estaban siendo un pueblo sometido al Imperio Romano.

Si Jesús respondía que no era conveniente pagar el impuesto a quien no lo merecía como pensaba el pueblo, ya tendrían el motivo para acusarlo ante Herodes y encarcelarlo. Si Jesús decía que sí debían de pagar el impuesto, ya tenían pretexto para difundir la noticia y decir que Jesús no estaba con su pueblo, que era un líder totalmente alineado con la autoridad injusta del Imperio Romano. Esa era la trampa.

Con la astucia de la serpiente Jesús  contesta y con la prudencia de las palomas que, saben ustedes que la paloma si en cuanto asienta sus pies en una zona inestable o en riesgo, inmediatamente remonta el vuelo y va a otro lugar. Jesús responde diciendo “Tráiganme una moneda ¿De quién es esta imagen?” (Mt 22,19). Allí está indicando algo que estaba prohibido en el pueblo de Israel, esculpir imágenes (Ex 20,4-6) De manera que ya está señalando una falta, sin decirlo, prudentemente. “¿De quién es esta imagen? Le contestan: “Del Cesar”. Pues den al Cesar lo que es del Cesar” (Mt 22,19-21)  Si el Cesar la puso, dénsela, pero a “Dios denle lo que es de Dios” (Mt 22,21). Diciendo una verdad pero con la sagacidad conveniente y con la prudencia requerida.

Así tenemos que ser nosotros en este mundo. Tenemos que saber el terreno que pisamos para anunciar el Evangelio. No podemos ser incautos de no saber que hay muchas adversidades, que hay lobos en medio de nosotros. Por eso nos tenemos que conocer muy bien los católicos y los hombres de buena fe. Por eso tenemos que abrir espacios para anunciar a Cristo y conocerlo a fondo como nos lo pide hoy la Jornada Mundial de Oración y de Ayuda a la Misión de la Iglesia en todos los rincones del mundo, como nos lo dice la primera lectura del Profeta Isaías (Is 56, 1. 6-7) que todos están invitados a adherirse al Señor para servirlo, amarlo y darle culto. Tenemos que mostrar a Cristo de una u otra manera, dependiendo de los ambientes donde nos movamos, tenemos que dar testimonio de Cristo para que sea anunciado y conocido y sea seguido y haya discípulos suyos en comunidad. Así nos lo decía el Profeta Isaías al decir: “Se mantendrán fieles a mi alianza y los llenaré de alegría en mi casa de oración” (Is 56,6). Y esto es lo vemos en la segunda lectura reflejado en la primera carta del Apóstol San Pablo a esta comunidad de los Tesalonicenses. Nos da tres elementos de cómo vivía la primitiva comunidad en un ambiente adverso que era el paganismo y la degeneración  moral del Imperio Romano. Dice San Pablo: “Ante Dios nuestro Padre recordamos sin cesar las obras sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes. (1 Ts 1,2) Es lo primero: manifestar las obras de nuestra fe, ser coherentes con lo que creemos y actuar acordes con lo que hemos aprendido de Jesús.

Segundo: “Recordamos los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor” (1Ts 1,3).  Es el amor el que nos tiene que mover siempre. La comprensión del otro, la misericordia que recibimos de Dios hay que transmitirla a los demás. Y tercero dice: “recordamos la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo Nuestro Señor” (1 Ts 1,3). Nunca perder la esperanza porque este es el motor ante los tiempos difíciles, ante los complejos problemas que vivimos tenemos que saber que la victoria está dada, que  Dios está de nuestra parte, que tarde o temprano constataremos que el Señor no se ha quedado con los brazos cruzados, que está a lado nuestro para hacer vida el Reino de Dios, para manifestar el hermoso proyecto de su creación entre nosotros.

Pidámosle al Señor que la Iglesia de nuestro tiempo sea capaz, como la Iglesia primitiva, de manifestar al mundo la Buena Nueva, el buen mensaje que trajo Cristo, de que el camino para la humanidad es el reconocernos como hermanos para vivir la experiencia de lo que es Dios mismo, la experiencia del amor.

Que así sea.

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla