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Homilías

HOMILÍA DEL INICIO DEL AÑO JUBILAR

febrero 14, 2019

Homilía en el inicio del Año Jubilar por los 500 de la llegada de Nuestra Señora de los Remedios a tierra mexicana

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”

Queridos hermanos, nuestra Iglesia celebra un acontecimiento fundamental en la historia de nuestra nación mexicana, la llegada a estas tierras de la primera imagen de la Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de los Remedios. El devenir histórico de nuestra patria y de la Iglesia, propició que esta bendita imagen con el paso del tiempo, quedara en el territorio de nuestra Arquidiócesis de Tlalnepantla, para ser madre y maestra que moldea con dulzura el corazón de nuestro pueblo.

Les invito a meditar el hermoso cuadro de la anunciación que nos describe el evangelista Lucas, dejemos que toque nuestro corazón, que mueva nuestras entrañas e inflame nuestro corazón y nuestra devoción, que acreciente nuestro amor a la madre del cielo, consolide nuestra fe en su Divino Hijo, nuestro señor Jesucristo, y nos impulse a anunciar con alegría y entusiasmo que por María, por su fe, su docilidad y su aceptación generosa a la voluntad del Padre, el Hijo de Dios se hizo hombre, padeció en su carne, murió, resucitó y ahora ¡vive en medio de nosotros! Recojamos queridos hermanos, de la mano de María tres elementos que nos proclama hoy el santo Evangelio: la alegría, la plenitud del amor y la donación a la misión.

La alegría.

El texto proclamado inicia con un imperativo ¡Alegrate! ¡Regocíjate! La tristeza es consecuencia de una carencia, de una perdida o de una expectativa aun no lograda. María, participaba de la tristeza de su pueblo que anhelaba el cumplimiento de la promesa de salvación que había recibido de parte de Dios por boca de los profetas; la violencia, la opresión, la injusticia, el abuso por parte de los dominadores se había convertido en el pan de cada día para el pueblo de Israel que llevaba en su corazón una lucha entre la esperanza y la duda, entre la fidelidad y la apostasía. 

El momento dichoso de la anunciación es el inicio de la verdadera alegría, porque se cumplen las promesas de Dios, que se hace presente para la salvación de Israel y de toda la humanidad. ¡Cuanta alegría!, ¡cuanto gozo!, cuanto regocijo causo en el corazón de nuestra Santísima Madre esta presencia y esta palabra. ¡Alegrate, canta, regocijate, llenate de júbilo, oh hija de Sion! El motivo de su alegría lo proclama ella misma con estas palabras “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava; desde ahora, todas las generaciones me llamaran bienaventurada”

La plenitud del amor

El motivo de la alegría de la Santísima Virgen es la manifestación plena del Dios compasivo, en el que ella, y su pueblo, tenían puesta su esperanza. El mismo que eligió a Israel cuando aun era niño, que lo alimentó, lo defendió y lo hizo crecer; ahora la elige a ella, para manifestarle su amor y su misericordia, santificarla y embellecerla. ¡Que hermosa eres maría! porque el señor está contigo, porque eres inmaculada. ¡Que grande es tu alegría! porque tu creador viene para tomar carne y sangre en ti y donarse para la salvación de todos los hombres.

Donación a la misión

Experimentar un amor tan pleno turba el corazón de la doncella, Hija de Sión, pero la luz de su fe le permite comprender que la única respuesta adecuada a un don tan grande es la donación de la propia vida, para llevar adelante la misión que el Señor le confía. Desde ese momento, acoge para siempre la voluntad del Dios creador, esposo y padre. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho” Desde ese momento la vida de María es totalmente para Jesús, concebirlo, gestarlo, cuidar de él, acompañarlo en su ministerio público, testificar su pasión, muerte y resurrección, y desde la plenitud en la gloria acompañar, interceder y consolar a la Iglesia cuerpo de Cristo.

La fidelidad a la misión la trajo a esta bendita tierra mexicana, su amor a Dios y su compasión por nosotros la hicieron compañera de camino de un grupo de hombres intrépidos, fortaleza en la batalla que solo terminaría con la reconciliación de los pueblos, consuelo en la derrota y en el dolor de quien buscaba sus propios intereses pero estaba lejos del tesoro de la salvación. María fue siempre Madre de todos porque traía para nosotros la semilla de la Iglesia.

La Santísima Virgen María, Nuestra Señora de los Remedios nos trajo la verdadera alegría, Jesucristo Nuestro Señor, nos comunicó el amor pleno del verdadero Dios por quien se vive y nos enseñó a corresponder al amor fiel con la entrega total de nuestra vida. 

Hoy al celebrar el inicio del año jubilar por los quinientos años de su presencia entre nosotros, en un momento providencial de nuestra Iglesia, damos gracias por lo que en su compañía y conducidos por su eminencia, el cardenal Carlos Aguiar Retes hemos correspondido en fidelidad al amor del Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo.

Hoy nos ponemos a sus pies y le suplicamos que, caminando con nuestro nuevo arzobispo, su Excelencia Don José Antonio Fernández Hurtado, gocemos de la alegría de ser amados por nuestro Padre celestial, nos empeñemos en corresponder como iglesia diocesana a la hermosa misión de anunciar a Jesucristo el salvador del mundo y que, guiados por su Espíritu, en ambiente de comunión, entreguemos alegremente nuestra vida en la edificación de su Reino.

Que así sea. 

+Mons. Jorge Cuapio Bautista

Obispo Auxiliar de Tlalnepantla