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Homilías

HOMILÍA DEL IV DOMINGO DE ADVIENTO.

diciembre 24, 2017

 

“Conforme a la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos, y que ahora en cumplimiento del designio eterno de Dios ha quedado manifestado” (Rm 16,25).

 

¿Cuál es este misterio al que se refiere San Pablo en la segunda lectura? ¿Cuál es ese designio secreto que tenía Dios para la humanidad? Algo que jamás sospecharon ni siquiera los miembros del pueblo preparado para esta revelación del misterio. El Pueblo de Israel durante siglos fue conducido, fue acompañado por la voz de los Profetas, por su culto y por sus sacerdotes; y sin embargo, jamás imaginaron este misterio de Dios, este designio, porque sobrepasa la mente humana.

¿Cómo pensar que Dios se encarne, se haga como una de sus creaturas? Si nosotros que somos tan limitados siempre estamos pensando en tener más, en poseer más, en ampliar nuestro radio de acción. Dios, al revés, se limitó a la fragilidad humana, se encarnó para asumir la condición nuestra. Eso fue impensable, y todavía hoy resulta para muchos incomprensible. ¿Cómo pudo Dios esconderse en la encarnación, haciéndose un niño? Este misterio es la prueba más grande del amor que Dios nos tiene, de cómo nos ama, hasta qué punto llega su amor.

Ahora bien, ¿cómo se cumple el tiempo para manifestar este designio secreto, que tenía Dios en su mente? Cuando la creatura le corresponde, le dice sí. Los planes, los diseños, todo proyecto necesita ser bien elaborado, pero si no hay quién lo ejecute, se queda en una buena intención, en un buen plan. Para la ejecución del misterio de Dios, para poder hacerlo realidad, necesitaba la corresponsabilidad, necesitaba la respuesta positiva, y eso es lo que hoy escuchamos en el Evangelio. El ángel Gabriel le anuncia a esta doncella, miembro del pueblo de Israel, a María, que está llamada por Dios para que en ella se encarne su Hijo.

¿Cómo podrá ser esto? (Lc 1,34) pregunta ella. Es algo impensable, ¿cómo podrá ser esto? ¿Cómo podrá ser que haya sido creado todo el universo? ¿Cómo podrá ser que funcione tan bien nuestro organismo humano? ¿Quién lo diseñó? Esta maravilla que somos cada uno, ¿quién diseñó las leyes de la naturaleza para que ecológicamente unas especies alimentaran a otros. Una especie se nutre de la otra por instintos, por dinamismos. Sólo una mente que sobrepasa nuestras propias capacidades, la mente de Dios.

El ángel responde: “el Espíritu de Dios, te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35). Así como está creado el universo, así como se ha creado esta humanidad, así también Dios entrará en tu seno. Pero, pensemos si esa virgen, una mujer de dieciocho o diecinueve años, según se calcula tendría María en ese momento, en su pequeñez de vida, hubiera dicho, “no, no acepto, porque es algo que no es posible. Dios hubiera tenido que retardar su proyecto, su designio, ya que necesitaba la cooperación de María. ¡Cuántas veces los proyectos de Dios que tiene para cada uno de nosotros, y para nosotros como pueblo y comunidad, no se realizan porque no aceptamos nuestra vocación, porque no desarrollamos las inquietudes, que como semilla ha dejado Dios en nuestro corazón, para que Él entre en una acción eficaz en favor de nosotros y de quienes nos rodean.

¡Cuántas veces cerramos nuestro corazón a los planes que Dios tiene para mí! Por eso es tan importante, lo que la espiritualidad cristiana llama el discernimiento, es decir, clarificar, desde mis inquietudes, desde mis capacidades, desde mis potencialidades, qué es lo que espera Dios de mí, para qué me ha dado la vida, e irle respondiendo en esa orientación. Entonces veremos, lo experimentaremos, cómo la fuerza del Espíritu de Dios nos acompaña. Yo he sido llamado recientemente para una misión que aparentemente sobrepasa todas mis fuerzas, pero le he dicho que sí al Señor, porque confío en Él, porque sé por mi experiencia anterior, que así es.

Y tenemos que ser muy humildes para no pretender más de lo que Él haga a través de nosotros. Esto transmite el texto de la primera lectura, que hoy fue proclamado sobre la historia de David. David fue elegido por Dios, lo dice el texto: Yo te elegí, yo te llamé y te saqué de lo que eras, un pastorcito, y te he hecho rey, pero tú no estás llamado para construir mi templo (2 Sam 7,8).

¿Qué nos pasa a los seres humanos? Cuando recibimos algo que no pensábamos de alguien, queremos corresponderle también nosotros a lo grande, esforzándonos lo máximo para manifestar nuestra gratitud, para decirle “gracias porque me ayudaste y ahora, cuenta conmigo”. Esta es la normal reacción del ser humano. En cambio Dios, dice no, me basta con que hagas lo que te he pedido que hagas, no más allá, porque yo te amo. El Profeta Natán advierte a David en esa línea, de sólo responder a Dios haciendo para lo que fue llamado, para darle identidad a su pueblo, para gobernarlo y acabar con las guerras internas y conflictos, pero no para construir un templo. Esa tarea Dios se la encomendará a su hijo, a Salomón.

Por eso, nosotros tenemos que ser conscientes, lo que Dios quiere de nosotros es cumplir nuestra vocación, nuestra misión, no más allá de eso, lo que nos toca hacer, porque Dios nos ama. No espera que hagamos cosas que de repente pudiéramos decir: “me voy a ganar más a Dios con esto otro que quiero hacer”, sino sólo irle respondiendo en la medida de lo que él nos vaya suscitando.

Pidámosle al Señor Jesús que hoy, en este día tan hermoso, 24 de diciembre en que esta noche recordaremos el nacimiento de Jesús, que esa correspondencia de María al plan de Dios, sea para nosotros el mayor testimonio y ejemplo para decirle también nosotros “Señor, cuenta conmigo. Quiero cumplir tu voluntad, quiero cumplir mi vocación y misión en esta vida”.

 Que así sea.

 

 +Carlos Cardenal Aguiar Retes

Electo Arzobispo Primado de México